Reflexiones en torno al 18 de Septiembre de 1810

. . . . En la historia hay un hecho plasmante, a primera vista, y es el acontecer del hombre; pero la fe nos dice que nada sucede sin que Dios lo quiera y lo permita, como nos enseña Jesús en el evangelio de San Mateo (Cap. 6, 25-34). Decimos con mucha verdad que se trata de una transoperancia divina.

. . . . La historia de nuestra patria de Chile y de todos nuestros países de América y del mundo, tienen un sentido profundo. Dios escribe derecho sobre renglones torcidos: ha habido mucha espada; ha corrido mucha sangre, que Dios permitió que corriera por la misma culpa y pecado de los hombres. Pero a pesar de todo, como Dios es Dios, "sin jamás haberse ensuciado las Manos Santísimas, creadoras, santificadoras y glorificadoras" con el pecado de los hombres, de todas maneras ha sacado un bien mayor, que en su infinita bondad, justicia, sabiduría y misericordia, porque Dios es Dios, podía sacar del mal el bien.

. . . . Si el agricultor puede usar substancias en descomposición, materias podridas, como abono, para sacar un gran bien, la nutrición y crecimiento de la planta, con mayor razón lo puede Dios.

 

. . . . En la Independencia de Chile, Dios permitió muchos males, como la expulsión de los jesuitas en 1767, hecho con que España hipotecó fatalmente su injerencia en las colonias, por la pérdida de la fuerza espiritual de las colonias, que sustentaron los jesuitas. A esto añádase las muertes por el lado español y criollo. Así como en la Revolución Francesa murieron tantos revolucionarios guillotinados, muchos revolucionarios, próceres de la independencia murieron porque cayeron en desgracia, como los hermanos Carrera, Manuel Rodríguez, asesinado en Til Til, y tantos otros que la historia no alcanzó a recoger sus nombres. El mismo O`Higgins murió solo y enfermo en Lima, Perú, de donde habían venido, Parejas, Gainza y el mismo Osorio, sus temibles enemigos, que pusieron en serio peligro la independencia de Chile y nuestros países americanos.

. . . . Dios ha permitido el mal, en diversas formas para que se desarrollara en forma más sana nuestra propia historia. Hasta la permisión de la actividad masónica, siempre en conato de enemistad grave contra la Iglesia. De esa actividad insustituible en su momento, se formó el grupo de criollos disciplinados por la estructura política-pseudo-religiosa de la masonería. Hasta la bandera de nuestra Patria estuvo muy influida por ellos. Es evidente que el origen masónico de nuestra estrella no se puede negar. Pero también se ve en ello la permisión divina que quería que María Santísima fuera la estrella de nuestra Patria.

. . . . De todos estos males, Dios ha sacado un bien mayor, la estructuración de un pueblo que poco a poco se va transformando en pueblo de Dios.