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Radícate, Madre y Reina muy amada, radícate en tu Oratorio. Nos encadenamos fuerte-mente a ti, que nos unes al amor de los amores. Todos los modelos de la Iglesia están en ti incorporados, como en una perfecta síntesis armoniosa, por eso nuestra llamada y pedido vigoroso es que no te vayas nunca, que te radiques en tu Oratorio, es para que encadenados fuertemente a ti nos unas al amor de los amores.

Todos los modelos de la Iglesia, todas sus aspiraciones del ahora y del más allá, están contenidos en ti Madre, son como un rayo de tu luz, todo lo quiso hacer en ti el buen Jesús, por pura misericordia, por pura generosidad, que jamás se terminará. Qué felices son los mensajeros de María, qué felices los pies que llevan la Virgen Peregrina, que no obstaculizan su acción, sino que fervientemente la propagan para que, la Madre y Reina luminosa, que eres tú, puedas hacer maravillas.

Si la profecía del Antiguo Testamento decía: "Voy a enviarles al profeta Elías antes que llegue el día del Señor, día grande y terrible" con cuanta mayor razón nos envió el Señor a ti, su Madre, para que todos los modelos en ti perfectamente incorporados y sincronizados se adhieran, se radiquen por tu intermedio en nuestras vidas.

Entonces llega el día grande de la Encarnación del Verbo de Dios, hecho verdadero hombre, milagro de los milagros, porque Dios entra y se radica en nuestra pobre realidad humana. Día también terrible para los demonios y los que le siguen porque su fin ha quedado decretado definitivamente; no subsistirán más. El Señor es grande y magnífico, por tu intermedio se radica entre nosotros y por lo mismo toda tu belleza, que no se marchita, se introduce definitivamente en nuestro Oratorio.

íCómo no encadenarnos a ti que nos unes al amor de los amores y por ti quedamos unidos a Cristo Jesús, el Mesías adorado, que nos trae para siempre la luz y la salvación, como un torrente de misericordia sin fin.