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. . . .Naciste, Jesús, amado Señor, trayendo la paz y unidad a los que estábamos separados.

. . . .No temas, abre tu corazón de par en par, el Señor Jesús, nacido como un humilde niño en Belén. Joven no temas, esposo, esposa, no teman; niño, niña, anciano y adulto, hombre o mujer, no teman que Jesucristo, Niño de Belén, los está llamando. Es el Mesías quien viene a salvarnos.

. . . .Naciste Jesús, amado Señor; como un sol deslumbrante de fuerza y luz, te avecinas entre nosotros los que habitábamos en la oscuridad y en tinieblas, los que estábamos divididos, separados en distintas religiones, en grupos y sectas cismáticas, en grupos con creencias afirmadas en credos humanos. Ven Señor, ven y derrota al separatista de siempre, a Satanás, príncipe de los demonios, de las divisiones, guerras y contiendas. Ven para que se establezca entre nosotros la paz.

. . . .El Padre nos ha visitado, Madre, en tu Hijo; ha desplegado al fuerza de su poder de amor; nadie puede resistirse finalmente al impacto de su bondad. Anunciamos con todos los jóvenes a Jesús, vivo y libertador, que nos une y quebra las cadenas y el odio; deshace las separaciones provocadas dentro de los corazones rebeldes, peleadores y odiosos.

. . . .Desde el encanto de tu Pesebre, Niño de Belén, brota la luz y la unidad, cumpliéndose así las antiguas profecías, que delinearon magistralmente lo que tenía que suceder: esta fuerza de salvación despertada poco a poco en la casa de David, el Hijo de Jesé, de Jacob, Isaac y de Abraham.

. . . .Ven Señor, Jesús, ven Señor, ya nacido en Belén, en los brazos de la Madre Santísima, inmaculada y virginal, como el rayo de la luz no rompe el vidrio de la ventana por donde pasa, menos tú, Jesús, Señor de la gloria, habías de romper la virginidad misteriosa y maternal de tu Madre, que amorosa te ha recibido, obediente como humilde esclava del Señor.