8.- Domingo 20 de enero
Home
index.html
1.- Yo no le conocía y el Espíritu me dijo...
. . . .
Las cosas misteriosas e intrincadas las dan a conocer los entendidos. Si alguien no nos enseña a hablar un idioma, si no tenemos acceso a ciertos secretos de los artesanos, no podemos tener entrada en ese rubro. Si no hubiera guías de turistas, guías telefónicas, colegios básicos, medios, universidades, seminarios y noviciados, nadie podría formarse en la cultura y en el sacerdocio y/o vida religiosa.. . . .
Las cosas de Dios solamente las puede dar a conocer El mismo y a quien El quiera dárselas a conocer.. . . .
En un principio todos somos ignorantes sobre las cosas de Dios; ignoramos a Jesucristo, no lo conocemos; no le este mayor importancia; tal vez pudiera llegar a competir con los Beatles, con Harry Potter y el viejo Nerón.. . . .
Pero es verdad que a Jesús lo vamos conociendo poco a poco, porque El se nos va dando a conocer. Sabemos mucho de fútbol, de los signos del zodíaco, pocos productos sofisticados de la computación, de las noticias mundiales y de los últimos CD del ranking, pero muy poco de Jesús, hasta que sea el Señor de mi vida, el que orienta hasta en sus más finas ramificaciones mi vida diaria, tiene que pasar mucha agua bajo los puentes de la experiencia.. . . .
Yo no lo conocía pero empecé a conocerlo porque el Espíritu me lo da a conocer.2.- Detrás de mí viene un hombre que existía antes que yo.
. . . .
El Señor es el soberano. Si en el colegio y en la universidad al alumno no le queda otra que someterse a las pruebas que le coloca el profesor, a las materias y métodos de estudio, cuanto más nosotros tenemos que someternos al único que puede prever que Juan Bautista es profeta para decir que Jesús existía antes que él, aunque habría de venir detrás.. . . .
Existía antes que yo; es decir, es mi Señor y mi Dios, el que preexiste, el que era antes que Abraham, Isaac y Jacob.. . . .
Jesús es mi soberano, mi dulce esperanza, no es un rey injusto, aprovechador y caprichoso, a quien debemos temer, en el sentido de tenerle pánico y terror de caer en sus manos. La dulzura de nuestra Madre y Reina del Oratorio, que nos acoge diariamente cuando la visitamos en cualquier ocasión de nuestra vida, es la mejor garantía del corazón dulcísimo de Jesús, que existía desde siempre y por pura misericordia y bondad, ha entrado en nuestra realidad para llenarnos con sus dones.. . . .
Nosotros queremos aceptar plenamente sus bondad, que no se marchita nunca, ni con nuestras propias traiciones y debilidades humanas. Una mamá pudiera, aunque muy difícilmente, aborrecer a su hijo drogadictos, que le ha vendido casi todos los bienes, que es un degenerado e irrespetuoso, pero Jesús no. El sigue buscandolo porque para esto lo envió su Padre, para salvar lo que estaba perdido.3.- Yo lo he visto y puedo decir que este es el elegido de Dios.
. . . .
San Juan habla a partir de la obediencia a la experiencia propia y a la evidencia. Yo lo he visto. Juan Bautista es un testigo privilegiado, es un testigo calificadísimo, el mayor de los testigos que dieron testimonio de la verdad, aunque dar testimonio le habría de costar la vida, como a tantos mártires de todos los tiempos.. . . .
Basado en la autoridad de esta evidencia, de esta seguridad de quien sabe que se trata del Mesías, afirma enfáticamente "Puedo decir que este es el elegido de Dios". El Oratorio Mariano, los grupos, ramas, agrupaciones, etc., han tenido la evidencia del actuar de nuestra Madre y Reina en esta familia. Debemos dar testimonio de la verdad, aunque sea al precio que sea.. . . .
¿Cómo podríamos mentir y decir con un hipócrita autoconvencimiento, "no sé, no sé si la Madre está actuando en el Oratorio"?. . . .
San Juan había tenido la evidencia que Jesús era el elegido de Dios, que era el esperado de las naciones. No se echa para atrás, tampoco lo hizo cuando se le preguntó si era legítimo que Herodes, en flagrante adulterio, estuviera viviendo con Herodías, la mujer de su hermano. Confesó la verdad; era testigo de la verdad, no estaba comprometido ni coludido con los poderosos de este mundo. Yo lo he visto. Puedo decir que este es el elegido de Dios.. . . .
¡Es relativamente fácil pronunciarse por la mentira!, relativamente más fácil, aunque después trae terribles consecuencias. Pero el que no niega la verdad, el Hijo lo reconocerá ante su Padre de los cielos.