La Fiesta de las Hermanas Apostólicas

en el pueblo de Hospital

 

. . . . El Oratorio se ha sentido hondamente motivado por este elenco de hermanas que en un número de diez llenaban las primeras sillas de la Iglesia parroquial el día 3 de marzo.

. . . . Tres candidatas a hermanas empezaban solemnemente su vida consagrada, dos santiaguinas de Maipú y una brasileña de Santa María. Al mismo tiempo tenían su toma de hábito cuatro hermanas superinternacionales: una mexicana, una argentina, una chilena de Mariquina y otra chilena de Puerto Montt. Muchos nos sentíamos entusiasmados con este poder de convocatoria que sigue teniendo Jesús, aunque los tentáculos de Satanás, viscoso, embrujador, pulpo gigante, no deja de hacer todo lo posible para impedirlo.

. . . . Aunque el sol de la tarde pegó firme en la Iglesia parroquial de Hospital, recalentando como un horno el lugar, de todos modos, aunque la ceremonia era muy larga y no se podía recortar nada sin provocar la queja de las hermanas, de todos modos, podemos decir que fue una ceremonia maravillosa, muy linda y productiva en la línea del testimonio.

. . . . De hecho, muchas niñas que estaban vacilantes, al ver el testimonio de entrega de las hermanas, se robustecieron en el ideal de entrega, según la propia vocación. Una, por ejemplo, Jacinta Maluenda, ya recibida de arquitecto, recién a fines del año pasado, ha tomado la resolución de ir a Brasil este año 2004 como misionera.

. . . . Sin embargo no todo tenía que ser pétalos de rosas o miel sobre hojuelas. Primero fue un accidente menor: el auto que manejaba una de las futuras novicias se encontró en un momento álgido, cuando el vehículo que iba adelante, sin aviso previo se detuvo bruscamente y la hermana se encontró de pronto con un gran obstáculo adelante: dicho auto.

. . . . Tuvo que frenar también bruscamente, como de urgencia y el auto giró como un trompo sin que se llegara a volcar. Nada les pasó fuera de quedar un poco asustadas por la cercanía de un accidente con consecuencias impredecibles.

. . . . Después vino el accidente grande: la Madre María Irma iba manejando y de pronto se cayó delante de sus ojos, esa especie de tablilla para protegerse del sol, con lo que no pudo ver nada adelante, impidiéndosele la visión necesaria. Al tratar de resolver el problema y al mismo tiempo con todos los nervios de los atrasos por conseguir que llegaran las hermanas a tiempo a la celebración, perdió el control del vehículo, que se chocó medio a medio con un árbol a la vera del camino.

. . . . Podía haber tenido consecuencias graves, aunque iban a 50 Kms por hora. Como quedó el vehículo era para que hubiera consecuencias personales de cierta gravedad, como quebraduras, etc., pero más que el susto y pequeños hematomas no hubo nada más, gracias a Dios.

. . . . La liturgia se llevó a efecto con un pequeño atraso comprensible, porque algunas hermanas que tenían que participar en la toma de hábito, iban en ese vehículo.

. . . . Después de la celebración litúrgica vino un rico ágape preparado por la parroquia de Hospital. Quien dirigía esta parte fue la Sra. Charito. Muy meritorio de su parte, pues estaba todavía convaleciente de una larga enfermedad, que en muchos momentos dio la impresión, que le iban a impedir absolutamente hacerse cargo de esta celebración. Pero no fue así, es verdad que la ayudaron la misma gente de la parroquia, como la Sra. Victoria, la Sra. Anita, la Sra. Doris, la Sra. Rosa y el grupo de jóvenes. Estos lucían una autoritaria insignia "Comisión", que imponía respeto y autoridad especial. Fue una excelente celebración, pese a los accidentes y dificultades para realizar algo tan complejo.