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. . . .Querida Madre de la espera, en el Señor Jesús, tu Hijo amado, hemos sido enriquecidos con toda clase de dones. Haznos crecer por Él en todo tipo de conocimiento, perfección, gracia y gloria que viene de Él. Estamos en el tiempo de la espera, buscando los llamados tuyos que se nos dan en nuestro Oratorio.

. . . . Así como en México, en los albores e iniciación de la evangelización, te presentaste al indígena San Juan Diego, Madre, quieres seguir llamando a los pequeños, a los más pequeñitos de tus hijitos, que somos todos nosotros.

. . . .En las manos del Señor, tu Hijo, queremos sabernos seguros, quien, tal como en ti, va a llenar de santidad nuestra existencia, mediante la fe, la esperanza y nuestro amor de caridad. Estas virtudes se van enraizando en nuestra vida por medio de la gran vocación divina, que se nos ha impreso en el alma, por medio de nuestro modelo personal en el que canalizas nuestro mejor yo.

. . . .Nuestro modelo personal estuvo en la mente de Dios, ya antes de la constitución del mundo. Cómo no creer, luchar y afanarnos por ir esculpiendo o mejor colaborando para que el Espíritu Santo esculpa en nuestras personas, nuestro mejor yo, que es nuestro modelo personal? Madre, ayúdame a plasmar mi modelo personal en mi mismo para hacerme el santo que Dios quiere que sea.