19

 

. . . .Madre Santísima del Adviento, ya estaban muy cercanos los días en que iba a nacer tu Hijo. La intimidad de esa comunión de nueve meses iba a llegar a su punto de culminación cuando naciera y pudieras contemplarlo con tus propios ojos: el Mesías, tu Hijo, el Hijo de Dios.

. . . .La Iglesia está en la espera, contempla, medita y suspira por el nacimiento del Rey, Salvador, el Príncipe de la paz, que nos trae el mayor regalo y don que existe. ¿Quién podrá liberarme de este cuerpo de muerte, que hago lo que no debo y precisamente no puedo hacer lo que debo hacer? Se pregunta San Pablo en la carta a los romanos. Solamente Jesús es el salvador, no hay otro nombre fuera de El, dado bajo los cielos por el que podamos salvarnos.

. . . .Madre santísima, el Señor viene como agua viva, profetizado ya en Ezequiel "derramaré sobre ustedes una agua pura, que nos purificará de todas nuestras manchas, arrancará de nuestros corazones la malicia, nos dará un corazón nuevo; quitará el corazón de piedra que no se deja motivar por el Espíritu Santo y pondrá un corazón nuevo, semejante al tuyo, virgen Madre del Adviento. Desde nuestra autosantificación quiero colaborar con el Señor que es precisamente el Salvador.