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El silencio, adoración y contemplación de María Santísima en la Gruta de Belén nos ayuda a darle contenido a esta fiesta.. . . .
El hombre vale por lo que es delante de Dios. Hay gente hueca, que no tiene ningún valor, que está llena de mentiras, vicios, injusticias y crimen, verdaderos mercaderes, truhanes y bufones incapaces de cielo.. . . .
En el Pesebre, te vemos Madre, como dijeron nuestros obispos en Puebla: silencio, contemplación y adoración. Como un surtidor de milagros empapas, Espíritu Santo, nuestros corazones como has llenado de gracia a la humilde sierva y esclava de Nazaret.. . . .
Entramos poco a poco por ese recinto espiritual. que es estrecho y empinado, que San Juan de la Cruz grafica tan bien en su famoso cántico espiritual. ¿A dónde te escondiste amado y me dejaste con gemido? Pero con la misma gracia divina que nos acompaña, aunque de momento nos parezca que vamos solos, terriblemente abandonados, se impone la ley del silencio y adoración; seguiremos contemplando tal vez heroicamente, pero nos habituaremos a no entregar nuestro mejor yo al pecado.. . . .
La noche oscura del alma te gritaba con prepotencia y exigencia autoritaria: Dios te ha abandonado; esa es tu realidad, digas lo que digas, eso es lo que realmente te está pasando. Si fuera verdad lo de tu Hijo, no estarías delante de este pesebre miserable. Si, como te dijo el ángel, Dios le daría el trono de David, su Padre, cómo no ha habido ni una sola casa en Belén, la ciudad de David, su antepasado, que haya acogido al Señor? Ahí se ve que todo no es más que un engaño y una ilusión.
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Pero tú, con ansias de amores inflamada, silencio, contemplación y adoración. Saliste, sin ser notada, estando ya tu muerte y tus pensamientos sosegados. Como dice San Juan de la Cruz, a oscuras y segura por la secreta escala de la fe, te introduces, guiada por el Espíritu Santo, en la dichosa ventura, aunque a oscuras y a escondidas, burlando al maligno enemigo y sus falsos razonamientos de la incredulidad; te introduces en el verdadero Belén, que es un tesoro, aunque los adultos no lo podamos comprender así.







