Los Mártires de Elicura

(14 de diciembre de 1612)

El don del martirio se dio en Chile a comienzos del siglo XVII, es decir a 70 años de la fundación de Santiago. Hubo chilenos, europeos, un mexicano y algunos mapuches mártires entre los mártires de Elicura, localidad que queda cerca de Villarrica. Es importante recuperar nuestra historia y no ser mal agradecidos con Dios. Es necesario tener bien en cuenta que el don del martirio es un don de Dios. No se puede ser mártir sin la gracia de Dios que da esa fuerza y capacidad de sufrimiento al que la solicita. Tal como en el martirio del Padre Faustino, el mártir no se da cuenta casi de lo que está sucediendo. Después viene la historia a valorar y desentrañar el heroísmo de personas buenas y entregadas, que cuando les llegó su hora, por la gracia de Dios no se recusaron al don del martirio.

Quienes son los mártires de Elicura:

Los Padres jesuitas Martín de Aranda, chileno, 52 años, y Horacio Vecchi italiano, 35 años, y el hermano Diego de Montalbán mexicano, recién entrado a la Compañía de Jesús, con unos 30 años de edad, más varios mapuches cristianos, en especial el Cacique Tablamil de Elicura, de 67 años de edad, que los acompañaba, dieron su vida por haber predicado la fe cristiana y haber convertido a algunas mujeres, el 14 de diciembre de 1612, en la localidad de Elicura, situada cerca de Villarrica.

Ojalá que el Señor por la oración de su Santísima Madre nos diera en el Oratorio Mariano el don del martirio. El fundador, P. Sergio Mena, tuvo la oportunidad a los 12 años de ser un niño mártir desconocido pero Dios no lo llamaba todavía y se perdió una oportunidad maravillosa de haber muerto defendiendo la imagen de María Santísima en un incendio. Estuvo a punto pero no lo hizo, por miedo de niño. Ojalá que Dios, que es misericordioso, le vuelva a dar otra oportunidad de vivir en el martirio cotidiano de una vida totalmente entregada y después, cuando Dios disponga, el don del martirio cruento. ¡Morir por Cristo, morir por María!

BREVES DATOS BIOGRÁFICOS DE CADA UNO DE LOS MARTIRES

Padre Martín de Aranda Valdivia

Nació en Villarrica, probablemente en 1560. Sus padres fueron don Pedro de Aranda y doña Catalina de Escabías y Dávalos, quiénes eran gente muy cristiana y se preocuparon de darle una sólida formación a sus hijos. El Padre Martín aprendió de niño el idioma de los mapuches. Ingresó a las tropas españolas, tal como sus otros hermanos. Al parecer se distinguió como soldado, ya que en 1589 fue nombrado por el Virrey del Perú, como Primer Corregidor de Riobamba. Antes de hacerse cargo de tal responsabilidad, a los 31 años, decidió hacer los Ejercicios Espirituales de San Ignacio. A raíz de ello decidió consagrarse al servicio de Dios , y solicitó el ingreso a la Compañía de Jesús, lo cual le fue concedido en 1592, ingresando el 11 de marzo de aquel año. Luego de varios años de estudios fue incorporado definitivamente el 12 de diciembre de 1599, con el grado de Coadjutor espiritual. Luego de una fallida expedición a la Misión de Los Chunchos, en Quito, fue enviado a Chile, como "misionero entre los naturales", luego aparece en Santiago en 1607. El Padre Aranda es descrito como un hombre intrépido y de gran valor, con un profundo espíritu de oración, pobreza y sacrificio, que amaba entrañablemente a los indígenas.

 

Padre Horacio Vecchi Chigi

Nació en Siena, Italia, el 24 de octubre de 1577. Su familia era muy cristiana, y dio a su hijo una sólida formación. A los 16 años entró a Estudiar Derecho en la Universidad de Siena, donde permaneció 4 años. Trasladado a Roma solicitó ser admitido en la Compañía de Jesús, ingresando al Noviciado el 9 de septiembre de 1597. En 1602, aparece como Maestro de Humanidades y Retórica.

Allí tomó contacto con el Padre Diego de Torres, Procurador de la Provincia del Perú, quien lo invitó a partir a América como Misionero. A fines de abril de 1604 partió el padre Torres, en un galeón, con los 45 futuros misioneros que había reclutado. Luego de una larga y tormentosa navegación llegaron a Cartagena, desde donde el Padre Horacio emprendió viaje a Lima, donde llegó a principios de 1605. Allí terminó sus estudios de Filosofía y Teología, siendo ordenado sacerdote en 1607. Ese mismo año fue trasladado a Santiago de Chile, donde se preparó para su misión entre los mapuches. Sus superiores lo describen como una persona "muy pobre y enemigo de todo lo que dice curiosidad; tenía un celo extraordinario por la salvación de las almas y particularmente de los indios, confesaba más indios que españoles y con ser bien exacto en el oficio de ministro, cuando le sindicaban faltas, las procuraba remediar: también las excusaba" a confesarse con él acudía más gente, que a cualquiera de los otros, atraída sin duda, de la apacibilidad y amor con que recibía a todo linaje de personas "lo que no podía trabajar en su conversación, se desquitaba conversando con los indios cristianos". Tenía gran devoción a la Santísima Virgen, a quien se encomendaba antes de cualquier misión. "A todos animaba con el nobilísimo principio de la caridad, que en su corazón ardía para con Dios y los prójimos ". El Padre Diego de Torres, Provincial, expuso "que por haber conservado la virginidad hasta la muerte, tendrá también la tercera aureola de Virgen".

 

Hermano Diego de Montalbán

Se tienen pocas noticias sobre la vida de este Siervo de Dios, según el Padre Valdivia, era natural de México; era hijo de humildes padres y aprendió el oficio de sastre; pero luego "asentó plaza de soldado, en una leva, que se hacía en Lima para reclutar el ejército de Chile". Allí sirvió con gran puntualidad y valor en las refriegas, pero habiendo conocido a los jesuitas en la misión de Arauco, se sintió llamado a ingresar a la Compañía, donde fue admitido en 1612. Cuando llegaron los Padre Aranda y Vecchi a la Misión de Purén solicitó acompañarlos en su labor misionera. Dice el Padre Valdivia: "Aceptó esta gracia con júbilo en su corazón, como si pronosticase cuán cercano tenía su dichoso fin, aceptando el Señor el cruento sacrificio de su muerte, siendo el primero que la recibió, con admirable valor y constancia".

 

Cacique Araucano Tablamil

Según relato del testigo Padre Juan Alvarez s.j. de 67 años de edad, presentado al P. Diego Rosales, Provincial, de la Compañía de Jesús en la Provincia de Chile, el 23 de junio de 1665, el Cacique Tablamil, de Elicura, quiso salvar y defender al venerable Padre Horacio Vecchi, fue muerto de inmediato y antes que el sacerdote.

 

El Martirio

Este relato se basa en las respuestas dadas por nueve testigos que fueron interrogados en el Obispado de La Concepción de Chile, ante el Visitador Don Juan de las Roelas Sandobal, el 23 de junio de 1665. Documento obtenido en la Biblioteca del Colegio de San Ignacio de Santiago.

-A la primera pregunta, si conocían a los tres Religiosos nombrados, 8 de los testigos contestaron que sí. Uno de ellos que tenía 34 años, sólo los había oído nombrar.

-A la segunda pregunta, si podían afirmar que eran Religiosos Jesuitas, todos afirmaron que sí.

-A la tercera pregunta, 8 afirmaron saber que el Padre Luis de Valdivia vino a Chile, con poderes del Rey Felipe III para sentar las paces con los indios y procurar su conversión al Evangelio.

-A la cuarta pregunta, 6 de ellos aseguraron estar informados que los Caciques de Elicura vinieron donde el Padre Valdivia para dar la paz y pedir que les predicaran el Evangelio y que la Compañía de Jesús mandó a los tres religiosos nombrados a ingresar al territorio de Elicura.

-A la quinta pregunta, 8 de ellos afirmaron que los tres padres predicaron efectivamente el Evangelio en Elicura antes que los mataran.

- La sexta pregunta, se refería a una visión de los soldados en Paicaví, el día anterior al martirio de los padres. No se consideró pues la mayoría no parecía estar de acuerdo.

A la séptima pregunta, 7 de ellos dijeron que el Cacique Jefe de Elicura , Anganamón, vino furioso a reclamar a dos de sus numerosas mujeres más dos hijas de ambas, las cuales habiéndose convertido al cristianismo, lo habían abandonado y buscado refugio entre los españoles. Una de las mujeres era una cautiva española.

-A la octava pregunta, 7 de ellos afirmaron que el Cacique había ido al Gobernador y al P.Valdivia a exigir que le devolvieran sus mujeres, y que éstos no lo hicieron pues ellas eran cristianas, y 4 de los testigos dijeron, que este Cacique culpó por ello a los Padres Aranda y Vecchi y al Hermano Montalbán por haber entrado a Elicura a predicar la fe en Jesucristo, por lo que reunió gran cantidad de indios y vino a buscar a los religiosos para matarlos. Además dijeron que los Padres se preparaban para decir su Misa, y el Hermano preparaba el altar, cuando se fueron contra ellos y los mataron y destrozaron a lanzazos y macanazos.

-A la novena pregunta, cuatro de ellos dijeron que sí sabían que los padres trataron de convencer al Cacique para que se hiciera cristiano y que le devolverían a su mujer araucana y sus hijas, si les permitía seguir siendo cristianas y el Cacique se negó rotundamente y dio orden que mataran a los religiosos, además indicó que no quería que se predicara más el Evangelio en sus tierras.

-A la décima pregunta, respondieron cinco de ellos, que sí sabían que el día que fueron muertos los religiosos, los soldados que estaban en Paicaví vieron tres soles elevarse hacia el lado de Elicura, a la hora de la mañana en que fueron muertos los padres.

- Las preguntas once a la trece se refieren a otras visiones, por lo tanto no las ponemos.

-A la pregunta catorce, cinco testigos afirmaron que sabían que el Padre Valdivia envió un indio a Elicura a saber lo que había pasado, y que éste había encontrado muchos cuerpos de indios muertos y comidos por los pájaros, y que los tres cuerpos de los padres, cubiertos por ramas y malezas, estaban intactos.

Se salta pregunta quince.

-A la pregunta dieciséis, tres responden estar informados que el Rev. P. Diego Torres, Provincial de la Compañía de Jesús en el Reino de Chile, consultó al Doctor Francisco Suárez de la Compañía de Jesús, sobre la muerte de los tres padres, y éste respondió que sentía que eran verdaderos mártires de Jesucristo, y que debían proponerlos a Su Santidad para que los declarase como tales.