La fiesta de los Hermanos el 15 de marzo

. . . . Temprano el lunes 15, nos juntamos en el Oratorio Central para hacer nuestros compromisos privados en la preparación de las admisiones canónicas. Fue muy completo este acto con su contenido y eficacia espiritual específica. A medio día hubo un almuerzo de la comunidad en la calle Carrera, la casa de los jóvenes.

. . . . Una mesa con más de veinte hermanos y padres hacia pensar en el salmo "como brotes de olivo en torno a tu mesa Señor", así son los hijos de tu Oratorio en su núcleo y corazón paternal. Fue un almuerzo chispeante, juvenil y lleno de chistes, anécdotas y expresiones fraternales de hermanos de comunidad, que después de tiempo no se han encontrado.

. . Después vino, en la tarde, la ceremonia externa, la concelebramos los sacerdotes de la comunidad, salvo el Padre Raimundo, quien se encontraba en Brasil; no había podido viajar a Chile porque la casa ahora no puede quedar sola.

. . . . La Santa Misa fue en el colegio Sagrados Corazones de Alameda, que tiene mucha significación porque ahí prácticamente nació el primer retoño de esta comunidad, los dos primeros padres. P. Martín y P. José Miguel, también el P. Daniel. Ellos eran discípulos míos en el colegio de los Sagrados Corazones y ahí conocieron el movimiento y también su vocación sacerdotal.

. . . . Tres hermanos nuevos estaban ingresando a la comunidad: el Hno. Esteban, el Hno. Francisco y el Hno. Germán. Y renovaban sus promesas y pertenencia a la comunidad, renovando su admisión: Hno Héctor por tres años, Hno Andrés y Hno Jorge Hernán por un año y por primera vez hacían su admisión el Hno. Gabriel y el Hno. Antonio.

. . . . La ceremonia fue larga pero muy emotiva y fuerte en su expresividad, sobre todo la letanía de los santos. La juventud de los colegios Miguel Rafael Prado y del Bezanilla acompañaban en un numero impresionante a estos tres jóvenes que empezaban su formación de entrega total. Había fuerza, compromiso y juventud.

. . . . Después vino un ágape con abundantes fotos y mucha alegría familiar, que es uno de los dones que la Madre nos da en el Oratorio.