La fiesta de la Inmaculada Concepción

. . . . En una radio, -posiblemente del Gobierno, porque se anunciaba la necesidad de usar el preservativo para tener seguridad-, preguntaban los locutores, qué se celebraba el viernes 8 de diciembre en Chile, por el feriado legal respectivo. ¿Por qué vamos a tener feriado este 8 de diciembre? Algunos no tenían idea, otro respondió que era algo de la Virgen María. Una señora con mayor conocimiento y forma más precisa, respondió que era el fin del mes de María. Otra señora, que se notaba tenía una edad más avanzada, respondió que era el fin del Mes de María y la fiesta de la Inmaculada Concepción.

. . . . Uno de los locutores, con un gesto un tanto burlón comentó, que era la inmaculada concepción es decir la concepción inmaculada. Una señora joven comentó por teléfono, que su hijo le había dicho que ese día, como había sido la concepción de Jesús, debía ser el día en que se celebran los hijos que han sido concebidos dentro del amor sexual y no en formas animales de practicar la sexualidad.

. . . . Ahí se nota que ha habido muy poca evangelización en nuestro pueblo; se confunden los misterios de la fe, por la falta de instrucción religiosa. Nunca terminaremos de dar la debida importancia a la catequesis familiar, que está implementando cada vez más un conocimiento más depurado de nuestra fe.

. . . . La fe nos enseña, que el misterio de la Inmaculada Concepción se refiere a que María Santísima fue concebida por sus padres, San Joaquín y Sta. Ana, por un acto de amor natural puro y dentro de la ley judía.

. . . . Nos enseña la ciencia biológica llamada embriología: "El huevo humano fecundado en la trompa de Falopio es transportado mediante los cilios de las células del epitelio tubárico, hacia el útero, donde se implanta, es decir, se fija y es recubierto por el tejido uterino" ("Embriología", Enciclopedia Encarta 97) En el momento en que se juntaban el espermio paterno (factor X) y el óvulo materno (también factor X) debió haber empezado a existir una persona femenina, una futura mujercita, María, con pecado original como todos los seres humanos después del pecado de nuestros primeros padres Adán y Eva.

. . . . Pero en Ella no hubo pecado original en atención a que tenía que ser Nueva Eva.

. . . . La enciclopedia católica lo expresa así: En la Constitución Ineffabilis Deus del 8 de Diciembre de 1854, Pío IX pronunció y definió que la Santísima Virgen María «en el primer instante de su concepción, por singular privilegio y gracia concedidos por Dios, en vista de los méritos de Jesucristo, el Salvador del linaje humano, fue preservada de toda mancha de pecado original». El sujeto de esta inmunidad del pecado original es la persona de María en el momento de la creación de su alma y su infusión en el cuerpo.

. . . . Por lo tanto de ninguna manera vamos a celebrar el 8 de diciembre la concepción de Jesús por obra del Espíritu Santo, sin relaciones sexuales. Se nota que los locutores y comunicadores sociales deberían tener una cultura religiosa más adelantada y no tan fuera de contexto.

. . . . Estamos a un par de días antes de la celebración de la Inmaculada Concepción. Por medio de esta fiesta, la Iglesia celebra la grandeza de la gracia en María Santísima. Viene a ser una promulgación divina de la voluntad de Dios de hacer algo muy grande con cada uno de nosotros. Constituye una antropología divina. Dios ha querido que el hombre sea hecho a imagen y semejanza de Dios. El es el ser infinitamente perfecto, absolutamente santo; nada imperfecto puede haber en Dios.

. . . . En María Santísima queda garantizado que las creaturas pueden ser elevadas a una gran similitud con Dios; se manifiesta sobre todo en esta persona humana que es María, la Madre de Dios. Queda demostrado que las creaturas podemos llegar en forma participativa a la felicidad, a la santidad y pureza de Dios. Nada imperfecto, vicioso, pecaminoso hay en Dios.

. . . . En la fiesta próxima del 8 de diciembre, vamos a celebrar que en María, nuestra Madre y Reina no hay ni una mancha de pecado ni siquiera el pecado original. Ni un pecado personal ni falta o sombra de falta en su vida. La Madre Santísima ha trabajado por su camino de santidad, poniéndole todo el empeño para asimilarse en todo a la voluntad de Dios. Nosotros estamos llamados como sus hijos marianos a luchar en serio por la santidad.

_. . . . Si nosotros no ponemos nuestra parte, la santidad se retira porque el demonio la perjudica como lo hizo con Adán y Eva en el Paraíso terrenal. La vida de Adán y Eva era una vida paradisíaca, una vida pletórica, pero ellos la corrompieron por su desobediencia, por no ajustarse de hecho a la voluntad de Dios, que los había llamado por pura misericordia a gozar de su dicha. Pero lo que se desajustó no se corrompió para siempre, porque el Señor vino en calidad de salvador a redimir lo que se había corrompido poniéndonos bajo el dominio de la muerte. El hombre fue hechizado por el príncipe de los encantos diabólicos: y se dejó atrapar.

. . . . La fiesta de la Inmaculada Concepción nos llama a poner manos a la obra, a trabajar en la Viña del Señor, por la santidad de vida. Con el sudor de nuestra frente debemos ganarnos el cielo. Deberemos anestesiarnos a todos los hechizos del demonio, que nos miente como a nuestra Madre Eva: con el diablo no se puede dialogar nunca. Hay que hacerse el sordo. No podemos tomar en cuenta al mentiroso de siempre. El refrán popular dice "a palabras necias oídos sordos": es decir anestesiarnos en los oídos, imaginaciones, no ver películas en la televisión que sospechamos nos van a hacer mal. Anestesia local.

. . . . Un clima de santidad es la clave fundamental para vivir esta fiesta de la Inmaculada Concepción. Tenemos que cerrarnos al pecado tanto colectivo como personal. No podemos dejar que el pecado se enseñoree en nuestras vidas. San Pedro en su primera carta nos dice que seamos santos en toda nuestra conducta, porque Dios es santo (1Pe 1,15s). El motivo que da San Pedro, no da otro motivo en ese pasaje, es porque Dios es santo. Hay toda una antropología divina en que se encuentra ubicado el dogma de la Inmaculada Concepción.

. . . . La antigua Eva fue sacada de la costilla de Adán; es un símbolo de la identificación de la realidad masculina y femenina, como de una misma naturaleza. Desde San Justino y San Ireneo, la Iglesia nos ha estado enseñando que María es nueva Eva. El símbolo de la costilla de Adán se aplica en María a que en Ella todo está referido a Cristo. Por eso la santidad de María es una réplica de la santidad de Cristo. Para que fuera hueso de sus huesos, carne de su carne, Dios la hizo en todo semejante al Señor.

. . . . Dios le ha infundido su santidad de modo que desde su concepción inmaculada está completamente exenta de pecado, no puede pecar. Nos llama también a nosotros a vivir ese clima de entrega y generosidad de María Santísima. Tenemos que pedir ardientemente que se cumpla en nuestras vidas ese clima de santidad. La consecuencia de esto es que la Madre Santísima nos llama a sopesar todo lo que hagamos y expresemos de cualquier forma. De modo que lo que hagamos lo hagamos de todo corazón. Deberemos columbrar todo lo que vayamos haciendo, cotejándolo con la voluntad de Dios.

. . . . Evitemos entonces esas improvisaciones dudosas donde el demonio fácilmente mete sus garras, las mismas de la hora de la tentación en el jardín del Edén. Mete su cola para enturbiar y destroncar lo que estaba bien cimentado, era bonito y hasta santo. Se trata de un proceso de autosantificación en el que Dios nos introduce y reafirma al celebrar la Inmaculada Concepción.