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. . . .Madre del silencio y la oración, el tiempo del Adviento es un tiempo de oración en la espera; resuman las palabras que nos enseñó Jesús treinta años después de la primera vigilia, la de María en esos nueve meses: "oren y vigilen para no caer en la tentación".

. . . .En esos días anteriores a la Navidad, te hiciste toda oración y ante la congoja del viaje a Belén, donde tendría que nacer el Hijo de David, tú no dejaste de callar, tal vez muy preocupada, pero en silencio, para escuchar los susurros del corazón de tu Hijo, que ya estaba próximo a nacer.

. . . .Haz Madre, que nuestro Oratorio Mariano se vuelva silencio, contemplación y adoración. Y que tanta preocupación de regalos, tarjetas y preparativos a la fiesta de Navidad no nos quiten arteramente lo más importante de la fiesta: tener un corazón bien preparado para recibirlo, como el corazón tuyo, de San José, los pastores, los reyes magos, los ángeles y todos los hombres de buena voluntad que habrían de heredar la paz, que habría de traernos el Señor. Ayúdanos a meditar, callar y contemplar, desde tu seno grávido, al Rey que ya está próximo a nacer.