Difícilmente entra un rico al Reino de los Cielos.

Nos enseña Santo Tomás sobre la perfección cristiana y el problema del joven rico.

. . . . San Jerónimo dice en Super Mt. : «Mintió el joven que dijo (Mt 19, 20): «Todo esto lo he guardado desde mi juventud», puesto que, si hubiera cumplido lo que se exige en los mandamientos (cf. Mt 19, 19), «amarás al prójimo como a ti mismo», ¿cómo luego se marchó triste al oír (Mt 19, 21): «Ve, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres»?

. . . . Pero hemos de entender que mintió en cuanto a la observancia completa de este precepto. Por eso Orígenes, en Super Mt., dice: Está escrito en el evangelio de los Hebreos que, al decirle el Señor (Mt 19, 21): «Ve y vende cuanto tienes», el joven empezó a tirarse de los cabellos, y el Señor entonces le dijo: «¿Cómo dices: he cumplido la ley y los profetas? En la ley está escrito: amarás al prójimo como a ti mismo, y he aquí que muchos hermanos tuyos, hijos de Abraham, están cubiertos de podredumbre y mueren de hambre, mientras que tu casa está llena de riquezas y nada sale de ella para socorrerlos».

. . . . Por eso añade el Señor: «Si quieres ser perfecto... », porque es imposible cumplir el mandamiento que dice (Mt 19, 19): «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» y ser rico y, sobre todo, tener tantas riquezas. Esto hay que entenderlo referido al cumplimiento perfecto de dicho precepto, puesto que es cierto que había observado todos los mandamientos de manera imperfecta y general.

. . . . En efecto, la perfección consiste principalmente en la observancia de los preceptos sobre la caridad. (Sto. Tomás, Summa Th. q. 189 a. 1 ad. 1).