El símbolo de la llave.

. . . . Desde la novena piedra fundacional, esclavitud mariana, la llave ha venido a cobrar un contenido más rico en valores y un descartar definitivamente la realidad de entregar la llave con una actitud tramposa, poner la mano en el arado pero volver atrás. Lo que hemos expresado como "entregar la llave con elástico", que en el fondo significa retenerla y manipularla con nuestra propia voluntad. Se trata de una entrega mentirosa: entrega la llave pero en la realidad no la entrega.

. . . .cómo llegamos a la entrega de la llave?. Me eduqué en Schoensttat y ahí me enseñaron la expresión "cheque en blanco", y después "poder en blanco". Se trataba de escribirle a la Santísima Virgen un cheque de banco (en ese caso un banco espiritual), es decir, darle el permiso heroicamente entregado a la Madre Santísima, para que escriba lo que quiera en ese cheque, para que sobrevengan a nuestra vida, aquellos planes y realizaciones divinas que no llegarían a nosotros si no tuviéramos una fe más fuerte y firme, respaldada por ese acto jurídico espiritual de escribir un cheque en blanco.

. . . . El Oratorio Mariano por medio de su fundador andaba buscando una frase más auténtica para el sentir popular, que realmente se cuestiona siempre en la riqueza del poder político-económico que se les nota a los sacerdotes.

. . . . Desde la consagración en la esclavitud mariana, las dulces cadenas de María tornan mucho más real el estar siempre entregando nuestra llave, porque en ese gesto se emparenta y descubre su definitiva ubicación de la entrega de la llave.

. . . . Haz, Madre Santísima, que consiga hacer la voluntad de Dios durante toda mi vida que me resta; que Él abra y cierre las puertas que Él quiera. Responde plenamente a la oración del Padre Nuestro, "hágase tu voluntad así en la tierra como en el Cielo". Esta es la gran liberación respecto al enfermo yo propio, encadenado a cadenas oxidadas y no a las dulces cadenas que salvan, es el hombre incrédulo que no quiere otra cosa que hacer su propia voluntad y fijarse claramente en todo lo que a uno le agrada, aunque sea a la postre algo perjudicial al hombre.

. . . . Entregar completamente la llave como ofrenda de entrega de las dulces cadenas, cadenas reforzadas y de doble seguridad, que nos liberan y autentifican. Lo que Dios siempre quiere para el hombre es lo auténtico; porque el diablo quiere para nosotros lo falso y no auténtico, que lleva a la ruina y desesperación.

. . . . Dejarse conducir por los apetitos carnales que siempre se oponen a lo que hace bien al hombre, para asumir por el contrario las malas vibras del desorden afectivo, conductual y valórico, francamente es malo. Cuando uno le ha entregado la llave de su vida a la Santísima Virgen, entramos en otra dimensión: la esclavitud mariana libremente querida y aceptada abre en nosotros la disposición a la autenticidad y a la plena libertad auténtica.