b) Etapa de los grupos marianos
pre-Schoenstatt
. . . . . . . .. . . . . . . .
. . . . (Cfr. Coñaripe IV nº 187-224).. . . .
Este tema fue desarrollado en el folleto, Coñaripe IV, que escribí hace algunos años. Voy a copiar haciendo apenas un par de retoques, tratando de conservar el texto original lo más que pueda.. . . .
La concepción que yo tenía de los grupos, hizo con que crecieran rápidamente. Muchos grupos y todos metidos, tal como los actuales grupos marianos, en la autoeducación, mariana y produciendo una lenta selección de los más interesados. Lo mismo, que cualquiera de nuestros asesores ha experimentado. La diferencia, es que en aquella época trabajábamos sin Oratorio. Lo correspondiente al Oratorio estaba sumamente lejos, y la gente no podía pretender llegar allá, muy seguido. Las reuniones se hacían en las casas de los chiquillos, pero faltaba el ambiente sobrenatural que se consigue con el Oratorio.Se cierra una puerta y se abre otra:
. . . .
En la comunidad se me seguía diciendo que yo corría con colores propios, o al menos tenía la tendencia. Y veía yo la voluntad de Dios, en tratar de amalgamar lo más posible con la comunidad, pero sin renunciar a mi propia autenticidad. En Carrascal comenzaron a decir que era necesario una reunión de asesores para que trabajáramos más en equipo. Confieso que instintivamente le tenía miedo a esa reunión, por ciertas señales "en el aire" que se notaban, y me daban mala espina.. . . .
Finalmente fui cogido definitivamente en una reunión que se programó en Carrascal para el 22 de agosto. (1969). Ese día se celebraba en la Liturgía, el Dulce corazón de María. Era un día tempestuoso. Negras nubes y muy arremolinado el firmamento. Hacia frío, bastante, que calaba hasta los huesos. Eramos cuatro asesores, dos sacerdotes y dos religiosas. Desde que comenzó la reunión, todos apuntaron a una critica negativa contra mi trabajo en Carrascal. Era una crítica tan demoledora, que yo no sabía que hacer. Nadie me ayudaba a defenderme. Estaba solo, y me cayeron como una jauría encima.. . . .
Yo para mis adentros gemia a la Madre, trataba de hablar con calma y dulzura externamente, aunque a uno de los asesores se le había irritado notablemente la voz, y me hablaba imperiosamente. A la Madre le dije:"Hoy justamente para el día de Tu Dulce corazón me pasa esto. ¿Donde está lo dulce?. . . .
En resumen me habían dicho que yo no seleccionaba a la gente y estaba quemando Schoenstatt en Carrascal, formando cualquier cantidad de gente que no daba un buen ejemplo, y por lo mismo reportaban una mala imagen. Que había que seleccionar primero a la gente y después llevarla a Schoenstatt, para que fuera un movimiento de calidad, como el Padre Kentenich lo había plasmado.. . . .
Para mí en ese momento, no había otra cosa que escuchar la voz de Dios que me estaba pidiendo algo muy doloroso para mí, que dejara de trabajar con Schoenstatt con aquella juventud, que a mí entender necesitaba urgentemente una ayuda espiritual, como yo la había tenido cuando entré al movimiento de Schoenstatt en mi juventud.. . . .
Dolor y rabia, eran los ingredientes de mis sentimientos en esos momentos. Me parecía terriblemente injusto. Pero había que hacer equipo... todos me indicaban la voluntad a hacer equipo. Esa parecía ser la voluntad de Dios. Adolorido me fui de esa reunión, y unos quince minutos después me encontré con los muchachos del grupo. Les indiqué que ya no podíamos seguir en Schoenstatt, que las puertas se nos habían cerrado en las narices.. . . .
A mi conciencia saltó una clara noción: yo soy sacerdote de la Iglesia católica y no tengo derecho a dejar tirado a estos chiquillos con los que he comenzado, y recordé que el mandato que me habían dado, contra mi voluntad , de trabajar también con grupos en el sentido de Schoenstatt, y no solo con Schoenstatt, me permitía seguir trabajando con esos chiquillos.. . . .
Les propuse hacer scoutismo con ellos. No quisieron por ningún motivo... ellos querían seguir con espiritualidad. Querían seguir trabajando con María. Entonces les propuse: Trabajemos con una nueva institución que nosotros mismos fundamos:"Grupos Marianos". Algo diferente a Schoenstatt, pero parecido... Hubo una inmediata aceptación.. . . .
Esa era la puerta que se había abierto. Yo en ese momento no tenía conciencia del Oratorio que habría de fundarse más adelante. Lo que me saltó claramente a la conciencia, es que debía ser diferente de Schoenstatt, con una estructura que no hubiera en Schoenstatt, para que no me pudieran decir los asesores, que era un desobediente al equipo, porque me mandaba con colores propios, y camuflaba a Schoenstatt, obedeciendo al equipo por encimita no más.. . . .
Todo lo que estaba ocurriendo,y que parecía ser, algo trivial, algo mío, un problema pastoral mío; no era otra cosa que una conducción divina especial, para que se llegara a fundar el Oratorio Mariano. Esto lo digo ahora a distancia. Una de las razones más poderosas, fue el hecho de esta cláusula en el mandato, que me había desagradado tanto.. . . .
La estructura en grados se me ocurrió en base al scoutismo: primera clase, segunda clase y tercera clase. Que en el scoutismo se basa en requisitos. En el Oratorio se basó en metas de vida. Era algo enteramente nuevo. Eso no existía en Schoenstatt. Lo concreto de sus programas, no estaba así estipulado en Schoenstatt. Tampoco la ceremonia de los terceros grados, etc. Todo eso era algo nuevo, propios de los grupos marianos. Nació por lo tanto en el Dulce corazón de María, en el día de su inmensa ternura por el pueblo. Después vinieron las experiencias que corroboraron plenamente que los grupos marianos eran un buen camino para llegar a Schoenstatt.. . . .
Se extendieron los grupos marianos por muchos barrios populares, siendo una buena opción que realmente captaba gente de las poblaciones marginales y les ayudaba a formarse. Creció una especie de media luna de grupos que abrazaban Santiago hacia la cordillera. Desde Conchalí, Renca, Carrascal, Mapocho, Cerrillos, Santiago Centro, La Granja,Puente Alto; los grupos marianos se fueron extendiendo, mientras la U.P.(Unidad Popular) nos arrebataba mucha gente en las contiendas políticas, y a la vez nosotros lográbamos seguir adelante, por más problemas que se presentaran. Los grupos marianos crecieron y llegaron a ser un camino de selección, en que muchos siguieron adelante y llegaron a entrar en Schoenstatt por aquellos años. En toda parte donde había masa juvenil, florecían bien los grupos marianos. Llegué a tener una treintena de grupos marianos pre- Schoenstatt en Hay que advertir que los grupos marianos en sí no fracasaron como estructura pre- Schoenstatt, puesto que llevaron de hecho a mucha gente a entrar en el Movimiento de Schoenstatt. Incluso hay vocaciones de sacerdotes o futuro sacerdotes que nacieron en los grupos marianos. Al menos hay tres en este momento que están en el Instituto de Los Padres de Schoenstatt: (Un grupo del colegio Patrocinio de San José, un grupo Carrascal -Mapocho, un grupo de la Florida) y otro fue al seminario de Santiago y se mantiene dentro de Schoenstatt (Renca). Por eso no se puede decir que los grupos marianos en sí hayan fracasado, sino que no fueron aceptados por la organización del movimiento de Schoenstatt. 1) Controversias con la central del Movimiento:. . . .
En Carrascal no hubo dificultades conmigo. Más bien en la calle Infante, donde vivía yo, y estaba la sede del Movimiento. Desaprobación de mi persona y desaprobación de mi tarea, fue gestándose lentamente. Se argumentaba que yo no sabía hacer equipo y que corría con colores propios. Se me pedía que yo ubicara gente y los llevara a los grupos universitarios que ya existián. Pero no se pudo. ¿Porque?.a) Ambiente de Bellavista era chocante para los jóvenes de mi grupo de ambiente popular. Me exigía mi Superior inmediato, el jefe de la rama juvenil masculina, que llevara los jóvenes a Bellavista, y yo trataba de cumplir, pero los chiquillos de procedencia popular, al ver los árboles frutales cargados de frutas, querían subirse y sacar. O al ver los naranjos llenitos de naranjas, que embellecían el lugar, preferían llenar el estómago. Y era muy mal visto. O al llegar a Bellavista y ver los automóviles lujosos que traían los Schoenstattianos por el hecho de ser profesionales bien promovidos; surgía un impulso de crítica y de tendencia socialista, que era utilizado por los marxistas para criticar nuestro grupo. Por eso es que lentamente se iba produciendo en mí una convicción de que era necesario que el lugar Santo estuviera más a la altura del pueblo. En una reunión de asesores dije que creía que era necesario que Bellavista fuera más popular, y que se viera la posibilidad que los profesionales llegaran con sus autos, pero no directamente al local, para no escandalizar a nadie. Se rieron de mí y me dijeron: "Tu quieres que la gente llegue en carretela..." Era yo un inconformista, que la gente no podía tragar.
. . . .
Yo no hacia esto, ni daba mis puntos de vista diferentes, con el deseo de excentricidad o de snobismo, para llamar la atención. Sino era mi convicción largamente madurada desde los años de Brasil. Otras veces, al traer los muchachos de los grupos, se sentían pésimo frente a los universitarios, que tenían una seguridad de palabras y enorme expresividad. Póngase además el hecho de estar ante un grupo de universitarios y universitarias al mismo tiempo: Se chupaban totalmente. Yo estaba hecho un nudo toda la reunión, viendo que me estaban masacrando psicológicamente a mis chiquillos. Pero había que hacer equipo... y yo intentaba heroicamente en hacerlo. Pero la conciencia me empezaba a reclamar. ¿Era justo lo que yo hacía con mis grupos?. Aunque todos los asesores me insistieran ¿Era justo lo que hacía?.. . . .
En una oportunidad, uno de los universitarios, me saludó en voz alta, delante de los jóvenes míos: ¿Vino ya con sus mapuches? ¿como están? Lo más hondo de mí se rebeló ardientemente. No dije nada, sonreí, tragué saliva y seguí tratando de armar equipo.b) Manifiesta no aceptación de mis métodos de trabajo:
. . . .
Los choques más duros los tuve con el asesor de los universitarios. Los puntos objetivos donde podríamos localizar las críticas son:1.- Yo separaba a los chiquillos de los grupos de los universitarios: Esta crítica es cierta en alguna medida, pero así son los grupos marianos son autónomos entre sí, y cada uno tiene su propia estructura, y se unen entre sí, en la medida que es posible, que los unen diversos puntos de interés: y por ellos no están separados. Siempre fui enemigo de que un movimiento se organizara en forma masiva.
2.- El sistema de metas de los grupos marianos no correspondería al método del Padre Kentenich.
3.- Que no hacía equipo y no organizaba bien.
4.- Que dispersaba a los chiquillos en diversos barrios, en vez de atraerlos hacia la casa del movimiento. Con el tiempo hemos visto que los grupos mariano, si necesitan un Oratorio Central, también necesitan desparramarse en Oratorios locales, que sean autónomos y dependientes al mismo tiempo, respecto al Oratorio Central.
5.- Que no llevaba suficientemente a Bellavista a la gente. Toda esta sensación constante de no ser aceptado, de que mi punto de vista no tenía mayor validez, me iba haciendo extraordinariamente penoso el trabajo. En cada almuerzo o en cada momento en que estudiábamos el estado del movimiento. Yo me encontraba en situación muy incómoda, de no ser aceptado. Las críticas o los silencios- críticos, estaban constantemente al acecho. Yo que necesitaba contar lo que me iba pasando, para poder ver sugerencias constructivas, estaba permanentemente a la defensiva, porque había una radical no aceptación. Por otra parte estaba pendiente la crítica de no hacer equipo... y yo esforzándome en hacer lo posible para complementarme, aunque teníamos puntos de vista diversos. Ellos no se entendían conmigo y a mí me costaba entenderlos. c) Discusión con el Director del Movimiento de entonces (1970)
. . . .
El entonces Padre Francisco José Cox (Obispo de Chillán, Arzobispo de La Serena y ahora emérito en Roma) era el director. A su regreso de Roma, ese año 1970 nos encontró un día con una gran discusión. Me llamó a su oficina, y ahí discutimos violentamente. Me dijo que él me había defendido respecto al asesor de la rama masculina; y me dijo al mismo tiempo que yo tenía que ceder, que la estructura de los grupos marianos tenía que ser fijada no por mí, sino por el Director del Movimiento: él. Yo le dije: que el hecho de que los grupos marianos formaran gente para llevarlos a Schoenstatt, no quería decir que fueran schoenstattianos. Sino que expresamente, por el problema de Carrascal (22 de agosto de 1969), no pertenecían al movimiento.. . . .
El se puso indignado en la ocasión y dijo que de todos modos dependía del Movimiento, que bastaba con que estuviera encaminado a Schoenstatt para que dependiera de la Central de Schoenstatt. Me pareció eso tan falso que repliqué: "No es de Schoenstatt y por lo tanto no depende de la Dirección del Movimiento". Ahí terminó la discusión ... El tiempo me demostraría que los grupos marianos no pertenecían al Movimiento de Schoenstatt.d) La última reunión nacional de asesores de Schoenstatt: 1970
. . . .
En esa reunión de asesores, me pidieron que expusiera el método de educación de los grupos marianos. Yo mostré las metas y los grados, cómo funcionaban los pasos pedagógicos y cómo estaban dando un buen resultado, porque en ese momento asesoraba cerca de treinta grupos. Cuando yo daba mis cifras, la gente se reía, porque nunca se había dado tener un asesor tantos grupos: treinta grupos.. . . .
Después de exponer la parte pedagógica, una hermana mariana que se decía que había sido especialmente formada por el Padre Kentenich, que era de su confianza y conocía mucho sobre la historia y gestación de Schoenstatt, dijo en esa oportunidad, que los grupos marianos no correspondían a la mentalidad del Padre Kentenich, y que desaconsejaba mi manera de educar. Yo me sentí acusado y ahora solemnemente no aceptado. Si hubiera tenido más madurez yo en aquella época, ciertamente habría seguido esperando una mejor coyuntura y habría seguido peleándola. Pero los tiempos no estaban para mí y Dios quería sacarme de Schoenstatt.c) Se cierra definitivamente, por algunos años, la puerta de Schoenstatt. Poco tiempo después de esa reunión tempestuosa para mí, y llena de dolor, de vergüenza y humillación ante el máximo organismo del Movimiento, hubo un retiro largo para los Padres de la comunidad de los padres de Schoenstatt. Y yo debía asistir. En ese retiro largo de casi cuatro meses de duración, teníamos que examinar nuestra vida pasada. Y yo me di cuenta que mi relación a la comunidad no andaba bien, que no era sano estar todo el tiempo en tensión permanente y estructural.
. . . .
Traté de hablar con el asesor de la rama juvenil masculina, para ponerme de acuerdo con él, en los puntos de diferencia. Entre siete y diez veces espaciadas a veces por una semana, le pedí que habláramos. Pero él no aceptó y difirió para más adelante un futuro entendimiento. El retiro llegaba a término y yo me iba a volver al trabajo pastoral con todo el problema adentro. Yo creía que Dios no podía estar de acuerdo que yo no hiciera equipo.. . . .
Eso me llevó en los últimos días, cuando ya desesperé de conversar con ese asesor, a escribir un pequeño comentario en que decía como una propia declaración de principios: "Mis reglas del juego: 1) El trabajo debe ser según el binomio: Unidad-independencia. Según esto: a) No acepto que se metan otros a determinar cosas con los grupos que están a cargo mío (Como si fuera cirujano no admitiría que otro tomara iniciativas en una operación que yo dirija, sin antes consultarme y que yo libremente le dé la autorización). b) Busco el intercambio pero yo me reservo la libertad de aceptar o rechazar condiciones específicas en este intercambio.2) Yo tengo mi estilo de trabajo y pido que o se me respete o digan claramente que no sirvo para el cargo y ese trabajo: aunque estoy dispuesto a recibir consejos y correcciones. Por esto doy el tremendo salto mortal de entregar todos mis grupos mientras no se me aclare el panorama y la aceptación de éstas reglas del juego."
. . . .
Este escrito en borrador fue a caer en manos de uno de los padres del consejo directivo de los padres de Schoenstatt. Y me pidió permiso para llevarlo a Consejo. Yo acepté. Pensaba que me iban a dejar tranquilo, y se acabarían los problemas fundamentales de intercambio. No fue así, todo lo contrario, me salió el tiro por la culata. Se me pidió que abandonara el trabajo del Movimiento por algunos años, hasta que madurara en la relación persona - comunidad. Me pedían que entregara todos mis grupos schoenstattianos que había formado a asesores de confianza, que me sometiera al control de un psicólogo, para tratarme de alguna enfermedad mental que debería estarme afectando e impidiendo mi vida comunitaria. Creían talvés que en mi contacto con la mujer hubiera algo enfermo.. . . .
Fuera de esto me pedían trabajar en la rama ruta de las federación de scout católicos. Rama que todavía no estaba estructurada. Demás está decir que para mí fue un diluvio, y una tempestad terrible, estaba marginado y en el más oscuro túnel. Me asustaba que me creyeran enfermo mental, y que me pudieran con eso hacer una definitiva zancadilla.. . . .
Esos días y semanas, no se las doy a nadie. Creía morirme, me cabezeaba leyendo material scout, como un león enjaulado buscaba una salida a mis problemas, pero no la había. Entre tanto corría el plazo para ir a enfrentarme a la psicóloga elegida ad hoc: Elena Hoffmann. Ellos la eligieron, no yo.. . . .
Al cabo de algunas pocas sesiones, de pronto me dijo: "Mire Sergio, usted es totalmente sano en el núcleo de su personalidad, no hay conflictos. Tan solo hay pequeñas fobias creados por la situación existencial muy tensa en que usted se encuentra". Creía que mi drama fuera un problema de celibato no verdaderamente asimilado. Y me dio permiso para buscarme una mujer, en nombre del Papa que estaba a punto de dar permiso a los sacerdotes para casarse, según ella. Yo me reí en su cara y le dije, que nadie me podía obligar a casarme, porque yo mi decisión y anhelos de servir a la Iglesia en forma mariana , eran demasiado intensos desde el Paso de Pirque. Para que me echara para atrás.. . . .
Finalmente me soltó, después de dolorosas experiencias que me hizo pasar enfrentando a una mujer que me enseñaba ejercicios de relajación. En una oportunidad ella se levantó la falda hasta dejar la ropa interior a la vista. En otra oportunidad ella se puso una prenda íntima destacando el pecho en forma escandalosa.. . . .
Gracias a la Madre pasé airosamente la prueba. Nada me ocurrió a pesar del miedo instintivo que sentía al proceso en que me estaban obligando a participar. Yo quería obedecer heroicamente. Aunque no me agradara debía seguir hasta el final.. . . .
Pero los Superiores de Schoenstatt no quedaron conformes con lo que había dicho la Dra. Hoffmann y me enviaron a otros psicólogos de su confianza, que resultó ser Beltrán Elgart. Después de varias sesiones en que me buscó por todos lados dijo: "Usted Sergio es completamente normal, no hay ningún problema en usted salvo que está en una situación existencial muy difícil y dolorosa para usted. Y me dijo que no veía otra posibilidad que salirme de la comunidad en que estaba"; yo le dije acaso podría darme por escrito su dictamen porque más adelante podría decir cualquier cosa, y asintió escribiendo en un papel de recetas de su consulta:. . . .
"DR. Beltrán Elgart G. Colegio Médico: 4971 Hemos tenido varias sesiones de psicoterapia con el Rvdo. Padre Sergio Mena, y podemos certificar que todas las características de su personalidad se encuentran dentro del rango de la más absoluta normalidad" Beltrán Elgart. 22 Dic. 1972.. . . .
Esto lógicamente que va a ir determinando en ustedes una tranquilidad y confianza respecto a mi persona. El Cardenal Raúl Silva Henríquez cuando vio este certificado médico, comentó: "Yo como conocedor de gente, no necesitaba de eso para darme cuenta que eres sano." Pero de todo este proceso me ha quedado una cierta timidez, como debilidad de naturaleza, sin caer en la anormalidad.