Devoción de la Divina Misericordia
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Hemos visto su imagen, la de Jesús de la Divina Misericordia; un as de rayos rojos y otro de rayos blancos salen de su corazón. Si supiéramos la fuerza cariñosa y llena de ternura de Jesús para con nosotros, no podríamos resistir tanta emoción y fuerza de su caridad divina.. . . .
Dios es un abismo de misericordia y nosotros con nuestros pecados y fallas merecemos que Dios se aburra con nosotros, pero su misericordia supera todos nuestros males y paga a precio de Su Sangre, de modo que no rompe la justicia divina.
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El Señor se apareció a Santa Faustina Kowalska y le indicó que propagara su devoción de la Divina Misericordia. La Iglesia recibió este mensaje e introdujo su celebración en el siguiente domingo de la Pascua de Resurrección.
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El Oratorio Mariano como un movimiento popular acoge con mucho cariño esta devoción típicamente popular, que corresponde a lo que se ha llamado en pastoral: piedad popular.
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Durante los años de la misión del Padre Sergio en Córdoba, el párroco le había asignado el barrio autódromo y en esa capilla ayudó a incrementar el culto y devoción a Jesús de la Divina Misericordia. Respetuoso de la autoeducación de las comunidades que tenía esa devoción fue celebrando y predicando con fervor sobre esta devoción. Son marcas que Dios le da al Oratorio de las que no podemos desentendernos.
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Junto a Jesús de la Divina Misericordia está también nuestra Madre Santísima, Reina de la misericordia divina; inseparablemente unida a Dios, como la Madre de Jesús de la Divina Misericordia.
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Esta forma bondadosa de Jesús se espeja en forma femenina en la maternal solicitud de María Santísima, como el sol se espeja en la luna, y le da su fulgor tan bello; es la Madre del Pueblo que busca convertirlo, por medio de la autoeducación, en pueblo de Dios, pueblo acostumbrado a escuchar la voz del Buen Pastor, que es conducido finalmente a la Gloria del Cordero de Dios.