Conductas que nos destruyen,

valores engañosos

 

. . . . Cabecita loca que te dejas engañar; cabecita loca que te dejas fascinar por lo que sabes de antemano que te hace mal; pero "le buscas la quinta pata al gato" para justificar lo injustificable. El Señor usó una expresión en el Antiguo Testamento, para dejar al descubierto esta falsedad: pueblo de dura cerviz.

. . . . Esa es la historia de nuestros primeros padres en el jardín del Edén, también lo es del pueblo de Israel, que siempre se dejó embrujar por los ídolos engañosos, los judíos se dejaron atrapar por la mentira, porque fueron tentados y no tuvieron consistencia, como el grano de trigo que cayó en el camino, entre piedras y entre abrojos: no pudieron crecer ni ser lo que tiene que ser, buenos árboles que por supuesto dan buenos frutos.

. . . . Es la sinrazón de cada uno de nosotros, que tan fácilmente nos dejamos embrujar por la magia y el malabarismo circense del demonio, que nos hace creer en lo que no se puede creer. Yo que sé que desviarme es malo, ¿por qué me desvío? San Pablo constata este drama humano y dice: "infeliz de mí, ¿quien podrá quitarme este cuerpo de muerte, porque hago lo que no quiero hacer y no hago lo que quiero?".

. . . . Los valores del mundo frívolo, que nos rodea, que nos viene de modo particular por la televisión y otros canales, que nos llevan a abrazar la soberbia de la vida, el egoísmo, la avaricia de los bienes materiales y económicos, la lujuria, exacerbada que destruye toda verdad en el amor, la rabia y agresividad que van provocando el odio mortal, que nos separa de Dios mientras nos quejamos de Él, las borracheras, las orgías y deshonestidades de todo tipo, que acaban con la pureza en nuestras vidas. Ahí está la gran ciudad atiborrada de seres que viven como si Dios no existiera.

. . . . Y no es menos destructora de autenticidad la envidia, que nos impide ser uno mismo, esto por el exceso de andarnos comparando con otros, sobre todo porque no valorizamos con prudencia lo que tenemos y vivimos muchas veces envidiando en el campo de lo económico; eso nos quita nuestra conducta de vida humilde y sencilla. Nos construimos torres de Babel y pirámides engañosas, que no llevan sino a una gran vaciedad y corrupción. En cambio si somos como los niños, cuando nos encontremos mal, en el estilo de la Sagrada Escritura, gritamos a Dios, nos hacemos como los niños y por ello iremos al Reino de los Cielos.

. . . . También la flojera y falta de compromiso son muy negativos en el Reino de los Cielos; se dice que el infierno está poblado de buenas intenciones, gente que no quería ser mala, tenía la buena intención de no serlo, pero realmente fue mala, como Judas Iscariote, que vendió al Maestro por 30 monedas de plata.

. . . . La falta de compromisos atrae asimismo la cólera de Dios, como se nota en el capítulo 25 de San Mateo, queda muy bien graficada en la descripción de la parábola del hombre perezoso, que no se empeñó ni puso ninguna iniciativa en serio por el Reino de Dios, simbolizado en el talento que guardó en un hoyo...

. . . . Las mentiras son también mala conducta porque se oponen a la verdad de Dios: Cristo es la Verdad... las injusticias dejan al hombre auténtico en situación de deterioro; se va haciendo añicos la autenticidad ¿cómo puedo ser auténtico si me he quedado con lo ajeno?, mientras no lo devuelva hay una hipoteca sobre esa posesión injusta. El Cielo prometido es más bello que una hermosísima puesta de sol... ¿Podremos ser fieles hasta el fin y entrar en él?