Oda a la Vida

Al repasar el fallo de la Tercera Sala de la Corte Suprema sobre la "píldora del día después", del 30 de agosto de 2001, no puedo sino sentir orgullo de mi país y de nuestra justicia.

El espíritu y la letra de dicho fallo interpreta la grandeza de nuestro pueblo y revela la misión trascendente de la justicia humana.

Mi orgullo surge del amparo que la justicia chilena otorga a la fragilidad e indefensión de la vida en gestación; brota al constatar que nuestra legislación respeta con nobleza el derecho de los desvalidos y de los inocentes.

La frialdad habitual de la justicia se torna cálida, cercana y protectora cuando acoge con celo maternal la tarea de "actuar a nombre de los concebidos, no nacidos, cuyo desarrollo y posterior nacimiento estaría amenazado" (1º).

 

 

Como no sentirse orgulloso de una justicia que se dispone "para amparar y resguardar el ejercicio de aquellos derechos que se estiman más preciados por la persona humana sin distingo de ninguna naturaleza" (2º).

Nuestros niños de mañana pueden sentirse queridos en nuestra nación, porque la ley les asegura el "pleno derecho a la vida y el respeto a la dignidad humana desde el momento mismo de la concepción" (5º). Pueden estar tranquilos en el vientre materno, porque nuestro Código Civil "obliga al juez a tomar por propia iniciativa o a petición de cualquiera persona, «todas las providencias que parezcan convenientes para proteger la existencia del no nacido»" (5º).

Ninguna amenaza, ni siquiera la llamada "píldora del día después", podrá poner en riesgo sus frágiles vidas dentro de nuestro territorio, porque nuestros jueces han asumido que "el huevo fecundado que es el embrión, es una célula viva, en la forma original y primera del ser humano, con un material genético único y distinto de sus progenitores destinado, desde ese momento, a dar origen a un ser humano" (12).

 

 

Podemos estar orgulloso todos de nuestra justicia, porque en Chile "el derecho a la vida es la esencia de los derechos humanos" (15º); en virtud de lo cual "se hace evidente que el que está por nacer -cualquiera que sea la etapa de su desarrollo pre natal- tiene derecho a la vida, es decir, tiene derecho a nacer y a constituirse en persona con todos los atributos que el ordenamiento jurídico le reconoce, sin que a su respecto opere ninguna discriminación" (17º).