Novena del 3º Desafío
Oración Inicial
Querida Madre y Reina dolorosa,
que junto a tu Hijo,
has padecido con una espada de dolor
en tu corazón.
Nos advirtió el Profeta Isaías:
Creció como planta tierna
que hundía sus raíces en tierra seca,
terriblemente inhóspita.
Se ocultó, no mostraba su belleza
ni su esplendor, de ser imagen,
Verbo de Dios,
su aspecto no tenía nada de atrayente;
los hombres lo despreciaban y rechazaban.
Era un hombre lleno de dolor,
acostumbrado al sufrimiento,
agarrado por la locura de la cruz;
pero nosotros pretendemos ser
más juiciosos que El, que es el Maestro.
No lo tuvimos en cuenta
aunque él llevaba nuestra carga,
nuestros sufrimientos,
estaba soportando nuestros propios dolores.
El mundo de su época pensó
que Dios lo había castigado
y humillado extrañamente.
Pero la verdad es que fue traspasado
por causa de nuestras rebeldías;
fue atormentado a causa de nuestros pecados.
Pedir la cruz y asociarnos a sus sufrimientos
es extraño para el mundo;
pero ningún discípulo puede ser mayor
que su maestro.
Si tomamos nuestra cruz y morimos
todos los días un poco asumiendo los dolores,
veremos a la postre que su yugo es suave
y que su carga es liviana,
y que nunca seremos probados más allá
de nuestras fuerzas.
María Santísima, eres la dulzura
de nuestras cruces.
Quédate en nuestro Oratorio
Mientras haya al menos
un hijo del Oratorio que pida
la cruz del Señor, en la propia vida. Amén