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En la espera de la Noche Buena, nos hacemos una familia incondicionalmente unida a María Santísima.

 

Vamos subiendo a la montaña, vamos, vamos acompañados a Belén desde Nazaret, vamos subiendo en la espera del milagro de los milagros, el milagro de Belén. Madre Santísima, instrúyenos en los caminos de Jesús, enséñanos los senderos y variantes del camino humilde y lleno de fe, que nos lleva al Belén interior, no de los regalos, pan de pascua, luces de colores, pesebres y pinitos relucientes, en que se puede enmarañar nuestra Navidad, como les sucedió a los betlehemitas. No recibieron en sus casas al Señor de la Gloria y no hubo lugar para Él en sus familias, corazones y existencias.

Queremos ser una familia incondicionalmente unida a María Santísima, unida junto a San José en la espera del Niño. Junto al pesebre nos reconciliamos con Dios, con nuestro prójimo, hermanos, amigos, familiares y vecinos; nos reconciliamos con nosotros mismos. ĦQué maravilloso es el pesebre! ĦQué sencillo y sin embargo qué elocuente! Hasta las vacas, los corderos, la paja, y los pastores, hasta los reyes magos, nos enseñan tanto.