Editorial de julio de 2004

 

 

Mis queridos hermanos y hermanas:

. . . .La página WEB de este mes de julio apunta hacia el regalo tan grande que Dios, nuestro Señor, por medio de su Madre Santísima, le ha hecho a la familia del Oratorio: El envío.

. . . .El Envío para nosotros es un hecho histórico de gracia que se va manifestando poco a poco y que viene de muy atrás.

. . . .Las primeras vivencias religiosas del fundador del Oratorio se dirigieron hacia lo apostólico y misionero; ya una profesora de religión, en la cuarta o la quinta básica, le había propuesto a todos sus alumnos, que se hicieran amigos de un grupo de niñitos chinos; para hacerlo más expedito, con el entusiasmo de los alumnos, le asignó un nombre de niño chino a cada uno de sus chiquillos. A mí me asignó el nombre de Hugo, era un niño chino que se llamaba Hugo. Y yo hacía regalitos, paquetitos de cosas que conseguía y los llevaba a la clase de religión, naturalmente debe haber sido unas dos o tres veces que pasó esto, no más, porque los niños tienen iniciativas de corto alcance, pero a mi se me quedó muy grabado esto, de que había que rezar por los niños chinos.

. . . .Con los años, cuando ingresé como estudiante de secundaria a Schoenstatt, el segundo de humanidades, hubo una discusión en el grupo al que yo pertenecía. Unos querían ser más contemplativos, otros querían ser más apostólicos, dedicados a irradiar la fe a otras personas, y en mí nació muy fuerte el anhelo de ser apostólico, de ser un hombre de misión.

. . . .En julio del año 1965, hacia fines de julio, los superiores de los padres palotinos schoenstatianos me envían a Milwaukee, Estados Unidos, con el fin de que yo alcanzara a tener algún contacto con el Padre Kentenich, el padre fundador de Schoenstatt. En realidad era una política general de los padres superiores chilenos. Se quería enviar en lo posible a todos los pallottinos schoenstattianos, sobre todo a los sacerdotes, también a nosotros los sacerdotes jóvenes, pudiera para que contactaran personalmente con el P. José Kentenich.

. . . .Yo obedecí encantado, porque me gustaban los viajes, aunque el Paso de Pirque me tenía muy desconectado del P. José Kentenich. En ese viaje a Milwaukee, en las conversaciones que se tenía con el P. Kentenich, era costumbre que los visitantes le llevaran fotografías del P. Kentenich mismo y él las autografiaba, poniendo alguna frase católica que le inspiraba Dios como respuesta a lo que él había visto en la conversación. . . . .Como yo tenía muy poco interés en ese contacto con el Padre Kentenich, por el Paso de Pirque, que me había aislado de Schoensttat, que me había dado un mundo distinto, propio, a mi no me interesaba mayormente esa frase y por eso prefería que me diera frases que me sirvieran para llevar regalitos a Chile, y así ahorrar y no tener que andar comprando otras cosas.

. . . .Las frases que puso el P. Kentenich, no obedecieron a mi interés del momento, sino muy distintas y que habrían de tener una gravitación trascendente en mi vida y en la del Oratorio. Son las siguientes, la primera: Misit me evangelizare omni populo, que quiere decir: me envió a evangelizar a todo el pueblo; es muy curioso porque después, seis años después se iba a fundar el Oratorio que iba a ser una obra popular, que iba a tener el nombre Oratorio Mariano Madre del Pueblo. Si de arriba me enviaban a evangelizar a todo el pueblo, era un envío muy importante, era Dios que me estaba enviando, marcaba el camino de vida por medio de un profeta, el P. Kentenich, para que mi obra en mi vida fuera una obra popular.

. . . .La segunda fotografía autografiada decía: Ego mitto te ite et incendite mundum, yo te envío, vayan e incendien el mundo. Un carácter eminentemente misionero se involucraba en ese autógrafo, se trató de un envío. La palabra misión es una palabra que viene del verbo mittere, mitto, que quiere decir envío, yo envío. Entonces desde el punto de vista semántico, la misión es un envío, "yo te envío incluye un acto misionero. Es Dios quien le ha querido conceder por medio de ese profeta que era el P. José Kentenich, una misión. Le ha querido conceder al P. Sergio una inmensa tarea de carácter mundial, expresada en la palabra mundum. Yo al principio no tomaba en cuenta este acto expresado en ese escrito. Poco a poco ha ido gravitando mucho más en mí y seis años después de esa frase yo la empezaba a rumiar dentro de mí. ¿Qué querrá decir esto? En 1964 fue mi ordenación sacerdotal, y un año después, en julio de 1965, fue la conversación con el P. Kentenich. Poco a poco empecé a preguntarme ¿qué querrá decir esto? Me sirvieron las fotografías para motivar campamentos juveniles, muchas veces con ocasión del 3º u otros momentos en alguna fogata o momento de reflexión.

. . . .Finalmente, llega el día de la prédica del 3 de julio de 1977, que tenía que hacer a los jóvenes que estaban haciendo su retiro mensual. Recurrí nuevamente a ese tema, que sabía que podría entusiasmar a los jóvenes para llevarlos bien preparados para las vacaciones de invierno, que empezaban en esos días.

. . . .Les expuse el tema de esa fotografía y les hablé de lo que el P. Kentenich había pensado sobre nuestros países de América, también juntos con Chile deben entregarse para devolver a Europa lo que recibieron en corrientes de gracia, de vida espiritual, de mentalidad cristiana, y de evangelización.

. . . .Es el Señor y la Madre Santísima que están detrás de esto. Por lo pronto está la marca del mes de julio, que siempre nos hace recordar lo que le ha pedido al Oratorio por medio de ese profeta: se trata de estas dos vivencias, una relativa al carácter popular y la otra sobre la aplicación que el P. Sergio hizo de esa frase del Ego mitto te, que le regaló al Oratorio. Incluyó su misión que él recibía de Dios por medio de ese profeta el P. Kentenich , ya que no lo podía hacer dentro de Schoensttat, porque ya estaba fuera, estaba en otro lugar de la Iglesia. . . . .La novedad de la gracia de ese día 3 de julio, día de Sto. Tomás apóstol, era aplicar la segunda parte de la frase al Oratorio, que ciertamente el P. Kentenich no había querido expresar en ese autógrafo. Pero la gracia de ese momento fundacional me hizo tener la convicción que dentro del Oratorio era una aplicación legítima y querida por Dios.

. . . .Podíamos entonces sí asumirla dentro de esa nueva familia que Dios le había regalado al Padre Sergio, el Oratorio Mariano, El Padre Sergio, con la gracia de ser fundador de esta obra, veía que eso era una cosa que se desprendía de sí misma, aunque es evidente que incluía un salto de fe. Era una aplicación que el P. Sergio hacía, no era la aplicación que el P. Kentenich había hecho, él la hacía por su cuenta, pero sabiendo que era un momento de gracia.

. . . .Por sus frutos se conoce el árbol. El Oratorio ha dado frutos misioneros cuantiosos, en un principio muchas misiones en el interior del país, los campamentos marianos llevaron la impronta de la misión, hacer misiones también al mismo tiempo. Eso se notó en el campamento de Coñaripe, que por años fue un campamento misionero. Daba un poquito de misión, los muchachos hacían un poco de misión, eran niños jóvenes de 12, 14 años algunos de ellos.

. . . .Por sus frutos se conoce el árbol. Ya vemos también que uno de los jóvenes que asistió a esa charla, días antes del 3 de julio, en una conversación con él en el colegio de los SSCC de Alameda, empezó a soñar con ser misionero. Se trata de Roberto Guzmán Hêmard. Él ha cumplido, aunque no está dentro del movimiento del Oratorio Mariano; directamente ha cumplido como sacerdote diocesano yendo a África y quiso entregar su vida prácticamente en Mozambique al Señor.

. . . .Han nacido congregaciones misioneras, como son las hermanas apostólicas que están viviendo en Argentina y en Brasil, en calidad de consagradas misioneras. Son mandadas a la misión.

. . . .Ha nacido la asociación de los Padres del Oratorio que tienen misioneros en Argentina y en Brasil, han nacido las hermanas misioneras que pretenden dedicar su vida a las misiones sobre todo ad gentes, cuando sea posible y sobre todo en lugares muy alejados que la gente no tiene ningún tipo de atención religiosa.

. . . .Y han nacido también los hermanos de la misión, laicos consagrados que quieren consagrar su vida en lugares donde no hay atención, llevando al mismo tiempo una vida monacal en lo más que se pueda.