Perdonar es Divino

 

. . . . Esta historia nos ayuda a reflexionar con muche fe en nuestros grupos marianos de autoeducación; es una conmovedora historia y un hermoso y perfecto ejemplo de ella. Se refiere a dos de los tres tenores -Plácido Domingo y José Carreras- que emocionan al mundo cantando juntos. Nos enseña muchas cosas a nosotros que queremos entrar por la puerta angosta de la autoeducación; ahí vamos aprendiendo inteligencia en las cosas de la vida. Este es un interesante ejemplo de dos artistas que se odiaban acérrimamente.

. . . . "Aún los que nunca visitaron España conocen la rivalidad existente entre los catalanes y los madrileños, ya que los primeros luchan por su autonomía en una España dominada por Madrid. Hasta en el fútbol los mayores rivales son el Real Madrid y Barcelona. Pues bien, Plácido Domingo es madrileño (En la foto de la derecha en los años de su juventud) y José Carreras es catalán. Es muy importante que no vivamos tomándole en cuenta las ofensas que nos hacen, nos dice San Juan Crisóstomo: Nada nos asemeja más a Dios que el estar siempre dispuestos a perdonar. (Hom. sobre S. Mateo, 61).

. . . . Por cuestiones políticas, en 1984, Carreras (En la foto de la izquierda) y Domingo se volvieron enemigos. Siempre muy solicitados en todas partes del mundo, ambos hacían constar en sus contratos que sólo se presentarían en determinado espectáculo si el adversario no fuese convidado. Pero en 1987, Carreras se hizo de un enemigo mucho más implacable que Plácido Domingo. Carreras fue sorprendido por un diagnóstico terrible: LEUCEMIA!!

. . . . Su lucha contra el cáncer fue sufrida y persistente. Se sometió a varios tratamientos, como autotransplante de la médula ósea, además del cambio de sangre, lo que lo obligaba a viajar una vez por mes a Estados Unidos. Claro que en esas condiciones no podía trabajar y a pesar de ser dueño de una razonable fortuna, los altos costos de los viajes y del tratamiento rápidamente debilitaron sus finanzas. Cuando no tenía más condiciones financieras tomó conocimiento de la existencia de una fundación en Madrid, cuya finalidad única era apoyar el tratamiento de leucémicos.

. . . . Gracias al apoyo de la Fundación Hermosa, Carreras venció la dolencia y volvió a cantar. Demás está decir que, recibiendo nuevamente los altos cheques que merecía, José Carreras trató de asociarse a la Fundación, pero leyendo sus estatutos, descubrió que el fundador, mayor colaborador y presidente de la fundación era Plácido Domingo. Nos enseña con mucha madurez, Sto Tomas de Aquino: "Conseguiremos que tire Dios de nosotros, si nosotros, por nuestra parte, nos esforzamos por atraer a los enemigos, tomando la iniciativa a la hora de perdonarlos: Con la misma medida con que midáis, seréis medidos (Lc 6, 38) (SANTO TOMÁS, Sobre la caridad, 1. c., p. 226).

. . . . Carreras descubrió que Plácido Domingo había creado la entidad en principio para atenderlo y que se había mantenido en el anonimato para no humillarlo al tener que aceptar auxilio de un enemigo. El encuentro más lindo y conmovedor fue el encuentro de los dos, imprevisto por Plácido (En la foto cuando niño a los dos años), en una de sus presentaciones en Madrid. Nos enseña San Agustín: "Quien no perdona a quien le pide perdón arrepentido de su pecado, y no le perdona de corazón, no espere en manera alguna que Dios le perdone sus pecados (SAN AGUSTIN, en Catena Aurea, vol. t 1, p. 376).

. . . . Allí, Carreras interrumpe el evento y humildemente, arrodillándose a sus pies, le pide disculpas y le agradece en público. Plácido lo levanta y con un fuerte abrazo, los dos sellan en ese instante el inicio de una gran amistad. En una entrevista de Plácido Domingo, donde la periodista le preguntaba por qué había creado la Fundación Hermosa en un momento en que, además de beneficiar a un "enemigo", había revivido al único artista que podría hacerle competencia, su respuesta fue corta y definitiva: "porque una voz como esa no se puede perder..." Decía San Josemaria Escrivá de Balaguer: "Lejos de nuestra conducta el recuerdo de las ofensas que nos hayan hecho, de las humillaciones que hayamos padecido_por injustas, inciviles y toscas que hayan sido_, porque es impropio de un hijo de Dios tener preparado un registro, para presentar una lista de agravios. (Amigos de Dios, 309).

. . . . Esta es una historia que no debe caer en el olvido y, tanto como sea posible, servir de inspiración y ejemplo de lo que es capaz el ser humano. Nuestra Madre Santísima nos muestra su Corazón injustamente tratado por nuestro egoísmo e injusticia que no quiere terminar de ninguna manera. Pero Ella está siempre dispuesta a perdonar sin estar con rencor en su Corazón por las ofensas que le hacemos nosotros sus ingratos hijos. El grito de Jesús en las Cruz fue claro y convincene para toda la vida: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen".