POEMAS MARIANOS

A LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN DE NUESTRA SEÑORA
LA ANUNCIACIÓN - ENCARNACIÓN
LA VISITACIÓN
CAMINO A BELÉN
EL NACIMIENTO DEL SEÑOR JESÚS
LA PRESENTACIÓN EN EL TEMPLO
LA HUIDA A EGIPTO
LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA
ADVOCACIONES

 

 A LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN DE NUESTRA SEÑORA
"Virgen pura, si el sol, luna y estrellas"

Si ociosa no, asistió naturaleza
Incapaz a la tuya, oh gran Señora,
Concepción limpia, donde ciega ignora
Lo que muda admiró de tu pureza.

Díganlo, oh Virgen, la mayor belleza
Del día, cuya luz tu manto dora,
La que calzas nocturna brilladora,
Los que ciñen carbunclos tu cabeza.

Pura la Iglesia ya, pura te llama
La Escuela, y todo pío afecto sabio
Cultas en tu favor da plumas bellas

¿Qué mucho, pues, si aun hoy sellado el labio,
Si la naturaleza aun hoy te aclama
Virgen pura, si el sol, luna y estrellas?


Luis de Góngora y Argote

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LA ANUNCIACIÓN - ENCARNACIÓN

Estaba María santa
Contemplando las grandezas
De la que de Dios sería
Madre santa y Virgen bella
El libro en la mano hermosa,
Que escribieron los profetas,
Cuanto dicen de la Virgen
¡Oh qué bien que lo contempla!
Madre de Dios y virgen entera,
Madre de Dios, divina doncella.

Bajó del cielo un arcángel,
Y haciéndole reverencia,
Dios te salve, le decía,
María, de gracia llena.
Admirada está la Virgen
Cuando al Sí de su respuesta
Tomó el Verbo carne humana,
Y salió el sol de la estrella.
Madre de Dios y virgen entera,
Madre de Dios, divina doncella.

Lope de Vega (1562-1635).

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Cantando el Verbo divino
Un alto tan soberano,
Como de Dios voz y mano,
A ser contrabajo vino,
Bajando hasta el punto humano;
Que aunque es de sus pies el suelo
El serafín de más vuelo
Y el más levantado trono,
Bajó por la tierra el tono
Hoy la música del cielo.

Una Virgen no tocada
Toca con destreza tanta
El arpa de David santa,
Como la tiene abrazada,
Que adonde el infierno espanta,
Dos puntos solos tocó,
El bajo y el alto juntó,
Que, como en una pregunta
Con un Sí Dios y hombre junta,
En dos puntos se cifró.

De un fiat comienza el Fa,
De su obediencia y su fe,
Vió Dios el Mi, siendo el Re
Rey, y reparó que en La
Virgen estrella Sol fue.
Pero después que nació,
Cifrada en dos puntos vió
La tierra por su consuelo,
El armonía del cielo,
Sol y La que le parió.

Lope de Vega (1562-1635).

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LA VISITACIÓN

¿Dónde por tierras extrañas,
Virgen con tanto fervor?
-Dónde me lleva el Señor
Que yo llevo en mis entrañas.
-¿Cómo es posible llevar,
Virgen, al que os lleva a vos?
-Como el que me lleva es Dios,
Que ha querido en mí encarnar.
-Pues ¿cómo por las montañas
Lleváis a tan gran Señor?
-Mas, lo lleva el grande amor
Que lo trajo a mis entrañas.
-Parece en vos cosa nueva,
Virgen, ir apresurada.

-Hácelo el ir abrasada
Del amor del que me lleva.
-Pues ¿luego a tierras extrañas
Os lleva sólo el amor?
-No, que todo es del Señor
Que yo llevo en mis entrañas.
-Ya sé que os lleva el doncel;
Mas ¿dónde vais a aportar?
-Voy con Él a visitar
A mi parienta Isabel.
-¡Oh, qué cosas tan extrañas,
Que al siervo sirva el Señor!
-Esto y mas hace el amor
Del que llevo en mis entrañas.

Juan López de Ubeda (s. XVII).

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 CAMINO A BELÉN

Caminad, Esposa,
Virgen singular;
Que los gallos cantan,
Cerca está el lugar.
Caminad, Señora,
Bien de todo bien,
Que antes de una hora
Somos en Belén;
Allá muy bien
Podréis reposar.
Que los gallos cantan;
Cerca está el lugar.
Yo, Señora, siento
Que vais fatigada,
Y paso tormento
Por veros cansada;
Presto habrá posada
Do podréis holgar
Que los gallos cantan,
Cerca está el lugar.
Señora, en Belén
Ya presto seremos;
Que allí habrá bien
Do nos alberguemos;
Parientes tenemos
Con quien descansar.
Que los gallos cantan,
Cerca está el lugar.
¡Ay, Señora mía,
Si parida os viese,
De albricias daría
Cuanto yo tuviese;
Este asno que fuese,
Holgaría dar.
Que los gallos cantan
Cerca está el lugar.

Francisco de Ocaña (s. XVII).

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EL NACIMIENTO DEL SEÑOR JESÚS

De una Virgen hermosa
Celos tiene el sol,
Porque vio en sus brazos
Otro Sol mayor.
Cuando del oriente
Salió el sol dorado,
Y otro Sol helado
Miró tan ardiente,
Quitó de la frente
la corona bella,
Y a los pies de la Estrella
Su lumbre adoró,
Porque vio en sus brazos
Otro Sol mayor.

«Hermosa María,
Dice el sol, vencido,
De vos, ha nacido
El Sol que podía
Dar al mundo el día
Que ha deseado».
Esto dijo, humillado,
A María el sol,
Porque vio en sus brazos
Otro Sol mayor.

Lope de Vega (1562-1635).

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Pues andáis en las palmas,
Ángeles santos,
Que se duerme mi Niño,
Tened los ramos,
Palmas de Belén
Que mueven, airados,
Los furiosos vientos
Que suenan tanto,
No le hagáis ruido,
Corred más paso;
Que se duerme mi Niño,
Tened los ramos,
El Niño divino,
Que está cansado
De llorar en la tierra
Por su descanso,
Sosegar quiere un poco
Del tierno llanto;
Que se duerme mi Niño,
Tened los ramos,
Rigurosos hielos
Le están cercando;
Ya veis que no tengo
Con qué guardarlo;
Ángeles divinos,
Que vais volando,
Que se duerme mi Niño,
Tened los ramos.

Lope de Vega (1562-1635).

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Nacer el sol de una estrella
Sólo se vio en este día,
Que nace Dios de María,
Quedando Madre y doncella.

En la Virgen con tal arte
Usó Dios de su primor,
Que lo más en lo menor,
Y el todo encerró en la parte;

Y grandeza como aquella
Hoy muestra lo que encubría,
Y nace Dios de María,
Quedando Madre y doncella.

Que el Sol de justicia salga
donde le podamos ver,
Y que sola una mujer
A tan gran efecto valga;

Extrañeza como ella
Hoy sólo ver se podía,
Que nace Dios de María,
Quedando Madre y doncella.

Sólo desta Virgen pura
Ésto se puede esperar,
Que por humilde alcanzar
Mereció tan gran ventura.

Llegad con su Hijo a vella,
Y allí veréis, alma mía,
Que nace Dios de María,
Quedando Madre y doncella,

Fray Pedro de Pradilla.

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La noche estaba del silencio en medio,
Y las cosas suspensas, aguardando
De la dichosa hora el punto, cuando
Reciba el mundo sin igual remedio.

Puso entre el hombre y Dios la Virgen medio
Su consentir humilde al Ángel dando,
Y el resplandor del Padre, así encarnando,
Ya vecino al nacer confirma el medio.

María, de extremado gozo llena
Y en vehemente ardor toda encendida,
Pide que salga el sol que la enamora.

Vistióse de blancura y luz serena,
Y sobre humanas fuerzas conmovida,
Virgen y Madre se mostró a la hora.

Luis de Ribera.

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Las palmas de la fértil Idumea
Más que cedros del Líbano han crecido:
Ejércitos del cielo han parecido
En valle, en monte, en risco y en aldea.

La noche más que el día hermosea,
Y en el aire estas voces se han oído:
–«Id, pastores, al Niño que ha nacido;
Ved al que cielo y tierra señorea».

A prisa vienen, y a Belén llegados
Es el portal de ángeles un coro
De música, de gloria y armonía.

Adoran por el suelo derribados
Al sacrosanto y virginal tesoro,
Al poderoso Infante y a María.


Diego Ramírez Pagan.

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LA PRESENTACIÓN EN EL TEMPLO

Hermosa doncella,
Delicia de Dios,
¿A dónde caminas
Con paso veloz?

¿A qué vas al templo
Del Rey Salomón,
Y tórtolas llevas
De pardo color?

Decid a esta Virgen
Con santo fervor,
Al aire soltando
La plácida voz:

Bendito el instante
Que Dios te crió:
Bendita la hora
Que el mundo te vio.

¿Por qué va cubriendo
Tu frente el rubor,
Si más pura eres
Y hermosa que el sol?

A Ti de la mancha
De Adán pecador,
A Ti sólo quiso
Librar el Señor.

Placer inefable
Al punto que vio
Tu rostro gracioso
El cielo gozó.

La saña divina
Y antiguo rigor
En paz y clemencia,
Por Ti se trocó.

Y el Dueño del orbe
Prendado de amor,
Albergue en tu seno
Dulcísimo halló,

Y al mundo le diste
Sin ay, ni dolor,
Cual brota de mayo
La cándida flor,

Y llevas al pecho
¡Divino favor!
Colgada la prenda
Que vida nos dio.

Pues no, no te obliga
La ley de rigor,
Que Tú eres la Madre
Del sumo Hacedor.

Mas ya lo comprendo,
Que vas al Señor
A dar de virtudes
Riquísimo don.

Bendita obediencia
Y humilde oración,
Y en uno enlazados
Pureza y amor.

Permite, Señora,
Que yo vaya en pos,
Siguiendo tus pasos
Al templo de Dios.

Vosotras las hijas
Que sois de Sión,
Salid al camino,
Corred con ardor.

Del calendario Mariano de 1862.

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Del sagrado nacimiento
Siendo el cuarenteno día,
Por el templo del Señor
Que en Jerusalén había.

Entra la preciosaVirgen,
Serenísima María;
Limpia más que las estrellas,
Cual el sol resplandecía.

En sus brazos virginales
Su dulce hijo traía;
Hijo es del Padre Eterno,
Dios y hombre allí venía.

En forma viene de siervo,
Aunque los cielos regía,
Para remediar al hombre
Del daño que padecía;

Y aunque a grande costa suya,
Abrirle celestial vía.
Para cumplir con la ley
Su Madre a Dios le ofrecía,

Y por Él da en sacrificio
Dos aves que allí traía.
Al templo fue Simeón,
Un justo que a Dios temía,

En el cual moraba Dios,
De quien respuesta tenía
Que al Verbo Eterno encarnado
Con sus ojos le vería.

El cual postrado por tierra,
Recibió al Sacro Mesía
De los brazos de la Virgen
Que en sus manos lo ofrecía.

Tomado pues en sus brazos,
Todo lleno de alegría,
Cantó aquel divino canto
Que la Iglesia refería,

Y así se cumplió lo escrito
En forma de profecía:
«El viejo llevaba al mozo,
Y el mozo al viejo regía».

Diego Cortés.

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El justo Simeón al Verbo humano
Abraza y a la muerte apetecida
Grato se ofrece, al tiempo que la vida
Tiene y el mismo espíritu en su mano.

Y cual canoro cisne, el sabio anciano
Ya su esperanza y gran edad cumplida
Alegre de su fin, la agradecida
Voz funeral así levanta ufano:

–«La muerte agora ¡oh claro sol, que abierta
Senda nos muestras a la vida ausente!
Llegue, y en paz el cuerpo desanime;

No precie ya quien ve tu luz presente,
Ver otra luz, ni el que la firme y cierta
Salud alcanza, la mortal, estime».

Juan de Jáuregui.

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LA HUIDA A EGIPTO

¿Dónde vais, Zagala,
Sola en el monte?
Mas quien lleva el sol
no teme la noche.

¿Dónde vais, María,
Divina Esposa,
Madre gloriosa
De quien os cría?
¿Qué hareis si el día
Se va al ocaso,
Y en el monte acaso
La noche os coge?
Mas quien lleva el sol
no teme la noche.

El ver las estrellas
Me cause enojos,
Pero vuestros ojos
Más lucen que ellas;
Ya sale con ellas
La noche oscura,
A vuestra hermosura
La luz se esconde;
Mas quien lleva el sol
no teme la noche.

Lope de Vega (1562-1635).

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Caminad a Egipto
Con el Niño, Madre,
Que ha mandado Herodes
Buscarle y matarle;
Pero, ya que es hombre,
Dad lugar que pase,
Para nuestra vida,
De su muerte el cáliz,
Pues que ya nos deja
Su cuerpo y su sangre
En el pan y en vino
Que a todos reparte;
Ya en la cruz le enclavan,
Y a su Eterno Padre
Su Espíritu envía,
Y el cielo nos abre.
Que de noche le mataron
Al caballero,
a la gala de María,
la flor del cielo.
Como el sol que arde
Tanto se encubría,
Noche parecía,
Aunque era la tarde.
La muerte cobarde
Mató, aunque muerto,
Al caballero,
a la gala de María,
la flor del cielo.

Lope de Vega (1562-1635).

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LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA

 Virgen pura, hoy quiere Dios
Que subáis del suelo al Cielo,
Pues cuando quisisteis vos,
Él bajó del Cielo al suelo.

Si en la tierra daros quiso
Dios del bien que allá tenía,
¿Qué os dará en el paraíso,
Donde todo es alegría?
El amor vuestro y de Dios
Hoy se encuentran en el vuelo,
Pues por Él a Dios váis vos,
Y Él a vos vino del Cielo.

El Padre os da la corona,
El Hijo su diestra mano,
Y la Tercera Persona
Os da su amor soberano.
AIcanzáis, Virgen, de Dios
Premios, honras y consuelo,
Y por Él sois Cielo vos,
Y Él por vos hombre en el suelo.

Juan López de Ubeda

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 ADVOCACIONES
A la Virgen del Cobre

¡Mi Virgencita adorada
Que te llevo sobre el pecho
Desde que al mundo llegué,
Y que al lado de mi lecho
Sin cesar te contemplé!

Mi Virgencita del Cobre,
Que fuiste siempre mi amiga;
Cuando rica, cuando pobre;
Que velaste mis amores
Y aliviaste mis dolores
A tí mi alma estremecida,
En el curso de la vida
Por siempre fiel te adoraba,
Y hoy te imploro conmovida
Que no te apartes de mí
Cuando ya mi frente helada
Reclame el beso postrero,
Y estén siempre junto a tí
Los hijos que tanto quiero
Y también te aman a tí.


Cayetana Agostini de Godoy

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Las poesías han sido digitadas por miembros del Movimiento de Vida Cristiana © 1999. Pueden ser libremente reproducidas siempre que no sea con fines comerciales.