Esta es la capilla de las monjitas de Boroa. Para el Oratorio representa un lugar de importancia. En este lugar fueron escritas las Reglas de los Hnos del Oratorio, que sirvieron de base para las otras reglas de hermanas contemplativas, apostólicas y en parte de las misioneras. Era el tiempo del retiro del clero de Araucanía. Aunque yo pertenecía a la Comunidad del Oratorio, tenía que hacer retiro con el clero diocesano. En mis momentos de descanso de las meditaciones del retiro, sabía que los hermanos necesitaban urgente esas reglas, para que quedara fija la idea fundacional. Algunas cosas de las que predicó el P. Benito sobre la autenticidad se rescataron dentro de nuestra regla, aunque dentro de una formalidad diferente.

 

 

 

El Padre Wolfgang, capuchino alemán de Baviera el fundador de las hermanas de Boroa. Tuvo que luchar mucho sobre todo sus hermanos no siempre lo supieron comprender en esta tarea difícil de darle a la misión las hermanas catequistas, que tanto bien han hecho en la misión de Araucanía. Aún tienen fuerza para conquistar buenas vocaciones, como la de Maricel, la nieta de la Sra. Laura Chávez y bisnieta de la Sra. Dolores Romero, mujer muy santa del Oratorio de Panguipulli, fallecida con atributos de santidad. Sin dudas este hombre humilde y desconocido, el Señor y San Francisco lo harán avanzar en gloria y santidad, porque se atrevió y fue valiente, pese a muchas dificultades que se le pusieron en el camino.

 

 

~Estos antiguos capuchinos que llenaron la misión de Araucanía con sus arriesgadas maniobras misioneras. Más de uno de ellos murió ahogado por las aguas torrrentosas que les impedían ir a visitar a los indígenas en sus rucas indeanas, distantes y a veces indiferentes a su preocupación pastoral. De todos modos, con su arrojo supieron finalmente entrar y gracias a ellos muchos católicos de origen mapuche le deben gran parte de su vocación de Iglesia. Nuestro Oratorio, esperamos con mucha fe, irá poco a poco abriéndose paso por el ancho mundo, hasta llegar con el P. Roberto Guzmán a lugares difíciles de América, de Africa y sobre todo la peligrosa y siempre inaccesible China.

 

Pese a lo horrendo de la guerra, la destrucción y la barbaridad de ella, estos niños encuentran motivo para jugar, sentados en grandes sofá y sillones, que fueron tal vez, testigos de grandes conversaciones de gente que en un momento ocupó puestos de grandes influencias. Los niños son niños y nos enseñan a ir al cielo; al menos así nos lo enseñó Jesús. Hacernos esclavos de María es vivir con mucha alegría y optimismo creador donde nos toque vivir.

~En la guerra todos pierden. Ojalá que se vaya superando la cultura de la muerte. El odio engendra más odio. Santa Teresa nos enseñó que el amor saca amor: es decir, que el amor engendra más amor. Con razón el Santo Padre, Pablo VI llegó a decir en un discurso de la ONU "Nunca más la guerra". Esos soldados llevan a un compañero muerto o muy herido. La guerra es así, la ha inventado en estos años la cultura de la muerte, que no termina nunca de extender sus garras, como los fliper que atraen a los chiquillos, pensando que alguna vez le podrán ganar a la máquina.