Reflexiones sobre la santidad y la humildad

. . . .La humildad tiene una gran incidencia en el camino de la santidad, y es que es una experiencia continua y habitual, constatar que la santidad, en Jesús, María y todos los santos, está marcada por la humildad. San Pablo nos enseña a tener los mismos sentimientos de Cristo, quien se humilló para salvarnos.

. . . .Queremos que nos tengan cariño, que nos respeten, nos preocupamos hasta brutalmente por nuestra honra, pero el Hijo del Hombre no actúa así, sino muy por el contrario, se deja libremente despojar de todo para que tengamos vida.

. . . .Un padre de familia, papá o mamá, si quiere cumplir la tarea de su vida, tiene que estar dispuesto a humillarse por sus hijos. ¿No le lava la madre a su hijo sus inmundicias? casi le parece un delito que se diga inmundicias, porque ama tanto al niño. A lo sumo emplea palabras eufemísticas o suavizadoras.

. . . .La sacristana de una catedral de Chile me contaba que una vez una señora hizo sus necesidades en el confesionario y ella tuvo que limpiar lo asqueroso. El sacerdote de la catedral le dijo: "eso sí que es humillación" ella respondió que no lo estimaba de ese modo, porque estaba acostumbrada a hacerlo con sus viejitos del hogar de Cristo.

. . . .Como decía San Agustín, paso a paso, humillación tras humillación, vamos caminando hacia la vida eterna; golpe a golpe, verso a verso, vamos haciendo camino hacia la eternidad, humillación tras humillación. Finalmente no nos parece tanto cada una de estas humillaciones que aprendemos a sobrellevar con fuerza e interioridad.

. . . .La Santidad pasa por el camino del que no tuvo un caminito limpio, una cunita limpia para nacer, una cuna con todas las atenciones hospitalarias, que hoy puede tener una mujer indigente, con tarjeta de tal.

. . . .Como Jesús que vivió de la pobreza de los que tienen que marcharse al destierro y tienen que huir en medio de la noche sin llevar nada. ¡Qué realidad tan dura!, nunca pueden dejar al Maestro tranquilo, cosechar y saborear sus victorias humanas. ¿Por qué siempre el ataque, la mala intención de las preguntas, a fin de atraparlo en algo?....

. . . .Y es que hasta en los últimos momentos encuentra la oposición, hasta cuando estaba teniendo su última cena, está la torva y preocupante actitud de Judas, que se ve que está llenando de traición su corazón infiel y acostumbrado a los robos y fraudes.

. . . .La humildad es actitud fundamental para la santidad, porque la vida se nos va dando con honestidad, sin mentira dentro del campo de la verdad. Por eso es que el Santo Cura de Ars decía: que si no tengo humildad, no tengo nada, estoy antes del punto de partida en el monte de la santidad.

. . . .En este mes de noviembre, mes del desafío de la santidad, marcado para nosotros especialmente los marianos del Oratorio y del 2º desafío, por la santidad de San Martín de Porres, tan humilde, nos ubicamos en las inmediaciones espirituales de la santidad; es necesario abrazar con mucha humildad, la realidad de que somos pecadores y sin el Señor y su gracia divina, nunca alcanzaremos la Santidad.

. . . .San Juan Bautista nos dio diversas veces el ejemplo de humildad, como cuando dijo enfáticamente que no era digno de desatarle a Jesús la correa de sus sandalias. Este punto de partida estará correcto en el comienzo de la santificación, aceptar nuestra nada y pequeñez, con un corazón humilde y humillado y perseverante, vamos a conseguir lo que humanamente es imposible conseguir.

. . . .Es que Dios se deja cautivar por un corazón humilde y perseverante, que no deja de estar en la brecha, luchando por ser santo, aunque a diez minutos de la muerte parezca imposible, como le ocurrió al buen ladrón: San Dimas. O en tiempos más actuales, y no tan pretéritos, le ocurrió a Pranzini, el criminal por quien rezaba Santa Teresita del Niño Jesús, antes de ingresar al convento; aunque haya sido un criminal que no se arrepiente hasta el fin, la oración humilde y confiada de una infancia espiritual vivida en la fe del granito de mostaza, consigue lo que nadie había logrado: el criminal en la última hora, en el estribo del cadalso, hace un postrer gesto de arrepentimiento. Sta. Teresita sabía, por la fe, que era un regalo que Dios le daba... por su humilde y confiada súplica.