Dueño de mí mismo

por el esplendor de la verdad.

. . . . Desde la revolución francesa hasta ahora se sigue imponiendo un ideal fortísimo que se produce en algunas comunidades cristianas como carismas o parte de carismas. La trilogía revolucionaria de la revolución francesa enseñó hasta ahora: egalité, fraternité, liberté.

. . . . El Oratorio ha nacido en medio de estas aguas o ideales que empapan la literatura, el periodismo, las artes. En el Oratorio nosotros hemos resuelto aceptar la libertad, pero solamente dentro del ámbito de la autenticidad. Lo primero es la verdad en que se resuelve la conducta auténtica. Auténtico es lo que es sí mismo. Es decir, auténtico es lo que es conforme con su propia verdad, por lo tanto, no es auténtico un hombre que se comporta como demonio, ni como ángel, aunque uno no poseyera cuerpo (en el caso de los difuntos) o como animal que se guía solamente por instintos y no por la razón.

. . . . El hombre que se rebaja a una conducta animal negando su racionalidad en la práctica, en ese caso no actúa auténticamente. Eso no es su verdad, constituye un abuso de su libertad, es decir, es un libertinaje. Bernardita Correa nos enseña cómo se puede ser extraordinariamente alegre aunque al mismo tiempo se aspire a un gran ideal de santidad de vida.

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. . . El Oratorio sabe que el libertinaje destruye la autenticidad del ser humano, en la medida en que la verdad de Dios, de quien procede, es depuesta. Muchas veces hemos dicho, ahora también en el mes de la Patria, que una auténtica empanada chilena no se hace como a uno se le antoja, por ejemplo: con pino de tallarines o encebollado de apio...esa no es una empanada chilena, aunque pueda presentarse como tal. Cómo se puede ser auténtico en medio de la gran ciudad, como vemos acá en Hong Kong? La ciudad se devora los individuos. En el caso de la empanada, que estamos viendo, si no se somete a las reglas culinarias de cómo está hecha una empanada chilena, se termina mal.

. . . . En seguida vendrá el reclamo porque no es lo que realmente es, su ser propio de empanada. Un ser humano que no se comporta como tal, sino que se desvía de su propio ser a una conducta irracional, que se opone a las costumbres propias y convenientes de la conducta humana, no puede ser auténtico.

. . . . Su libertad mal conducida deforma, se deforma en un libertinaje, que llega a ser la ruina del ser humano. Ser dueño de mí mismo por el resplandor de la verdad es el objetivo en la autoeducación. Cristo Jesús, el Maestro que ha venido como luz de este mundo ilumine toda nuestra conducta humana para hacerla totalmente conforme con la identidad que Él, como creador colocó en mí.

. . . . Entonces seré yo mismo, libre como un ave que vuela sin cadenas de presión, entonces mis cadenas de esclavo de María, mis dulces cadenas me llevarán a ser auténticamente yo, yo en mi mejor yo.