Explicación de la 9ª piedra fundacional

Mis queridos hermanos y hermanas:

 

1. Una nueva piedra fundacional:

. . . . El Oratorio se está encontrando en estos días ante una nueva Piedra Fundacional (7/6/2004). En el fondo, toda piedra fundacional es un acto de obediencia a Dios, que implica un actuar por conciencia, porque la conciencia le dice a uno, aquí Dios ha querido poner una estructura vital nueva en el Oratorio. Se nota en los signos del actuar del Señor en la vida de un fundador, que descubre el paso enormemente claro y que obliga a la conciencia a no dar vueltas más sobre el asunto y hacer lo que hay que hacer aunque uno no puede ver con total claridad lo que va a suceder más adelante.

. . . . ¿Por qué una estructura vital nueva, una nueva piedra fundacional? Porque el acontecimiento con su ideario correspondiente comporta nuevos modelos, nuevas formas de vida espiritual, nuevas gracias y nuevas expresiones que antes no estaban tan desarrolladas, o simplemente no estaban pero que Dios quería en su misericordia infinita, que su Oratorio Mariano fuera implementado de esa forma.

a) Nuevos modelos: descubrimos que detrás de toda piedra fundacional aparecen nuevos modelos. Son nuevos modelos porque nosotros no teníamos hasta este momento tan clara la idea de que la autenticidad pudiera congeniarse con la esclavitud, entonces ahora hay un nuevo modelo. Descubrimos que nuestra autenticidad, cuando nos hacemos esclavos de María, es cuando llega a su punto culminante. Es verdad que eso hay que desglosarlo más adelante para que quede en claro por qué es así, por qué la esclavitud mariana puede provocar un tipo de hombre, un tipo de mujer auténtico.

. . . . Con una visión más profunda de la fe fuimos descubriendo que precisamente esa esclavitud mariana nos llevaba al máximo del ejercicio de nuestra plena libertad. descubrimos que no había ni un acto de libertad más grande que hacerse auténticamente, libremente, esclavo de María. Era el acto más auténtico que se pueda dar en una espiritualidad mariana hacerse esclavo o esclava del Señor. Queda claramente insinuada esta verdad porque Ella misma es esclava del Señor y es la mujer más auténtica que existe y la forma de vida de Ella en su devoción y espiritualidad es precisamente la esclavitud que se atribuye a sí misma respecto del Señor.

b) Nuevas formas de vida espiritual.

. . . . La esclavitud mariana trae en consecuencia mucha mayor lucha contra el pecado, contra la mediocridad, contra la tibieza, por una parte y una "entrega de la llave sin elástico", como tantas veces hemos precavido del peligro de quedarnos en palabras de querer hacer la voluntad de Dios y lo hemos expresado con "la entrega de la llave con elástico". Esto significa en la práctica que en el fondo que uno no entrega ninguna llave; uno, aparentemente entrega la llave, pero realmente no lo hace, porque sigue mandando sobre su vida, sigue siendo señor de sus propios anhelos, y esclavitudes personales que uno tiene: sus vicios, sus orgullos, sus complejos y no realmente una verdadera entrega de la llave. La nueva piedra fundacional entonces purifica la entrega de la llave, la intensifica, se preocupa de darle un entorno espiritual más profundo.

c) Nueva gracia.

. . . . Nueva gracia porque la Madre va a llevar al Cielo a los que sean esclavos de María, a los que vivan coherentemente su esclavitud mariana. Donde esté la Señora tendrá que estar su esclavo. La Señora está en el cielo, por lo tanto su esclavo estará asimismo en la gloria sin fin. Esta gracia nos pone en un parámetro de vida heroica: entonces es una gracia ascética y mística que nos lleva a asegurar un estilo de vida que Ella nos exige como Señora y Dueña. Debemos asegurarle que vivimos de tal manera que nos pueda llevar al cierto junto a su Hijo muy amado, el predilecto.

. . . . Esta piedra fundacional novena nos pone en un parámetro de santidad, de alegría, de felicidad mucho mayor del que teníamos antes, porque ¿dónde está el esclavo?, el esclavo está siempre donde está su señor, su señora; el esclavo no se manda solo, no va a ninguna parte sino a donde el señor, la señora lo lleva; no tiene nada propio, la gracia de la santificación, se aumenta, se intensifica, principalmente aumentando los pedidos fundamentales que la Madre nos va a pedir será ciertamente: "Hagan todo lo que Él les diga", ésta es siempre la ordenanza fundamental.

. . . . Y Jesús nos va a decir: llenen los tiestos hasta el borde, ¿llenarlos de qué? de fe, esperanza y caridad, llenarlos de sabiduría, ciencia, consejo, entendimiento, fortaleza, temor de Dios, piedad ¿llenarlos de qué? De prudencia, justicia, fortaleza y templanza; eso nos va a pedir el Señor, sobre todo la caridad que es la más importante de todas, llenarnos de caridad hacia Dios y hacia el prójimo, porque el amor saca amor, decía Santa Teresa.

. . . . El amor de Dios nos va a llenar de esta esclavitud, porque Él lo que nos va a pedir, nos va a exigir como dueño de nuestra dueña, que nosotros llevemos un género de vida completamente espiritual, entonces es una nueva gracia, las mismas cosas de antes que se retoman pero con mucho mayor intensidad, por el hecho de la esclavitud que nos quita el derecho propio a autogobernar nuestra vida.

d) Nuevas expresiones.

. . . . Esta esclavitud mariana nos hace más alegre la entrega; nos hace no tan quejumbrosos, no tanto estar reprimiendo, es que uno dice: pero si soy esclavo, no tengo pito que tocar en este asunto, quien me manda me manda de arriba, entonces, eso lleva a un género de vida más alegre, más caritativo, también, paciente, mucho más paciente, el esclavo tiene que acostumbrarse a la paciencia, a la generosidad, a darlo todo. Con esa dueña, no queda otra cosa que ser benigno, porque Dios es benigno, porque la Señora es benigna y se irrita y se enoja cuando nosotros somos malignos, cuando vemos las cosas malas de la vida y se resiente ella de que seamos así, la bondad también porque el Señor es bondadoso y quiere que su esclavo sea bondadoso, fidelidad, porque Dios es fiel y quiere también que su esclavo sea fiel, que tenga la mansedumbre que Dios tiene, que tenga la misericordia y no sea un mal siervo, un esclavo que no cumple con lo que se le ha mandado, y por lo mismo también ser muy dueño de si mismo, porque el esclavo no puede hacer de su vida un zafarrancho, un desorden, una orgía, porque el día que lo pille el amo, que puede llegar en cualquier momento, haciendo eso, será tildado de mal siervo, es un esclavo que no es esclavo.

. . . . Entonces podemos colegir por eso, que nos encontramos con una estructura vital nueva, con una nueva Piedra Fundacional. Por eso podemos decir que realmente la esclavitud mariana en el caso de nuestra familia contiene esta piedra fundacional nº nueve. Es verdaderamente una piedra fundacional porque contiene una estructura nueva de modelos, nuevas formas de vida espiritual, nuevas gracias y nuevas expresiones que antes no se daban.

2. Historia de esta piedra fundacional.

. . . .¿Cómo llegó el Padre Fundador a esta novena piedra fundacional?

  1. Historia remota.

. . . . La expressión esclavitud mariana tiene que haber sonado en mis oídos ya en la época de Schönstatt, pero yo no me recuerdo de ella, solamente me acuerdo más de la palabra de siervo, que estaba en una frase alrededor de la Mater ter admirabilis del Santuario de Schönstatt, esa frase decía: Servus Mariae Nunquam Peribit; que traducida al castellano dice: el siervo de María nunca perecerá.

. . . . Pero la palabra sierva no me hablaba de esclavitud, entonces por eso es que estaba muy en pañales todavía, muy poco desarrollada y de hecho yo nunca tomé la idea de la esclavitud mariana en esos años de Schönstatt, fue mucho después, posiblemente también con el tratado de la verdadera devoción en alguna parte puede que haya leído la esclavitud mariana y de hecho la haya introducido en algunas veces que aparece la palabra esclavitud mariana, pero muy poco, muy poco desarrollada.

. . . . En la historia remota todavía, hay un primer momento en que yo rechazo la esclavitud mariana y eso ocurrió cuando Bernardo Bayinski, el hijo de la Sra. Helga era un niño de doce años; yo era el párroco de San Saturnino, entonces llegó Bernardo, impulsado por su mamá, la Sra. Helga, que le había dicho a su hijo que hiciera la esclavitud mariana. Muy posiblemente impulsado por las religiosas del Claustro de la Visitación.

. . . . Bernardo apareció con una cadenita, como esas cadenas que se ponen al cuello los niños y las niñas para llevar una medallita colgando. Es una cadena muy finita. El quería que yo se la pusiera en la mano, como una bendición, para indicar que era el esclavo de María. Yo me opuse, porque me parecía que el carisma de autenticidad al que yo quería llevar a estos chiquillos, se iba a debilitar y poner confuso. Se me iba a producir una piedad mariana anticuada, una piedad mariana, que no era la piedad mariana misma del Oratorio. Entonces tuve una oposición en ese momento, muy cuidadosa, por supuesto, yo no quería ofender a la señora Helga, ni quería ofenderlo a él, pero me sucedió en el fondo como que lo desestimé, como que lo tiré al corner, ¿no es cierto? , no le di una respuesta no, no, pero tampoco le di una respuesta sí, pero dentro de mi había una respuesta no.

b) Historia próxima.

. . . . La historia próxima comienza tal vez el año pasado, por el año 2003, más o menos, y ahí en ese año recibí una grabación hecha por un Padre de la Comunidad del Oratorio, el P. José Miguel Curutchet. A mí, personalmente, la realización técnica del cassette no me agradó tanto, sin encontrarla mala por supuesto, sobre gustos no hay nada escrito, simplemente no me agradaba en su parte técnica. Era buena de todas maneras, pero cuando uno se pone más exigente, me parecía que no estaba tan bien lograda la música, la forma de la lectura, así que tuve como un rechazo mío a escuchar ese cassette.

. . . . Sin embargo algo me decía "escúchalo de nuevo, escúchalo de nuevo, escúchalo de nuevo". Entonces, bueno, lo escuchaba de nuevo una y otra vez. Entonces ya me acostumbré a escucharlo de vez en cuando. Era la historia de San Luis María Grignon de Montfort. Y fue entonces quedando dentro de mí una idea básica de fondo, que San Luis María Grignon de Montfort había practicado: la esclavitud mariana.

. . . . Es cierto que San Luis María la recibió de otro autor; la había recibido él de otro, de algún santo, no me acuerdo en este momento quien. No me acuerdo bien quien, o no quedaba bien claro en el cassette quién era; el hecho está que no se me grabó tanto eso.

. . . . Pero sí se me grabó que la esclavitud mariana era un logro de la Iglesia, que la mariología había llegado a una plenitud en la esclavitud mariana, se me fue afirmando ese pensamiento cada vez más, con más fuerza y diciendo en el Oratorio no hay esclavitud mariana, esto es una cosa que nos está faltando. ¿No será que así como nos fallaba en el Oratorio la corriente de coronación, que no coronábamos a la Madre, que no teníamos a la Madre como Reina y nos faltaba algo, no sería que también estaba faltando la corriente de esclavitud mariana dentro del Oratorio?

. . . . Pero yo lo obviaba y lo dejaba estar, porque decía: "con ocho piedras fundacionales estamos listos, no puede haber más, ocho ya es un número importante, un número redondo, más que ocho piedra fundacionales no puede haber". Creo que aquí se acabó, yo ya estoy más viejo, no corresponde que esté poniendo más piedras fundacionales, y estaba siempre con ese pensamiento, bueno, sucede entonces que ese pensamiento de la esclavitud mariana me volvía intensamente; se iba haciendo una necesidad psíquica, le falta al Oratorio la esclavitud mariana, falta un avance, es un don de la Iglesia que el Espíritu Santo le ha comunicado a la Iglesia y que yo no lo he aplicado al Oratorio.

. . . . Me voy a ir ¿quizás cuando? y de repente me voy a encontrar con que al Oratorio le faltaron partes, porque no me daba cuenta. Y el motivo casi inconfesable es que tenía resistencias personales a ciertas cosas y no dejaba que esto creciera. No puede ser decía yo, tengo que ser obediente al querer de Dios, completamente obediente. Bueno, en esa base entonces, estaba puesta ya la situación próxima de una piedra fundacional.

c) Pre-inmediato.

. . . . Lo inmediato fue que, hará algún tiempo atrás, un mes, dos meses atrás, tipo mayo por ejemplo, o abril, he comenzado a tomar en mi predicación y en general en temas dentro de mis mismas charlas a hermanos y hermanas, aparecía como recurrente hablar muchas veces de la esclavitud, de la esclavitud mariana.

. . . . Y buceaba en los elementos de esclavitud que encontraba en las reflexiones de las cuatro semanas, que lo hay también, y decía, pero esto debería ser más profundo, ubicar un lugar más céntrico, ¿no será que estamos ante una nueva piedra fundacional?, ¿será ésta una piedra fundacional que está faltando?

. . . . Y volvía siempre ese pensamiento pero muy dentro de mí y no lo comuniqué tanto, posiblemente yo haya conversado con algún padre o le habré comentado o a alguna hermana, en alguna conversación le habré confidenciado que faltaba una piedra fundacional, que estábamos a punto de poner una nueva piedra fundacional.

d) Lo inmediato.

. . . . Bueno, llegó entonces lo inmediato, el día 7 de junio, que tuvo que ver entonces con un problema de grabación, que se produjo con la parte electro mecánica de la grabación. Hace ya un tiempo atrás, la grabadora, muy buena para grabar que tenemos, estaba grabando mal, no desde el punto de vista de la parte grabación, sino desde el punto de vista del movimiento digamos motor, electro mecánico de la grabadora.

. . . . Cuando está grabando de pronto se detiene, y quedan partes sin grabar. Se trataba de una dificultad; había un problema y una notoria intervención de lo alto.

. . . . Me había pasado algo muy interesante que está vinculado con la piedra fundacional. Algún tiempo atrás me había encontrado en internet con una secuencia de unas tres o cuatro fotografías, en que se muestra un bultito en una cuneta de una calle en China y ese bultito fotografiado al lado en aumento, mostraba que se trataba de una guagüita abortada o una guagüita matada en infanticidio, una guagüita recién nacida posiblemente.

. . . . Es una niñita, es de sexo femenino, decía la autora del set de fotos; yo me había impresionado mucho con esa fotografía, por el cariño que le tengo a China, por el deseo de ir algún día a evangelizar allá, que viene desde niño. Prácticamente de tercero o cuarto básico, a instancias de nuestra profesora de religión, que había hecho como una amistad chino-chilena mediante alguna misión católica, a mí se me había asignado un niño chino. Tenía un amigo, un niño chino que me decían que yo debía rezar por él, que vivía en China y se llamaba Hugo. Eso era antes de la llegada al poder de Mao Tse Tung y del comunismo chino.

. . . . Entonces yo rezaba desde muy niño por China y después ya con nueve años dije un día en el patio de mi casa, que yo quería ir algún día a China. Entonces, me encuentro con que esta niñita era china y estaba hecha un cadáver tirado en la calle, y eso me impactó, pero no pasó nada más que ese impacto.

. . . . Hace algún tiempo atrás, casi un mes, cuando se iba a celebrar el aniversario de la Catita Santander, una niñita chilena de mi parroquia de Hospital, que falleció recién bautizada, se me prendió como se dice la ampolleta, se me dio la idea ¿no será posible que exista el bautismo de deseo, así como Jesús salvó a Adán y a Eva a pesar de que es posterior en el tiempo, ¿no será que puede ser retroactivo un deseo intenso de alguien que pida el bautismo para una persona de una época anterior?, como diciendo, ésta es la fotografía cuando está muerta, pero yo me pongo cuando estaba viva, momentos antes de su muerte, ¿no será posible que ahí el Señor me la dé para que yo la bautice moralmente, de deseo? Entonces hice intensamente un pedido, deseo, basado en mi vivencia con Catita Santander.

. . . . Ella me hacía vivenciar con su ejemplo, que los niños aún sin uso de razón, como también los santos inocentes, cuando son bautizados se van al Cielo y son santos. Le pedí intensamente que me la diera el Señor como mi primera hija china y sintiéndome padre adoptivo de ella, con el derecho de padre, le puse un nombre. Cambié el nombre de Catita, en vista de Catita Santander. Bueno no sé cómo se llama esa niña, además los chinos no le pusieron nombre, por supuesto que no, la mataron simplemente, entonces ya que sus padres la mataron por orden del partido, por orden del gobierno chino, entonces yo la asumía y le pedía a Dios que me la diera como hija a mí y la bautizaba moralmente.

. . . . Le puse un nombre, en vista de que era Catita la que me daba el pensamiento, entonces que quedara con nombre Catita, pero transformado en un nombre chino: Ka-tchi-tah. A partir de ese momento sucedió que un día estaba la grabadora mala, no funcionaba ya la parte electro-motora, por más ajustes que en otras oportunidades le habíamos hecho. Entonces le pedí a Ka-tchi-ta, mi hija espiritual, que yo creía que Dios me la había dado y que me hiciera andar la grabadora, ya que era china y los chinos viven cerca de Japón, entonces como los japoneses fueron los que hicieron esta grabadora, que se metiera de alguna manera dentro de la grabadora y me la hiciera caminar.

. . . . Yo tenía que grabar y estaba mala la grabadora, y efectivamente, fue impresionante como esa grabadora inmediatamente comenzó a funcionar en la parte electro motora y ahora cuando se me vuelve a echar a perder, muchas veces me recuerdo de ella, le pido que me la haga funcionar. Y funciona muchas veces este sistema parecido a manda.

. . . . El día 7 de junio, día de la piedra fundacional, volvió a darse el percance de la pana electro-motora de la grabadora. Esta vez se detuvo porque estaba haciendo una broma en la predicación sobre las ayudas que ella me hacía con la grabadora y se detuvo la grabación.

. . . . Me quedó en claro en ese mismo momento que ella no quiso que yo siguiera hablando de la manera como hablaba, sino que me sacó el tema de la predicación para otro lado. Después de pedirle su ayuda, volvió a funcionar la grabadora y el tema fue a parar en el tema de lo que iba a ser en unos minutos más la nueva piedra fundacional, en que Dios quiere la obediencia hasta en los detalles más finos. Y de ahí salió la palabra esclavitud mariana, era el pensamiento de cuando en el primer libro de Reyes Elías es llevado al torrente Kerit, porque va a empezar la gran sequía, entonces él obedientemente va. Era la primera lectura que correspondía por la liturgia.

. . . . Y cada vez con más intensidad iba hablando hasta que llega el punto en que digo: hermanos me parece que estamos ante una nueva piedra fundacional, muy posiblemente ya es una piedra fundacional del Oratorio, Dios dirá si lo es o no.

 

. . . . Y entonces, en esa misma Santa Misa, durante la consagración del Pan, tuve como unas cuatro o cinco frases que se repetían en mi mente, como un tableteo, diría yo de unas frases distintas, todas distintas, pero con un término común: "sí, ésta es una piedra fundacional", pero las cuatro o cinco frases eran todas distintas. Me imagino así, algo parecido como Jesús cuando habló con Pedro: "apacienta a mis corderos, apacienta a mis ovejas, y después apacienta a mis corderos", entonces pareciera como que fue algo así las frases distintas que no me acuerdo por supuesto cuáles eran, pero sí, eran distintas pero en el término común eran todas iguales: esta es una piedra fundacional.

. . . . Y cuando consagré la especie del vino, salió en mi cerebro una sola palabra y una imagen visual, en la mente: unas cadenas gruesas de esclavo, yo no estaba en estado de trance, de ninguna manera; estaba con piedad, estaba rezando, con mucha piedad, pero no en estado de trance. Nunca en mi vida me parece haber estado en trance, no me acuerdo haber tenido ninguna visión ni un estado extrasensorial en mi vida.

. . . . Solamente se trataba de una voz muy sencilla en mi propio cerebro fabricado por mi propia mente pero como que venía de fuera, yo lo sentía como que venía de fuera, aunque lo fabricaba mi propio cerebro. Entonces decía eso que venía de fuera durante la consagración de la especie del vino: "ahora", era una sola palabra. No se me repitió más que esa vez: ahora.

. . . . Me dije en ese mismo momento, entonces yo voy a obedecer, Dios lo quiere, yo creo que Dios me lo pide que coloque una nueva piedra fundacional ahora y la voy a colocar.

. . . . Así es que llegado el momento, a la hora de la postcomunión puse mis manos juntas y como que místicamente, mentalmente, espiritualmente, las sentía encadenadas y así encadenadas se las entregaba a la Madre para yo ser esclavo y que eso quedara atado y lo até en el nombre del padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Para que también toda la familia llegara a lo mismo: esclavitud mariana.

3. Justificación.

. . . . La justificación de esta piedra fundacional se encuentra en que María misma se hizo esclava del Señor y Ella es la mujer auténtica por antonomasia, no hay un ser más auténtico que Ella, por eso es que es imposible que la esclavitud en Ella haya significado la pérdida de la autenticidad.

. . . . Entonces hacerse esclavo como Ella se hizo esclava es lo máximo.

. . . . Respecto a la traducción del término esclavitud parece que es la traducción más segura, porque de hecho la Biblia de Jerusalén traduce por esclava del Señor la frase doúle kyríou; la Biblia Latinoamericana, en cambio la llama servidora del Señor, he aquí la servidora del Señor. Tal vez la traducción que hace la Biblia de Jerusalén sale de la traducción latina de la vulgata, que traduce doúle por la palabra ancilla, que quiere decir esclava. El texto francés usa la palabra servante y el inglés RSV handmaid: empleada. El texto portugués pone serva y el italiano, de la Biblia CEI de la conferencia episcopal italiana pone la palabra serva.

. . . . Bueno, en todo caso, la esclavitud mariana está basada en esta servidumbre especial de la virgen que se declara sierva del Señor que no se declara una persona libre para sí misma, para hacer sus intenciones, sino que se entrega totalmente a los planes de Dios con una entrega singular con el don total de su libertad.

. . . . Y esta actitud es la actitud más noble de entrega total a Dios que corresponde al siervo doliente que pronostica el libro de Isaías, pronosticando a Cristo como siervo doliente, fue hecho servidor, fue hecho esclavo, para salvarnos y murió la muerte no de los nobles o de los judíos en general: apedreados. Sino asumió la muerte de los esclavos y delincuentes.

. . . . Entonces, la justificación que nosotros nos hagamos libremente esclavos de María, es desde el punto de vista de la esclavitud misma, algo que está aceptado por la conciencia que nos trae la misma Biblia en el Salmo 118, del cumplimiento de los preceptos de Dios, se puede tomar plenamente eso desde la perspectiva de la esclavitud.

. . . . Otro elemento no menos válido de justificación teológica lo presenta también la tradición de la Iglesia, con San Luis María Grignon de Montfort y otros santos anteriores que proclamaron la esclavitud mariana.

. . . . El Papa Juan Pablo II también tomó de alguna manera la esclavitud mariana al decir Totus Tuus, "Todo tuyo". Está significando una expresión de la esclavitud mariana.

4. Símbolo

. . . . El símbolo de la piedra fundacional son las cadenas para indicar la esclavitud, para indicar que nosotros dejamos de pertenecernos a nosotros mismos y quedamos unidos, encadenados, vinculados a nuestra Madre, la Virgen, nuestra Madre y Reina del Oratorio.

. . . . Llegamos así a la plenitud de la devoción mariana. Perdemos libremente la propia libertad; libre y voluntariamente hacemos una elección plenamente libre, la más noble de nuestra vida, dejar de tener libertad, dejar de pertenecerse, dejar de tener nada propio, para ser todo de Ella.

5. Consecuencias.

. . . . Una plenitud de santidad, una plenitud de promesa de ir al Cielo, una plenitud de los dones que la Madre quiere dar en el Oratorio.

. . . . La gracia del cobijamiento, Ella nos cobijará a sus hijitos esclavos, no se va a dejar vencer por generosidad Ella, nos va a estar llamando para grandes tareas porque somos sus servidores seguros, nos va a estar acompañando y nos hará cambiar, cambios de vida asombrosos, de manera que ya no reine el pecado en nuestra vida, sino que reine la vida de Cristo totalmente en nosotros, de ahí entonces hará que nuestra irradiación apostólica sea mucho mayor, como esclavos de María para que nada de lo que hagamos se pueda oponer en lo más mínimo a los planes amorosos apostólicos que la Madre tiene.