Editorial de septiembre 2004.

. . . . La Iglesia nos respalda a los marianos con estas festividades que trae el mes de septiembre. La primera y más antigua es la celebración del nacimiento de María Santísima: la Natividad de María. María es la Mujer vestida de Sol, su nacimiento es como la salida del sol, el amanecer. Para quien viene de la noche todo está muy oscuro, ¡qué liberador es el grito del sereno anunciando el comienzo del nuevo día! Qué consolador es el nacimiento de María, escondida carta de triunfo, que ha de abrirle las puertas al Salvador.

. . . . Conjuntamente a la celebración del nacimiento de Nuestra Madre Santísima, está el recuerdo de su dulce nombre, el nombre de María Santísima, que manifiesta nuestro gozo en la que es garantía de la grandeza de la mujer. Bella, bellísima, la gracia está en Ella, es la llena de gracia, y su definitiva victoria, el Señor también la situó en su gloria y es la Reina de los Cielos, llena de gloria sin igual, ninguna persona angélica ni humana tiene tanta gloria como Ella, después de Jesucristo que es la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. ¡Qué dulce es tu nombre, oh María! ¡es que el Señor te ha elegido en su misericordia infinita!

. . . . En este mes, celebramos el 15 de septiembre, N. Sra. de los Dolores; marca la realidad de la historia de María, la Nueva Eva, que tiene que asemejarse a Cristo en su misterio de Pasión y Muerte.

. . . . María Santísima es la colaboradora estrecha de Jesús el Redentor; en Ella especialmente se destaca el valor salvífico del sufrimiento y dolor humano.

. . . . El 18 de septiembre, señalándonos el sentido más profundo de servicio a la Patria, nuestra familia recuerda el fallecimiento de la Sra. Marta Labra. Fue publicado algo de su vida en la Iglesia de Santiago, en un librito sobre los cristianos ejemplares de Chile. Es una cristiana ejemplar; se sacrificó a sí misma por

 

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su familia, sacando adelante a sus hijas, después de haber sido abandonada por su esposo. Y cuando ellas, ya grandes, necesitaron su independencia, la Sra. Marta de nuevo se sacrificó por ellas, yendo a vivir una vida de arrendataria independiente, una mujer sola, en una casa donde iba a llegar el Oratorio de San Saturnino. (Este mes de septiembre es mes de la Patria para Brasil, 7 de septiembre, el Grito de Ipiranga; para México, 16 de septiembre, con el Grito de Dolores, para Chile, 18 de septiembre, declaración de la Independencia)

. . . . La misericordia de Dios actúa sobre ella, tan generoso es el Señor, y le dio el enorme premio de consagrar su vida al Señor como una hermana secular, de la que iba a ser más tarde la Asociación Pública de Fieles Secular de Consagradas del Oratorio, que no dejan de estar inmersas, como ella, en la realidad secular.

. . . . En los campamentos la vimos tan humana y generosa, chispeante de alegría, una viejita maravillosa. Finalmente, cuando iba a la Santa Misa el 18 de septiembre, la encontró la muerte en un accidente de automóvil, fue atropellada en una calle del sector de la Florida, cerca de Departamental; era el día 18 de septiembre, día de la Patria aquí en Chile.

. . . . Este mes de septiembre nos recuerda asimismo la Patria, ¿cómo no hemos de querer la tierra, la gente, la forma de cultura que Dios nos regaló?, el dicho chileno: ¡chita' qué es linda mi tierra!, es como la sorpresa maravillada del Magnificat, qué bueno ha estado el Señor en darnos esta tierra bella, y la gente, con su historia admirable. Festejar la Patria nos da un sano amor al terruño, a la tierra que nos vio nacer.

. . . . La adoración de la Patria está mal y es exagerada; emborracharse en honor a ella es simplemente un descalabro, una incoherencia; adorar la patria es exageración que puede llegar a diversas formas de genocidio y peleas incesantes que no son conformes al plan de Dios, eso es lo exagerado. Dios quiere la armonía de los grupos humanos, como son las naciones. Dios quiere que la gran patria americana crezca como un valor importante, que sea regida por la ley de Cristo y nunca fuera de ella. Amar Chile y festejarlo para nosotros chilenos, no está mal... siempre que nos ubiquemos.

. . . . Entre el frío invernal, que hace castañetear los ateridos huesos de los ancianos y resfriarse a los niños con las fuertes corrientes de frío, y la canícula del verano que calcina las piedras sedientas de agua, Dios ha puesto la primavera. Esta nos trae su carruaje de flores con abundancia y gratuidad asombrosa, que hace cantar y suspirar a poetas y payadores, que hace anhelar más robustamente Cielo a los místicos, desde el punto de vista de santos anhelos, que el Señor suscita en ellos. En este mes, vivimos especialmente el salmo que dice: "como la cierva que suspira por las corrientes de agua, así mi alma te anhela Señor, Dios mío".

. . . . ¡Qué lindo es el mes de septiembre! Se clausura con la fiesta de los santos arcángeles San Miguel, San Rafael y San Gabriel. Le suplicamos a San Miguel Arcángel, nosotros pobres seres humanos hechos de barro con anhelos de Cielo, que nos proteja del demonio y de los combates espirituales en que cada uno de nosotros esté inmerso, que no permita que nos demos por vencidos, sino sigamos nuestra lucha espiritual y nos revista con la armadura de la fe.