S. Vicente Pallotti es mi abuelo espiritual y por lo tanto todos los hijos del Oratorio Mariano son de alguna manera sus bisnietos espirituales. El, lleno del amor infinito, quería movilizar toda la Iglesia, también a los laicos, en el apostolado universal. Es un hecho de alguna forma providencial, que sus primeros hijos fueron llamados a las misiones en Africa. Y a su comunidad se la llamó Pía Sociedad de las Misiones, durante algunas décadas.

Nos dice el Santo Padre en su Redemptoris Missio "La misión de Cristo Redentor, confiada a la Iglesia, está aun lejos de cumplirse. Afines del segundo milenio después de su venida, una mirada global a la humildad demuestra que esta misión se halla todavía en los comienzos y que debemos comprometernos con toda nuestra energías en su servicio. Es el Espíritu Santo quien impulsa a anunciar las grandes obras de Dios: "Predicar el Evangelio no es para mi ningún motivo de gloria; es mas bien un deber que me incumbe: Y ay de mí si no predico"

Muchos son ya los frutos misioneros del Concilio: se han multiplicado las Iglesias locales provistas de Obispo, clero y personal apostólico propio; se va logrando una inserción mas profunda de las comunidades cristianas en la vida de los pueblos; la comunión entre las Iglesias lleva a un intercambio eficaz de bienes y dones espirituales; la labor evangelizadora de las laicos está cambiando la vida eclesial; las Iglesias particulares se muestran abiertas al encuentro, al dialogo y a la colaboración con los miembros de otras Iglesias cristianas y de otras religiones. Sobre todo, se está afianzando una conciencia nueva: la misión atañe a todos los cristianos, a todas las diócesis y parroquias, a las instituciones y asociaciones eclesiales. El Santo Padre ha hablado de una nueva primavera misionera. evangelización de América.

 

Se han conmemorado recientemente los centenarios de las primeras misiones en diversos países de Asia, Africa y Oceanía. Hoy la Iglesia debe afrontar otros desafíos, proyectándose hacia nuevas fronteras, tanto en la primera misión ad gentes, como en la nueva evangelización de pueblos que han recibido ya el anuncio de Cristo. Hoy se pide a todos los cristianos, a a las Iglesias particulares y a la Iglesia universal la misma valentía que movió a los misioneros del pasado y las misma disponibilidad para escuchar la voz del Espíritu.

 

Hay que salir a pescar, con el Pescador de hombres, pero tomando en cuenta las barcas, redes y aperos de pesca de los pueblos nuevos...

La mujer africana, de Oceanía, China y todos los continentes del mundo, tendrá que entregar un gran aporte, como las mujeres que abrieron las misiones desde la evangelización de Europa, por ejemplo: Santa Clotilde, en la evangelización de los francos, o Sta. Elena en la evangelización de los mismos romanos.

Y que el pueblo se convierta poco a poco en Pueblo de Dios. Jesús, por su Madre, nuestra Reina, nos está llamando a hacer cosas heroicas para abrirnos paso en las misiones, para que vayamos hasta los últimos confines de la tierra.

El Señor Jesús envió a sus Apóstoles a todas las personas y pueblos, y a todos los lugares de la tierra. Por medio de los Apóstoles la Iglesia recibió una misión universal, que no conoce confines y concierne a la salvación en toda su integridad, de conformidad con la plenitud de vida que Cristo vino a traer (cf.Jn. 10,10); ha sido enviada "para manifestar y comunicar la caridad de Dios a todos los hombres y pueblos". La Iglesia "no puede sustraerse a la perenne misión de llevar el Evangelio a cuantos -y son millones de hombres y mujeres- no conocen todavía a Cristo Redentor del hombre".