RUBEN CARCAMO MUNDACA Segunda Parte

Falleció el 21 de noviembre de 1985

. . . . Durante el año de quimioterapia, Rubén demostró mucha valentía, aceptando su enfermedad en forma muy madura. Cuando llegaba a Liquiñe, lo esperaban sus amigos y vecinos, comentándole anécdotas que habían ocurrido en su ausencia y a su vez él les contaba algunas experiencias vividas en sus tan frecuentes viajes. Su optimismo era tan admirable, ya que siempre decía: "¿Quieren ver un chico con una pata y pelado?... Ese soy yo".

. . . . Cada vez que recibía la Santa Comunión se sentía renovado, atribuyendo una de sus crisis a no haberla recibido.

. . . . Cuando se suponía que el tratamiento llegaba a su fin, al cabo de un año, un último examen dio como resultado una nueva operación, ahora pulmonar. Me fui a casa muy deprimida y al llegar nuevamente a la mañana siguiente, Rubén me dice: "Autoricé mi operación al pulmón", como siempre muy tranquilo.

. . . . Después de esta intervención, su organismo ya no reaccionaba tan positivamente y tras varios días en la UTI, se le diagnosticó un tumor cerebral, siendo desahuciado por la medicina. Un grupo de médicos me comunicó que ya no había nada que hacer. Lo retiré, con un diagnóstico de 2 a 3 meses de vida.

. . . . Al llegar a casa, se encontraba rodeado de amigos, celebrando sus 15 años, después de encontrarse varios días imposibilitado de moverse, pero consciente, tuvo un impulso, pidió sus muletas y dijo: "... Yo antes caminaba, ¿Porqué no puedo hacerlo ahora?" y lo logró. Lamentablemente esta mejoría duró sólo 15 días, después sufrió un mareo y un desvanecimiento, cayendo postrado en cama sin poder levantarse nunca más.

_. . . . A pesar de no tener fuerzas, nunca se quejaba y pedía todos los Domingos la Santa Comunión, ya que lo hacía sentirse muy bien.

. . . . En una oportunidad, en que el Padre Sergio Mena lo visitó, después de haber sufrido una crisis muy fuerte, tras una larga conversación entre ellos, le pregunté qué habían conversado, respondiéndome: "... Cosas de hombre" y su estado anímico era admirable, se veía contento, incluso cantaba.

. . . . Lentamente, se fue consumiendo, perdiendo sus fuerzas, su voz, su vista y su cuerpo se fueron destruyendo y llenándose de pequeñas pintas moradas debido al rompimiento de los vasos sanguíneos. (Bordado de sangre está tu pecho, tu Madre se enorgullece de ti).

. . . . El día 21 de noviembre de 1985, encontrándose en un estado gravísimo, tuvo la suerte de que el Padre Enrique le administrara los Santos Sacramentos. A las 17,25 Hrs. Entregó su alma al Señor, descansando en paz.

. . . . Quisiera hacer énfasis que en varias oportunidades, al llegar al Hospital, siempre había algún Doctor o enfermero esperándolo para pedirle que le diera ánimo a otros niños que estaban muy deprimidos. El siempre les insinuaba que pidieran un Sacerdote ya que según él era lo mas importante y lo hacía sentir muy bien..

. . . . Se le notaba que tenía un corazón de apóstol, porque consiguió que otros niños del Hospital comprendieran que Jesús sacramentado era la fuerza que Dios les daba en su enfermedad, y varios de ellos hicieron su Primera Comunión en el Hospital.

Rubén Cárcamo, un regalo en el año jubilar.

. . . . Rubén Cárcamo, apenas un niño que se asomaba a la adolescencia, fue captado por los grupos marianos de Liquiñe. Estos eran grupos marianos federados, que estábamos formando con las hermanas franciscanas de Purulón.

. . . . En realidad, no alcanzaron a ser verdaderos grupos marianos federados; prácticamente fueron del Oratorio Central. Nunca las religiosas de Purulón, como en el caso de la Santa Cruz, estuvieron dispuestas a formar grupos marianos franciscanos federados, hasta donde yo recuerdo.

. . . . Apenas con doce años se le detectó el cáncer. Esto le ocasionó un doloroso proceso de ir preparándose a la muerte. Lo que vivenciaba en cada Sagrada Comunión, en su amor a la Santísima Madre, lo que aprendió en los grupos marianos de autoeducación, la ayuda de las religiosas, las frecuentes visitas, y el apoyo de su familia, lo fueron moldeando para lo que tenía que sobrevenirle, en un poco de tiempo más. Mi amistad con su familia, llevó a su mamá ese último domingo de abril de 1985 (28) a recurrir a mi ayuda, para poder preparar a Rubén, ya desahuciado por los médicos.

. . . . Me tocó la dura tarea de decirle a Rubén, por encargo de su mamá, que estaba en peligro de muerte. Después de decírselo con mucha delicadeza, le mostré el ejemplo de Bernardita Correa y le propuse imitarla. Este fue un momento estelar en la vida de Rubén. Pero fue un momento precedido de muchos otros, donde se fue forjando poco a poco la respuesta positiva de Rubén Cárcamo. En esa oportunidad, le dije que tenía que decirle algo muy especial: que la muerte estaba cerca. Al ver su valentía y serenidad, me atreví a señalarle el ejemplo de Bernardita Correa, y le sugerí que ofreciera su vida por su familia, por el pueblo de Liquiñe, por los padres y hermanos del Oratorio Mariano. El cáncer, que había avanzado tanto, no le daba vida sino para un par de meses. Después de decirle con el máximo tino posible que se iba a morir, le pregunté si estaba dispuesto a imitar a Bernardita Correa que había descubierto que el dolor asumido con amor y fe redime a otras personas.

. . . . Le pregunté expresamente si estaba dispuesto a dar su vida por el Oratorio Mariano, y contestó que sí. Su sí le ha dado un gran valor a la vida de Rubén. Esa respuesta positiva lo asemeja de alguna manera a la Madre que también tuvo que dar su sí.

. . . . En esa oportunidad ofreció su vida por las vocaciones del Oratorio. Había vivido profundamente el dolor de sus compañeros de cáncer, en el hospital de niños cancerosos; habiéndole sido cortada ya una pierna, estando ciego; libre y voluntariamente ofreció su vida por nuestro Oratorio.

. . . . Falleció el jueves 21 de noviembre de 1985, y fue sepultado el día sábado 23, el día de las primeras comuniones en Liquiñe. Los que participaron en esas primeras comuniones tan insólitas, mezcladas con el funeral de un chico de quince años, dicen que fueron inolvidables por la alegría y espiritualidad intensa que el Espíritu Santo regaló en esa oportunidad. En realidad, Rubén debe ser conocido por su piedad mariana y eucarística; Dios estaba corroborando esta doble vocación: piedad mariana y piedad eucarística.

. . . . Con toda propiedad podemos decir que Rubén Cárcamo también está en el "equipo seleccionado" del Oratorio Mariano. ¿Cómo no vamos a sentirnos motivados por este adolescente, que fue un capitán de quince años, en las cosas del Reino? Siguió conscientemente las huellas de Bernardita Correa; y ahondó más su entrega incluso, porque ofreció directamente su vida por el Oratorio Mariano, las vocaciones de hermanos y padres marianos.

. . . . Quiera Dios que la Familia no olvide culpablemente a sus testigos. Especial responsabilidad por Rubén le cabe a los hermanos de la casa de formación, de recuperar para toda la Familia su mensajes. Es por eso un acto de cumplimiento de esta tarea, el trabajo emprendido para realizar esta pequeña publicación, nacida del cariño, el respeto y admiración hacia este pequeño capitán de 15 años.

. . . . En este tiempo de jubileo, con toda la Iglesia nos corresponderá vivenciar más profundamente las vidas de nuestros hermanos que nos han precedido en el camino. Ellos son indicadores de cómo debe ser la vida de un miembro de nuestra Familia. Rubén Cárcamo no fue más que un niño humilde y sencillo, del pequeño y lejano pueblito de Liquiñe, donde están las famosas termas del mismo nombre. Rubén, que entregó libre y voluntariamente su vida a la Madre del Oratorio, por la gracia de Dios, se mantuvo intocado respecto a muchas formas de masificación que suelen afectar a los jóvenes.

. . . . La enfermedad, en su caso, fue una escuela de santidad y pudo huir de las pasiones juveniles. Tanta conciencia tuvo de lo que él respondió cuando le pedí que aceptara ser víctima, como Bernardita Correa, que había descubierto que el dolor redime, que lo demuestra en su respuesta a su mamá. Después que salí de su habitación, llevando con emoción la respuesta de un pequeño santo de 15 años, su mamá le preguntó, de qué había hablado con el Padre Mena, y él respondió con una serenidad grandiosa: "cosas de hombre, Mamá"

. . . . Ha habido señales posteriores a su muerte que indican, que es un niño santo; de ninguna manera nos queremos adelantar al juicio que solo y en definitiva le corresponde dar a la Iglesia. Eso no quiere decir que haya que negar u ocultar ciertas manifestaciones y favores que Dios ha hecho por medio de él. Pero no es este el momento para traerlos aquí en forma exhaustiva, como correspondería, si se quiere ahondar en la materia.

. . . . Queridos Jóvenes del Oratorio: Es tiempo de hacernos SANTOS de tomar en serio el llamado de nuestra Madre, de seguir el ejemplo de los valientes que dieron la fuerza al nacimiento de nuestro Oratorio. ¿Sin instrumentos de María acaso podremos ver el advenimiento de su Reino?... y la Gran Misión que hemos recibido queda sin realizarse. Vayan e incendien el mundo queridos jóvenes del nuevo milenio, vayan y sean los que cambien la historia de una época que no es capaz de ofrecer amor verdadero y entrega heroica. ¡Sólo en el amor de Cristo venceremos.! Centinelas del Nuevo Milenio que enfrentan generosamente los coliseos de los tiempos modernos.