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. . . . Con la humildad de los pastores, el Niño nacido en Belén nos hace hermanos y hermanas a los que estábamos separados.

. . . . Aunque Belén es victoria de Dios, no por eso resuma triunfalismo y una actitud soberbia ante la vida. Del tronco humilde de Jesé, pueblo de pastores pobres, salió un rey, el rey David y de su linaje venido a menos, como eran los habitantes de Nazaret, de quien se decía como pregunta descalificadora: ¿podrá salir algo bueno de Nazaret?, precisamente de ahí tenía que levantarse la antigua estirpe de David, de la que se había profetizado un rey, cuyo reinado no tendría jamás ocaso.

. . . . Belén manifiesta la humildad de una gruta en descampado, un pesebre a falta de cuna... es encontrarnos con una pobre familia, oscura y sin importancia, compuesta por José y María, quienes tenían tan pocos medios, que no encontraron alojamiento en la posada.

. . . . Hoy Navidad está llena de regalos y gastos correspondientes; pero Belén cuando nació Jesús era un Belén indeseable... es que el Señor transforma nuestro barro en tesoro.

. . . . Tu carne, Hijo de David, permanece para siempre, tu reinado no tendrá fin; las puertas del infierno no prevalecerán contra su Iglesia. Tu cetro es cetro de autenticidad, de amor y misericordia. Con su humildad los pastores, el pesebre y la gruta de Belén nos transmiten tu mensaje, pequeño Emmanuel. Que seamos hermanos y hermanas reconciliados, que hagamos las paces ahí donde hay críticas y malestar mutuo.

. . . . Cuando nos ensoberbecemos empieza la desunión y el cisma; no queremos dejarle al otro, provocando así la desunión. Belén , seguramente, va a ser el signo ecuménico que provoque con la Madre y Reina del ecumenismo un encuentro ecuménico cada vez más profundo. También Belén es una invitación desde el Pesebre y la Gruta a superar muchas formas de pobreza y explotación indignas del ser humano. . . . .