Superar nuestra flojera veraniega

con nuevos impulsos

. . . . Ya quedó atrás el placentero verano con sus largas horas de solaz y descanso, que nos hace bien en el descanso anual. Los niños han gozado y dormido hasta el punto de quedar cansados de tanto descansar. Llega la situación en que los niños quieren volver a clases para encontrarse con sus compañeros y llegan hasta a echar de menos el dulce yugo de la vida escolar.

. . . . La naturaleza entra de nuevo en estado de lucha y esfuerzo: las hormigas se han esforzado todo el verano para dejar bien surtidos sus hormigueros y ahora los fríos de los últimos días de marzo les empieza a espantar.

. . . . A nosotros nos corresponde desperezarnos de nuestro largo descanso y comenzar una nueva vida de trabajo y compromiso práctico de solidaridad y ayuda creativa, que no es otra cosa que entrar en un mayor ejercicio del amor, que por lo demás nos hace estar vivos. Al final de cuentas, todos los placeres cansan y dejan vacíos. Nosotros estamos, por nuestra fe en nuestra Madre Santísima, que actúa en el Oratorio, necesitados de un campo y esfera de la vitalidad espiritual que viene de la fe, esperanza y caridad en ejercicio práctico. El amor no cansa, el amor llena, el amor al mismo tiempo nos urge a dar lo máximo que podamos por las personas que Dios ha puesto a nuestro lado.