Editorial de mayo de 2004

 

. . . . En este mes de mayo, la familia del Oratorio crece intensamente, recordando lo antiguo e iniciando cosas nuevas. Recuerda los diez años de la 7ª piedra fundacional y de la primera salida misionera de corte internacional.

. . . . Al recordar, descubrimos que no somos solamente presente sino también hay historia, hay coherencia: el Señor y su Santísima Madre han querido que diéramos fruto en las cosas que hicimos por impulso de la Santísima Virgen , hace ya diez años atrás.

. . . . ¿Qué sucedió en esa época, que hoy nos motiva tanto a celebrar?

. . . . En el Oratorio había, como también pasaba con los apóstoles en la época de Jesús, algunos conflictos persistentes en algunos miembros de la familia que estaban en oposición y disgustados en un grado cada vez más peligroso. Les costaba mucho tolerarse.

. . . . Al mismo tiempo en una conversación de corte juvenil, diciendo bromas y casi jugando entre dos jóvenes de la rama y yo, Alex Chavarría y Héctor Aniñir. Estábamos en la cocina de la casa de calle Toesca. La conversación de tipo bromas y soñar despierto, derivó hacia un tema afín con el tema vocacional: el tema de hacer algo grande, que nunca se hubiera hecho en el Oratorio hasta ese momento. En la línea del envío de la 4ª piedra fundacional se manifestó nuestra conversación. Se trataba de soñar y preparar, como si fuera a hacerse realidad, una salida misionera al extranjero. Habría que dar uno o dos años de su vida, para ir a misionar y abrir un nuevo campo, aún no pensado.

. . . . La oferta generosa, ahí mismo, por parte de Alex, ofreciendo un año de su vida, y de Héctor, ofreciendo dos, nos puso "manos a la obra". Yo tuve que respaldar esta voz de Dios en esos jóvenes. Era el único que podía tener una relativa libertad como para ir al extranjero a misionar. Hicimos varias reuniones donde se fue delineando nuestro propósito en un pequeño código de metas y reglas, con que abordábamos la misión incipiente dentro de nuestros corazones.

. . . . Las cosas fueron cristalizando más y más; con el apoyo de Msr. Bernardo Cazzaro, arzobispo de Pto. Montt, viajé a Córdoba, llevando una recomendación de Msr. Cazzaro. Le había mandado previamente un fax y yo le llevaba el original por mano. Me recibió con cariño y amistad, pero todavía no dio luz verde. El P. Jerónimo Rodríguez, de los dominicos, ex provincial, consiguió también apoyarme delante del arzobispo, y a principios de mayo, recibimos el fax de Córdoba, que me daba permiso para que en mi calidad de Presidente de la asociación clerical, pudiera iniciar la misión y daba permiso para erigir una casa de la asociación, con derecho a la reserva del Santísimo Sacramento.

. . . . El 18 de mayo fue fijado como día de la partida de los misioneros. También se habían incorporado una hermana apostólica y una joven, poniendo la parte femenina, desde un principio.

. . . . En la Sta. Misa de ese día, me vi inundado por la presencia de algo luminoso, sagrado, rutilante, me recuerdo ahora de esa brisa queda que sintió el profeta Elías a la entrada de la caverna en el monte Horeb. Hubo en ese momento algunas manifestaciones bío-físicas en mí. Yo supe en ese mismo instante que estaba ante una nueva piedra fundacional. Y se dio un contenido muy especial: la familia en la medida que esté unida, será vertiente de gracia en el Oratorio, será una familia misionera.

. . . . En el presente, nuestra familia ha tomado una expresividad, que resulta ser algo nuevo. La rama de señoras, que asesora el Hno. Héctor Aniñir, ha salido a misionar. Un grupito de señoras llenó con su alegría, jovialidad y entusiasmo, el pueblo de Lastarria, que por medio de ellas, recibió la Virgen Peregrina, como un manantial de gracias y sanación, que Ella siempre consigue con su Hijo.

. . . . El futuro se nos señala, como un faro en el horizonte: remar mar adentro en la evangelización misionera. Faltan remeros libres que puedan abrirse paso valientemente por las jungla de las misiones, en lugares peligrosos como Colombia, Mozambique, China...

 

. . . . Ojalá que no le fallemos a nuestra Madre y Reina porque Ella ciertamente no nos fallará. No nos olvidemos que en el Oratorio pende una profecía: Ego mitto te, ite et incendite mundum, Yo te envío, vayan e incendien el mundo.