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 . . . .Madre Santísima, mañana es el último día del mes consagrado a ti. Es Dios mismo, como enseña la Iglesia, que ha querido que proclamemos las grandezas que Dios puso admirablemente en ti y por eso quiso que todas las generaciones, épocas, naciones, familias de seres humanos, te felicitaran por ser la Madre del Señor. Por eso el Señor ha querido que fueras inmaculada en todo, de modo que pudieras participar en cuerpo y alma de la gloria de Jesucristo, el que venció la muerte para siempre.

 . . . .Haz Madre que le pongamos mucho empeño con nuestros grados, que avancemos, que cumplamos nuestras metas y compromisos, para que todos tus hijos deseemos y caminemos hacia esa misma gloria que el Señor ha puesto en ti y que no quiere mezquinar a nadie.

. . . .Aunque los enemigos y adversarios tuyos hubieran querido ver tu Oratorio Mariano destruido totalmente, no han podido imponerse con sus poderosos tentáculos y con el poder de su diestra sobre esta porción de tu heredad, oh María vencedora, aclamada en el mes de María.

. . . .Por eso, predomina un clima de alegría: contentos, Madre contentos, porque no has permitido que tus hijos del Oratorio Mariano volviéramos nuestros corazones hacia las formas de vida, mentalidad, valores y conductas propias del secularismo, de las ideologías, de la masificación y del materialismo que todo lo contagia.