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. . . .Querida Madre. Eres la Madre humilde, buena y popular que estás siempre dispuesta a ayudarnos a tus hijos pecadores. Sin embargo eres tan importante, Madre, porque eres antes que nada la Madre del Verbo Encarnado. El Señor se eleva sobre su Trono, ¿quién como el Señor? Y sin embargo aunque eres su Madre, te preocupas con tanta ternura de nosotros, como si fuéramos lo más importante.

. . . .Eres maravillosamente humilde, Madre querida. Recibiste llena de fe al Cristo Jesús, al Mesías, al Hijo del Padre Eterno, que es nuestro Salvador enviado amorosamente por el Padre Amado. El Señor se eleva sobre todos los pueblos, su gloria está por encima de toda la creación, hasta los ángeles más sabios, y más perfectos tiemblan de alegría y de gozo por la presencia de Dios y también por tu presencia amorosa; porque el Señor te ha elegido a ti, para hacer la obra más grandiosa de toda la creación, dar tu sí, alma-cuerpo, para que llegara Dios a hacerse parte de su creación.

. . . .Madre, entonces quiere decir que tu Oratorio tiene que ser para nosotros como una fragua de la humildad, donde estemos llamados a ser verdaderamente sencillos, aptos como tú, nuestra Madre, para los planes de Dios. Tenemos que ser como el Señor, que prefiere a los pequeños y a los pobres, como dice la Escritura: "el Señor levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre"; por eso es que, como tú, Madre querida, tenemos que invitar a nuestros banquetes a los que no pueden pagarnos...