La Reina del Ecumenismo

 

. . . .A todos nos duele el escándalo de los seguidores de Jesús, que no nos ponemos de acuerdo y no hacemos lo que Él nos ha dicho: "habrá un solo rebaño bajo un solo Pastor", Él ha rogado por la unidad nuestra, porque su plan e intención es que seamos uno, como el Padre y el Hijo son uno, pero nosotros no hemos hecho caso y estamos terriblemente divididos, como ovejas sin pastor.

. . . .Gracias a Dios, nosotros los católicos al menos tenemos unidad por medio de la estructura eclesiástica, que Jesús determinó: el Papa y los Obispos. Pero los que más han padecido con la división son los hermanos separados de la reforma evangélica. Desde un principio formaron iglesias separadas entre sí: Lutero, arriba en el ícono, Calvino, ícono del lado, Zwinglio, más abajo, anglicanos fundados por el rey Enrique VIII de Inglaterra. Cada día aparecen nuevas denominaciones de iglesias que Jesús no fundó... y que siempre significan protestas, nuevas protestas, respecto a las iglesias reformadas existentes, sobre todo contra la Iglesia católica.

. . . .Hay que dejar siempre bien asentado que la única Iglesia de Cristo Jesús, el Señor Salvador, es la Iglesia Católica; después de su resurrección entregó a Pedro el poder para que pastorear a la Iglesia, como dice en el capítulo 21 de San Juan, le encargó a él y a los demás apóstoles que la extendieran y la gobernaran, por eso esta Iglesia constituida y ordenada en este mundo como una sociedad real y concreta subsiste en la Iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro el Papa y por los obispos en comunión con él; esto lo expresa claramente el Concilio Vaticano II en la famosa Lumen Gentium en el capítulo 8, prácticamente como sale en este artículo.

_. . . .El decreto sobre ecumenismo del Concilio Vaticano II explicita, que solamente por medio de la Iglesia católica de Cristo, que es auxilio general de salvación, puede alcanzarse la plenitud total de los medios de salvación.

. . . .Creemos que el Señor confió todos los bienes de la nueva alianza a un único colegio apostólico presidido por Pedro para constituir un solo de cuerpo de Cristo en la tierra, al cual deben incorporarse plenamente los que de algún modo pertenecen ya al pueblo de Dios y eso se va haciendo por medio del ecumenismo, para que esto ocurra nosotros llamamos a la Virgen María, "Reina del Ecumenismo".

. . . .Esto es para que Ella logre lo que a nosotros nos parece imposible de realizar, como es la sanación de las famosas heridas de la unidad. De hecho en esta única Iglesia de Dios aparecieron ya en los primeros tiempos algunas escisiones que el apóstol San Pablo reprueba severamente, como condenables.

. . . .En siglos posteriores surgieron disensiones más amplias y comunidades no pequeñas se separaron de la comunión plena con la Iglesia católica. No sin razón a veces se inculpa a los hombres de ambas partes, tales rupturas que lesionaron la unidad del cuerpo de Cristo.

. . . .Hay que distinguir acá la herejía, la apostasía y el cisma, son tres formas diferentes, le herejía cuando ya se enseñan cosas que van en contra de la enseñanza de la revelación, la apostasía cuando uno se separa de la Iglesia, se separa de Dios y el cisma cuando uno se separa como miembro aparte de la Iglesia. Es el triple caso de Enrique VIII, que empezó con la iglesia anglicana e Isabel I consolidó.

. . . .La novedad de esta piedra fundacional es poner el ecumenismo en el marco de un acto de fe de creer que Jesucristo va a lograr cumplir su voluntad, "que sean uno como tu Padre y Yo somos uno", y Él lo va a conseguir y lo va a conseguir precisamente en forma milagrosa, tal como en las bodas de Caná que hizo un milagro; nadie puede conseguir que el agua se transforme en vino así de forma repentina, por una sola palabra.

. . . .Que Dios nos ayude entonces a ser fuertes y fieles en aceptar a la Reina del ecumenismo, en suplicarle y entregarle toda la causa del ecumenismo a Ella, para que Ella consiga de su Hijo, que haga maravillas de modo que de pronto vayan apareciendo grupos de cristianos separados, que nos volvamos a ser hermanos unidos, como el Señor lo pidió a su Padre. Y llegaremos a estar unidos en la eucaristía, como en la Última Cena. La Iglesia será como un enorme ciprés lleno de ramas, y un solo cuerpo, que es el Cuerpo Místico de Cristo. María, como omnipotencia suplicante, pedirá a su Hijo, que la quiso Reina del Ecumenismo, hasta que el milagro de la unidad ecuménica sea un hecho histórico maravilloso.