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 . . . .Madre Santísima, le comunicas a nuestro Oratorio tu experiencia de vida, que pudiste beber profusamente en la fuente de la espiritualidad de la Alianza manifestada en el Antiguo Testamento. Lo comunicas a nuestra familia por medio de los pactos de confianza mutua, que estamos expresando de alguna manera, desde el tercer grado y antes en los grupos de niños.

. . . .Tu experiencia es que los que confían en el Señor son como el monte Sión que no tiembla. Por eso, todos tus hijos del Oratorio pondremos nuestras manos empuñadas en el arado de tu Hijo. Se trata de limpiar y abrir con fuerza, para que la confianza sea un hecho activamente válido.

. . . .Mirándote como la mujer, a quien Dios ha bendecido y por quien hemos recibido los frutos de la vida, avanzaremos tenazmente por la ruta de la confianza, que nos hará distintos de la masa. Aunque nos pareciera imposible cambiar, sabemos que contigo vamos a salir adelante ciertamente. Tú nos comunicas, Madre, que estamos destinados hacia la persona de Cristo, por pura iniciativa suya a ser tus hijos. Así como experimentabas por medio de la geografía de Jerusalén, rodeada de montañas como poderosos brazos y alas protectoras, como ciudadela inexpugnable, nos comunicas la vivencia de la confianza, porque tú nos rodeas por todos lados, para protegernos Madre Santísima.