De nuevo las cajitas de cuaresma

. . . . Ya sabemos que la prueba de aptitud celestial pasa por el interrogatorio muy concreto: "tuve hambre ¿me diste de comer?, tuve sed, ¿me diste de beber?. ¿Cuándo te vimos con hambre y con sed?, preguntaremos y el Señor nos dirá, "cada vez que lo hiciste con estos pequeños, los pobres, los que no pueden devolver, a mí me lo hiciste".

. . . . La cuaresma nos pone en la órbita que ayuda a salvarse: la oración, las obras de misericordia y los ayunos.

. . . . En el caso de las cajitas de cuaresma, se trata de mantener simbólicamente en la Iglesia la solidaridad que marca las cajitas con la voluntad de entregar parte de nuestro dinero, tal como lo dijo Jesús, sin que tu mano izquierda sepa lo que hizo la derecha.

. . . . Solo Dios que ve lo escondido sabe lo que nos costó dar ese dinero que generosamente pusimos día a día y semana a semana durante el tiempo de cuaresma.

. . . . San Lucas en el capítulo 6 nos enseña que con la medida que midamos seremos medidos, se nos depositará en el rebozo del vestido una medida abundante, remecida, y desbordante. Pero si somos mezquinos y tacaños con las cajitas que conllevan todo un apoyo litúrgico y pastoral de la Iglesia, ahí tampoco colaboramos sino que en forma muy superficial.

. . . . Cuando pedimos un proyecto a Adveniat para construir la capilla de Juan Pablo II, Colonia Kennedy, nos dijeron que no podían ayudarnos porque la gente que antes ayudaba había disminuido enormemente, por eso nos pedían que rezáramos por sus colaboradores para que pudieran ayudar más para favorecer estos proyectos.

. . . . Nosotros tenemos que ponernos mucho más en serio para que nuestra Iglesia crezca con la ayuda de las cajitas. Llegará el tiempo en que nosotros los latinoamericanos podremos sustentar muchas obras de la Iglesia con nuestro aporte sustancial y entonces ocurrirá que no se sabe como ni de donde nuestros países van a mejorar sustancialmente en su nivel social y económico. ¡Hay que ser generosos!