Editorial de Abril de 2005

. . . .En abril, el Oratorio mariano va avanzando al recordar creadoramente grandes hechos de la historia del Oratorio, cuyo recuerdo hace bien. Empecemos por el 7 de abril, fecha del fallecimiento de Bernardita Correa, primer ejemplar del Oratorio, que puede un día, si Dios quisiera glorificarla, acercarse a un proceso de llegar a ser sierva de Dios.

. . . .Los signos más claros para ello es haber arriesgado la vida en dos oportunidades para cumplir la ley de Cristo: no matarás, que la ciencia médica de su época, en la ciudad de Barcelona, más que proponer, le exigía perentoriamente, debido a la enfermedad de Bernardita: leucemia. En la foto vemos a Gianna Beretta Molla, beatificada; en su heroísmo de la fe, prefirió morir antes que abortar a su hijo en camino.

. . . .Los otros signos de santidad se notan en la voluntad de ofrecer sus sufrimientos para ayudar a redimir a personas que estaban cerca de ella, que estaban pasando muy mal. En el Oratorio es célebre la frase acuñada por ella y su esposo: "Hemos descubierto que el dolor redime".

. . . .Añádase a esto el haber renunciado al uso de la morfina recetada por su médico para los grandes momentos de sufrimientos y dolores, con el fin de ofrecer ese sufrimiento por un pariente que estaba enviciado en el alcohol. Fuera de estos signos de amor heroico estaban los de su bondad y exquisita caridad habitual, su alegría y su contínua evasiva a hablar de sus enfermedades.

. . . .El 23 de abril, el Oratorio recuerda varios hechos muy importantes. Ese día las hermanas seculares del Oratorio Mariano encontraron su fiesta en que tienen sus admisiones temporales, también las promesas perpetuas o definitivas. Se trata de una vocación consagrada en medio del mundo; asumen de modo particular el llamado evangélico de ser levadura de la masa, contagiar la rama de las señoras particularmente, la autoeducación y espiritualidad del Oratorio, dando el ejemplo de asumir una profunda vida espiritual mientras se vive en las condiciones normales de la vida seglar, sin caer en torpes secularismos que le arrebaten a Dios parcelas de la existencia humana.

. . . .El 23 de abril toma su importancia para el Oratorio en el famoso Paso de Pirque; un 23 de abril de 1954 recibió el Padre Sergio la vocación sacerdotal mariana. Debía ser un sacerdote mariano. La vocación fue puesta a prueba severamente el 23 de abril o fecha similar de 1956, se presentó una problemática que dio por resultado esas crisis que fue resuelta en el Paso de Pirque.

. . . .Este paso independizó espiritualmente al Padre Sergio, joven novicio que no cumplía aún un mes de noviciado. Durante unos catorce años se le produce una sequía espiritual profunda, pero el seguía y seguía con su vocación de formarse como sacerdote mariano. Pese a las dificultades del medio comunitario que le rodeaba, por una parte un medio palotino-brasileño que aseguraba la libertad canónica para el paso de Pirque y por otra un medio schoestatiano-chileno, que daba la profundidad espiritual a la búsqueda en que se encontraba el Padre Sergio, quien necesitaba buscar en profundidad los carismas que marcarían profundamente la espiritualidad del Padre Sergio.

. . . .El Oratorio recuerda esa gran fiesta en el mes de abril. Con ocasión de esta fecha, los dos primeros sacerdotes del Oratorio recibieron su ordenación el 22 de abril de 1989, constituyen un gran espaldarazo y respaldo de la Divina Providencia para que el Oratorio se pudiera constituir en un movimiento organizado a fondo, y buscando su plenitud de vitalidad con sacerdotes que pudieran estar en su núcleo y corazón paternal. La Madre Santísima le ha regalado una institución sacerdotal a nuestra familia.