PENSAMIENTOS

 

. . . .Hay que buscar a Dios; busquemos a Dios mientras se deje encontrar y llamémoslo mientras esté cerca. Es nuestra experiencia día a día ver a Dios en el rostro de los hombres, mujeres, niños, ancianos, también en el reflejo de mi cara cuando me veo al espejo para peinarme.

. . . .Voy encontrando una a una las cartas que Dios deja caer en las calles y cada una está firmada con el nombre: "yo estoy aquí, hijo, te amo", y ahí las dejo porque sé que a donde vaya, sea a un lugar o a otro, siempre estarán llegando otras cartas nuevas que dirán, ahí estoy yo.

. . . .Pero si es evidente, la religión está en cada esquina del universo, como decía Einstein; es algo muy simple, infinitamente simple e ingenioso, en la ilimitada extensión de todo este mundo tan grande, tan lleno de galaxias: ¿cómo no ver a Dios en él? Al Dios infinitamente presente, aunque veladamente, es a donde se dirige el corazón.

. . . .Es evidente que si nosotros aceptamos la existencia de Dios reflejada en todo este mundo, sea la interpretación que queramos darle, siempre nos estará colmando su presencia en el centro de tantas cosas que nos rodean.

. . . .Es una profunda convicción rodeada de afecto y de emoción, de esa fuerza ordenadora, racional, superior, infinitamente superior que trasciende todo y que se revela detrás de lo incomprensible de este universo.

. . . .Todas estas cosas que nos rodean en las que posiblemente se nos da el poder creer en ellas, todo viene a ser como una imagen del Verbo de Dios que se ha entregado como Pan de Vida para que tengamos Vida Eterna, para que podamos comer de Él y jamás tengamos sed.

. . . .Por eso cuando uno se deja atrapar por esta experiencia, puede llegar a decir "no puedo decir yo creo; no, es más fuerte aun: yo sé. Pero la teología nos enseña a rechazar ese pensamiento pseudo piadoso: a Dios no lo vemos y por lo tanto solamente podemos creer en Él: a Dios no lo conocemos por la evidencia intelectual sino indirectamente por sus obras.

. . . .Decía el psiquiatra Karl Young: "he tenido la experiencia de haber sido atrapado por algo más fuerte que yo, "atrapado", por algo a lo que la gente le llama Dios". Sin embargo, el yo sé es respaldado siempre por el yo creo, y es por eso que la fe tiene un poder milagroso de sacar al ser humano del polvo, de sacarlo de su estupidez, de su negatividad y elevarlo a la mayor de las grandezas, en los momentos de conflicto y a audacias en medio de grandes riesgos, como es ser capaz de ser mártir, de ser fiel y no adúltero.

. . . .¿Qué es rezar? Estar en términos de amistad con Dios, conversar frecuentemente con Él, conversar en lo secreto de tu cuarto, tal vez con las manos tapando tu rostro para concentrarte completamente en el susurro con que Él te habla.

. . . .Por eso, qué importante es el silencio, que no es algo que nosotros hacemos propiamente, sino que es como un lugar al que entramos y el Señor está siempre ahí, en ese silencio. Hablamos de guardar silencio, solo se guarda aquello que posee mucho valor, y el silencio tiene mucho valor, pues Dios está en él.

. . . .En silencio realizamos los actos que Dios nos inspira y el silencio se vuelve una necesidad para oír su voz, la mente muy llena de música y gritos estridentes, no tiene silencio, es superflua y por eso no puede acercarse al más lindo, al más lleno de bien, el Sumo Bien que es Dios. En el silencio maduran grandes decisiones y compromisos, porque en el silencio está la fragua de Dios, donde El nos va plasmando.

. . . .Orar es estar en paz de espíritu, los pensamientos se aquietan, encuentran un equilibrio los recuerdos, la profundidad de nuestras meditaciones, todo, todo se equilibra; descansan nuestros afanes, y se produce calma en nuestra tempestad.

. . . .Y a pesar de esta quietud, la forma más poderosa de energía que puede generar el hombre es la oración, hay una influencia de la oración sobre la mente y sobre el cuerpo, algunos dicen que es tan comprobable como los procesos físicos, es una fuerza real, realísima, como la ley de gravedad que nos toca experimentar en cada circunstancia física, como por ejemplo, cuando yo suelto un instrumento, un objeto y lo dejo caer, bueno, cae.

. . . .La oración nos abastece, nos llena, nos da todo lo que necesitamos, en un auténtico ir y venir para sostener la vida cotidiana, donde Dios aquieta nuestra alma.

. . . .No depende nuestra vida tanto de tantos libros que leamos, y de tanta música estridente que escuchemos en los CDs en las radios en los cassettes, en la televisión, tampoco en la parte espiritual, la cantidad de libros que podamos leer o gran variedad de sermones que podamos escuchar, ni siquiera las charlas religiosas a las que asistimos; lo que importa es la frecuencia e intensidad con que meditamos sobre estos temas y eso hará que la verdad en ellos llegue a ser verdaderamente propia de uno, auténticamente de uno.

¿Qué es la felicidad?

. . . .Deshacernos de muchas cosas y zambullirnos profundamente en algo muy grande y total que es Dios, salir del orgullo, el ansia de poder, la lujuria, esa gula que nos mata, sobre todo el alcoholismo. Libres ya de esas opresiones, cadenas y ataduras que nos impiden llegar al yo auténtico, nos vamos deshaciéndonos de nosotros mismos, llegando a una plenitud de vida, que San Pablo expresa: ya no vivo yo sino Cristo vive en mí. Como todos los enamorados, nos disolvemos en el ser amado, nos hacemos nada para entrar en el Todo de Dios, mi Tu divino que me llena.

. . . .Tantas cosas divinas que hemos aprendido en la Sagradas Escrituras y que las hemos corroborado, las hemos visto realizadas, cuando meditamos tal vez dentro de un bosque, en las praderas, en las montañas, en los espinos en flor, en los pájaros cantando bulliciosos como niños en el prado.

. . . .Sí, realmente todo lo que existe es milagroso, ¿para qué vamos a decir una cosa por otra?, todo es milagroso. ¿Cómo puede ser tan ordenado todo cuanto observamos en la naturaleza, millones de mundos girando alrededor de millones de soles, la luz, haciendo la fotosíntesis, la luz iluminando el camino, ver los animales viviendo. Verdaderamente es un real y perpetuo milagro todo lo que nos rodea, ¿cómo vamos a ser tan ciegos que no vamos a levantar los brazos para decir: ¡Alabado sea El Señor!

. . . .Por María, mi Madre, la Virgen, alabado sea el Señor, por el sol, por la luna por las estrellas, por ese milagro perpetuo que está siempre generándose en el universo. Por eso es que es importante el aprendizaje de relacionarnos con nuestro silencio interior, escuchar lo que está pasando dentro y hay que recordar que todo en esta vida tiene algún propósito, por algo es.

. . . .En el fondo no hay errores ni coincidencias, todos los acontecimientos por duros y problemáticos que sean, finalmente son bendiciones que nos son dadas para que aprendamos algo de ellas.

. . . .Hay que decir que el amor es para el espíritu lo que el sol es para la tierra.

. . . .En el silencio descubrimos el conversar de Dios en nosotros, es como una semilla en el fondo del corazón que Él planta y de ella recogemos una flor, sí, realmente el amor es como la puerta de entrada por la que el alma pasa del egoísmo al servicio y de la soledad oprimente a la armonía con toda la humanidad.

. . . .Sí, nuestros actos, aunque puedan haber pasado, en realidad no pasan, ¿por qué?, porque la obra buena es una semilla de la Vida Eterna, que va produciendo fruto y por eso es que no pasan.

. . . .Qué importante es mantener abiertos los canales de comunicación con los demás, porque el espíritu humano puede moverse así libremente por entre todas las cosas que uno puede crear: las artes, las ciencias, las computadoras, los vehículos, los planes comerciales, hasta un violinista será mejor violinista, un científico, un artista, un escritor, un comerciante, mejores personas sobre todo, al expandir y enriquecer nuestras necesidades personales para incluir siempre a los demás.

. . . .Sí, realmente el buen vecino mira más allá de las cosas que van pasando en forma externa y percibe que las personas que le rodean tienen cualidades internas que les hacen ser seres humanos y por lo mismo les hacen ser hermanos de nosotros, por eso nunca podremos decir "¿soy yo acaso guarda de mi hermano?", como le preguntó Caín al Señor que lo interpelaba después de su crimen, porque evidentemente que sí lo somos.

. . . .En el fondo, la religión nos hace sobrevivir porque nos lleva a sentir amor, compasión y tolerancia y donde se nota que alguien ama a Dios es porque ama también a sus semejantes, y así podemos saber que alguien está cerca de Dios porque está cerca de su prójimo, por eso es que no hay que aferrarse a las riquezas, al egoísmo, a los deseos inmoderados.

. . . .Si procedemos así estaremos cerca de Dios, la Virgen María nos abrirá el camino a estar cerca de Dios y de los hombres. Así, uno es realmente pleno, y sano y maduro cuando es capaz de amar a todo lo que Dios ha creado, tanto el universo como al ínfimo grano de arena, hay que amar hasta la más pequeña hoja de un árbol, olvidada, tal vez caída en el camino, y amar cada rayo de sol, porque todo viene de Dios: a los animales, a las plantas y hasta a las hormiguitas que nos invaden por todos lados en el verano, buscando cosechar para su hormiguero.

. . . .Si amamos a todas las cosas, alcanzaremos el misterio divino que habita en ellas, y así, día a día, la capacidad de percibir la verdad irá aumentando y nuestra conciencia se abrirá a un amor que va abarcándolo todo.

. . . .Por eso nuestra fe es la que forma el amor y por eso también nuestra fe debe ser indoblegable, no se debe doblegar ante nada, debe ser directa como el rayo de luz y el amor como el calor, irá expandiéndose y envolviendo las necesidades de nuestros hermanos, ¿por qué ser desdichado?, ¿por qué te permites ser infeliz?, dejemos que el amor crezca como Dios lo desea.

. . . .Busca la verdad en los otros, nos decimos a nosotros mismos; busquémosla, amemos más y a más gente, y amar menos en forma individualizada, sino más generosamente, sin esperar recompensa, sin gritar de soslayo: ¿a quién le importo yo?, la recompensa del amor llega por sí sola, cuando menos lo esperamos.

. . . .Si andamos buscando los placeres del mundo, volvámonos sobre nosotros mismos, porque sólo dentro del hombre y no fuera, en las cosas, en los placeres, en los brillos, en las frivolidades podremos encontrar la verdad. Por eso es que tantos filósofos fuera del cristianismo han descubierto esa verdad de que en ningún lado puede una mente encontrar refugio, su casa, su castillo firme, inviolable que esté más pleno de pan y más libre de cuidados, si no es en la propia alma, sobre todo cuando el alma está perdonada por Dios, cuando el alma encontró la paz, se reconcilió con el Señor.

. . . .Sí, pues, hay un sorprendente santuario del alma, un centro donde Dios viene, donde Él nos habla. Y la vida cuando parte desde ese centro en el hombre, en la mujer, es una vida llena de fuerza, de poder, de inteligencia, podemos decir que es serena, que es maravillosa, que es inefable, que es radiante.

. . . .¿Cuál es mi tarea sobre la tierra?

. . . .Reconocer el vacío, ese vacío que había en el comienzo en el universo y mirar dentro de mí para encontrar al Señor y llenar de Presencia del Sublime, llenar de María nuestra vida, porque en Ella encontramos al elocuente Señor, que como en la tierra a hecho maravillas en Ella.

. . . .Si miramos la tierra, la vemos espectacular, con sus estaciones del año, con tantos acontecimientos novedosos que van sucediéndose, que nunca se vieron antes, es un espectáculo, más grande que el mar y ese es el cielo. Es ese cielo poblado de estrellas, de mundos inmensamente grandes; ese espectáculo tan grande del cielo, ese cielo astronómico... es mirar a donde Dios nos habla con la bondad infinita de un Padre que nos quiere, y le escuchamos y le obedecemos y nos hacemos suyos. La tierra y el universo es como un Oratorio gigante, de la presencia amorosa.

. . . .Podríamos comparar la vida con una llama, y ¿cuál es la seguridad de vivir?, es gracias al sol invisible de nuestro interior que nos está hablando siempre: el Señor, su Espíritu Santo.

. . . .¡Qué importante es familiarizarnos con los ángeles y con los santos!, mirarlos frecuentemente, a cada rato, por así decirlo. Por las experiencias de sus vidas, comparándolas dentro de nosotros mismos, porque sin que los veamos directamente, ellos están siempre junto a nosotros, con sus ejemplos de vida, se nos va mostrando el camino.

. . . .Es cierto que uno prefiere vivir en un mundo basto, inmenso, lleno de sorpresas, rodeado de misterios y no en un mundo pequeñísimo, excesivamente globalizado y tan pequeño que solo con la mente podemos comprenderlo; es penoso vivir en un mundo así, sin misterios, sin cosas maravillosas que se van sucediendo.

 

. . . Algunos filósofos han dicho: hay un solo rincón del universo que podemos mejorar, y ese está en uno mismo.

. . . .Y aunque tengamos a veces tener que ser descuidados en el vestir, porque no tenemos más medios y no hay más remedio que darle, mantengamos al menos nuestra alma en orden, en paz, en entrega sosegada al buen Dios, que no necesita de medios químicos costosos ni detergentes para hacer la limpieza del alma.

. . . .Para esto, hay que ser sinceros, hay que ser veraces, limpios, sin desórdenes, la sinceridad en las palabras que pronunciamos acrecienta la confianza, la sinceridad en los pensamientos que tenemos. Permite profundidad y esa sinceridad en nuestra entrega a los demás va perfeccionando el amor, haciéndolo verdadero, auténtico, sin mentiras.

. . . .¿Cómo hacer para cuidar nuestra fe?

. . . .De la misma manera como cuidamos una planta, hay que ir sembrándola y sembrándola con delicadeza dentro de uno mismo y hacerla crecer allí, con actos de fe, ¿cómo se aprende a nadar? nadando, ¿cómo se aprende a leer? leyendo y ¿cómo se aprende a tener fe? creyendo.

. . . .Hay cosas que los ojos no pueden ver, como decía el poeta latino Ovidio, lo que la naturaleza le ha negado a la vista, le ha sido revelado a los ojos del alma, las cosas que no podemos ver con estos ojos materiales que tenemos, las podemos ver con la mirada del alma, atenta y en vigilia, guiada por el Espíritu Santo.

. . . .Por eso lo evidente para un creyente es que Dios es mi esperanza, es mi descanso, Él es mi apoyo, es el que me guía, el que va moviendo el sentido de mis pasos.

. . . .¡Qué lindo es cuando vivimos siempre disponibles a la llamada intensa de Dios!, ¡siempre listos! Para dar la bienvenida a la experiencia de Dios que nos habla, y que nos saca de nosotros mismo, éxtasis.

. . . .El humilde conocimiento de uno mismo es un camino seguro para llegar a Dios, más que las profundas investigaciones científicas de los filósofos y hombres de letras.

¿Qué es la alegría?

. . . .Es como un eco de Dios presente en nosotros, por eso es que la felicidad no está ni dentro ni fuera de nosotros, sino que está en nuestra unión con Dios, porque Dios es infinito, es feliz, es el Sumo Bien.

. . . .Y hay que mantener la fe en todas las cosas bellas, porque Dios en todas las cosas bellas se oculta y se hace presente. Creer, tener todavía la fe cuando el sol se esconde detrás de las nubes, y creer siempre en la primavera cuando ya haya pasado, o cuando velozmente haya quedado atrás el verano con sus frutos redondos, sabrosos, dejando pasar por el otoño velozmente las escuálidas experiencias invernales. También Dios cosecha el bien y la complementación de sus criaturas.

. . . .Abramos los ojos por favor, si el mundo está todavía intacto, tan fresco como el primer día, tan nuevo, como la leche recién sacada, al pie de la vaca.

. . . .Sí, realmente esta experiencia de Dios dentro de uno, por la oración, podemos compararla con una sagrada flor, que cuando es un capullo tempranero nos va llevando a la felicidad, y cuando llega a su esplendor pleno, es un capullo del paraíso de la Vida Eterna que no se acabará nunca jamás.

. . . .Realmente hay una esperanza maravillosa que llena de gozo el corazón del que cree.

. . . .En otras regiones, en otros lugares, en otras personas, donde se irradia el poder universal de Dios, hay quienes nos aman y hay quienes rezan por nosotros. Pero nosotros somos tan egoístas que rezamos en nuestra angustia y en nuestra necesidad solamente por nosotros mismos, sin embargo deberíamos rezar también en la plenitud de nuestra alegría y en los días de la abundancia agradeciéndole al Señor que es bueno, inmensamente caritativo y siempre presente, pidiendo tal vez por los que nada tienen.

. . . .En la alegría nosotros no solo nos sentimos seguros, sino que también hay algo de nosotros mismos que se expande hacia todo el universo, una corriente cálida y generosa de amor.

. . . .El amor es voluntad, voluntad de querer compartir nuestra felicidad con todos, es decir, soy feliz y hago feliz, ¡contento, Señor, contento!, ese es el ritmo del amor, y por eso la felicidad consiste en comprometerse, encadenarse con algún camino de vida o una vocación que haga feliz a la persona.

. . . .Dios está en el día y está en la noche, está en el invierno y en el verano, en la guerra y en la paz, en la necesidad y en la abundancia, siempre está Dios. Aunque el mundo creado por Dios no es Dios, sin embargo Dios está en todo cuanto El ha creado.