Cuaresma, tiempo de preparación.

. . . .La Iglesia se une todos los años durante los cuarenta días de cuaresma al misterio de Jesús que también estuvo en el desierto, ahí fue tentado por el tentador y lo venció a favor de nosotros. ¿Qué nos manifiesta la tentación de Jesús? Que la manera que tiene que ser Mesías, el Hijo de Dios, es en oposición a lo que le propone Satanás y a la que le proponen los hombres, por ejemplo cuando Pedro le dice "eso no te puede pasar a ti" (Mt 16, 21-23)

. . . .Le quiere atribuir una manera de ser al Mesías que no le corresponde; Jesucristo vence al tentador, Satanás, porque no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino que es probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado. Por eso la Iglesia se pone en la dimensión del desierto como Jesús ingresó en el ámbito del desierto.

. . . .El Oratorio como un hijo fiel de la Iglesia, siguiendo lo que dice el Catecismo en el número 1045, durante el tiempo de la Cuaresma relee y va reviviendo todos los acontecimientos de la historia de la Salvación en el hoy de la liturgia que vivimos en la actualidad. Y la catequesis nos ayuda a abrirnos a esta inteligencia espiritual de los métodos que Dios usa para la Salvación, o sea a lo que se le llama la economía de la salvación, y eso es el modo en que la liturgia en la Iglesia nos hace celebrar este tiempo de Cuaresma.

. . . .El tiempo de la Cuaresma es un tiempo fuerte de la práctica penitencial de la Iglesia. Los días y semanas de la Cuaresma son tiempos y días de penitencia que también durante todo el año litúrgico vuelven a tomar importancia, sobre todo los viernes en memoria de la Muerte del Señor, donde rezamos el Vía Crucis. Se trata de momentos fuertes en la práctica penitencial de la Iglesia. Son tiempos especialmente apropiados para hacer retiros, jornadas o como le llaman los jesuitas, ejercicios espirituales, para hacer liturgias penitenciales, para hacer peregrinaciones como signo de penitencia, haciendo privaciones voluntarias, como en el ayuno, la limosna y las obras caritativas y misioneras.

. . . .El tiempo de la Cuaresma es entonces un tiempo apto para crecer siempre en esa trilogía: penitencia, oración y actos de misericordia, entre estos, la limosna. Esto es lo que abre las puertas del corazón del Padre, al vernos con un corazón humillado y despreciado. El salmo nos asegura: un corazón humilde y despreciado Tú Señor no lo desprecias (Sal 50,19); y si es caritativo y generoso con su prójimo, más todavía.