a) Etapa de los pregrupos marianos.

Antes del 22 de agosto de 1969

. . . .Durante mis estudios de filosofía y teología en Brasil, había hecho algunos contactos apostólicos con jóvenes del Seminario mayor pallottino, en Santa María. Algunos pensaban que perdía el tiempo con esos jóvenes... de los que no era mucho lo que se podría obtener en el aspecto intelectual. Mientras no me prohibieran yo iba a seguir adelante; efectivamente ningún superior me llamó la atención por estos contactos, que yo estimaba en mucho, porque se empezaba a cumplir muchas cosas del Paso de Pirque.

. . . .En oportunidades se me daban ciertos trabajitos menores, como es el caso de un campamento de juventud; debía ayudar asesorando a un joven boliviano que había viajado a Chile, para que se viera la posibilidad de fundar algo en Bolivia. En ese trabajo y otros se perfilaba el dejar libre a las personas que se me encomendaban, y darles confianza para que pudieran emprender algo. Veía que con esta mentalidad ellos se sentían partícipes y coactores, sentían como algo propio aquello que se me había encomendado. No pasaba así cuando pretendía vigilarlos para que no hicieran nada malo. Veía que era un buen método buscar el despertar de la propia autenticidad de cada uno.

. . . .Los seminaristas que veníamos de Chile, en general estábamos mejor preparados intelectualmente y traíamos vivencias de conversión a partir de Schoenstatt. Eso no ocurría tanto con los brasileños; para quienes se trataba más de super estructuras que había que acatar... para que los superiores los dejaran seguir adelante y no les aconsejaran salirse del seminario... lo que ocasionaba una crisis familiar. Esta percepción ocasionaba en algunos una crítica al tipo de personas que había que introducir en el movimiento. A mí me dolía percibir esta diferencia, y le tomé un gran aprecio a los jóvenes brasileños, que estaban necesitados de amistad y compañerismo, sin caer por supuesto en amistades exclusivas...

. . . .En mi caso concreto nunca tuve un amigo exclusivo. Lo más que logré tener fue un grupito de unos cinco amigos más cercanos: Valmor, Bruno, Gentil, Marcos, Angelo... Esto fuera de muchos otros con quienes también estaba en constante conversación: Odilo, Loady, Dorly, etc. Con Angelo compusimos el canto, "A santinha, vejo em casa, e eu puxei do meu terçinho", que evocaba los tiempos de don Joao Pozzobom, siervo de Dios, que se encuentra en proceso de beatificación bastante adelantado.

. . . .En ese ambiente se me fue dando una cierta forma de apostolado indirecto, que iba a motivar mi modalidad de formar grupos juveniles. Con ellos se iba gestar la problemática de Carrascal, que nos obligó, por obediencia a seleccionar la gente antes de ingresarla a Schoenstatt.

. . . .Con el Paso de Pirque se me había dado una cierta forma de odología que no tenían mis compañeros seminaristas chilenos de Santa María. Ahí se gestó un cierto cariño hacia la clase media baja y popular, pero me recusé firmemente a la línea política socialista que tenían algunos seminaristas de Porto Alegre, con quienes mis superiores me pusieron en contacto.

. . . .En junio de 1968 llegué a Chile, por obediencia a mis superiores de Schoenstatt. En realidad más me motivaba seguir mis estudios en Europa y tal vez en Tierra Santa. Hay que destacar que dos de mis profesores de Suiza habían escrito sendas cartas para motivar a mis superiores en Chile, para que pudiera proseguir mi formación intelectual, después del licenciado en teología que pude efectuar, aunque no con tan buenas calificaciones como mis antecesores que habían estudiado en Friburgo, mientras yo estudiaba en Santa María. Pero mis superiores de Chile no hicieron caso de esas cartas escritas por el Prof. P. Barthélemy y Prof. O. Pinto.

. . . .Los superiores me tenían destinado a ayudar en el Equipo Pastoral Maipú, que ese año estaba en una campaña muy intensiva recorriendo gran parte de Chile con la Imagen de la Virgen del Carmen, del templo votivo nacional. En ese momento se estaba recorriendo el Norte de Chile. Anduvimos en aviones militares escoltando a la Generala de las fuerzas armadas de Chile. La llevamos a Iquique, Arica, Antofagasta, Calama, la Serena, etc.

. . . .En este trabajo yo parecía no dar pie en bola; el director del Equipo veía críticamente mi actuación, que no era lo que ellos habían esperado al llamarme a ser parte de su equipo. Ahí se notaba claramente que no nos afiatábamos porque teníamos diferente formación y el Paso de Pirque de por medio. Hay dos momentos de desencanto aparentemente más serios: el primero fue en una pequeña alocución que tenía que dirigir al mundo de los trabajadores en Iquique. A los líderes obreros que estaban ahí les gustó mucho mi alocución; de hecho me vinieron a felicitar y abrazar con gran cariño. No ocurrió así con mis jefes, que descalificaron mi actuación como carente de contenido intelectual. Según ellos, yo no había logrado transmitir los temas que habíamos visto en reuniones previas, que se venían preparando desde Santiago, mientras yo estaba aún en Europa terminando mi licenciado en teología. El otro momento que ocasionó directamente mi exclusión del equipo pastoral Maipú fue la peregrinación de los taxistas. Se me encomendó a mí la preparación de esta importante actividad que podría aproximar un gremio difícil al Templo de Maipú. De acuerdo a la preparación pastoral que yo había tenido en Brasil, organicé la romería. Esto ocasionó un fuerte choque de temperamento y mi ulterior salida del equipo. La cuerda siempre se corta por lo más delgado, en este caso yo era apenas un advenedizo en dicho equipo.

. . . .Los superiores se vieron obligado a buscarme otro trabajo pastoral... se dio la circunstancia especial del viaje de un sacerdote diocesano de Schoenstatt a su patria, Ecuador, y la necesidad de cubrir la atención de un grupo de jóvenes que había dejado en Carrascal. Era el P. Hugo, sacerdote miembro del Instituto Secular de padres diocesanos de Schoenstatt. Era un excelente grupo de jóvenes, procedentes del mundo popular; era un grupo paralelo a la gente de la Parroquia, N. Sra. de los Dolores, que atendían los padres de Schoenstatt. Por tratarse de una obra de un sacerdote diocesano, ellos no se habían metido mayormente con ese grupos, por lo demás incipiente. Constituía desde sus inicios un grupo extraño a los laicos de la Parroquia, era un grupo bastante al margen, porque el P. Hugo venía de una parroquia vecina, y en el fondo los chiquillos eran de un barrio muy próximo a esa otra parroquia.

. . . .Aun me recuerdo de algunos de ellos, Roberto Polanco (Tito), Pancho Polanco, Miguel Polanco, Núñez, Fernando, Ramón, un pariente de los Polanco, otro joven que no calzó nunca con ellos, porque era más promovido económicamente.

. . . .Era un grupo netamente popular; los Polanco eran obreros de la construcción. Me sentía en mi propia salsa: estaba feliz dirigiendo ese grupo; no me podrían haber dado un regalo más lindo como en esos momentos de humillación por haber sido exonerado de mi trabajo anterior. Ahora resultaba para mí una bendición que me hubieran dejado fuera del equipo. Era un grupo schoenstattiano, así me lo pasó el Padre Hugo.

. . . .Poco a poco los padres de la Parroquia empezaron a decir que ese grupo debía integrarse con la pastoral parroquiana de Carrascal y no con la Medalla Milagrosa. En el fondo tenían razón porque ese grupo se encontraba dentro del ámbito parroquial. Pero el Equipo del movimiento que se encontraba en Infante, me había dado ese trabajo y no Carrascal. Yo vivía en Infante y no en Carrascal. Mi equipo me decía que no les hiciera mucho caso, ya que yo dependía de ellos y no de Carrascal.

. . . .Ese es el grupo que empezó a originar un apostolado expansivo, vital, lleno de compromiso e idealismo. Chiquillos del barrio, por la conquista que ejercían los Polanco y sus otros amigos más mi acción con la guitarra y contínuos encuentros, destaparon cualquier energía apostólica y llegó a ser un grupo en contínuo crecimiento de nuevos jóvenes que venían a formar sub grupos del grupo.

. . . .Pronto mi trabajo se empezó a extender a distintos puntos de la ciudad. Como los padres de Infante me veían salir contínuamente a atender mis grupos, no me corregían por encontrarme disperso. Después me iban a corregir en esa dirección sobre todo hacia fines de 1970.

. . . .Los grupos que tenía hasta ese momento eran grupos de espiritualidad schoenstattiana, aunque íbamos poco a poco introduciendo lo que yo les podía dar, lo que nosotros hoy llamamos mentalidad odológica en el Oratorio.

. . . .Así fueron avanzando las cosas durante todo el resto de 1968 hasta agosto de 1969. Era bastante inquietante percibir que los padres de la Parroquia no veían con tan buenos ojos mi trabajo en Carrascal. Varias veces uno de ellos me sugirió que tendríamos que efectuar una reunión para aunar criterios pastorales en el trabajo con la juventud de la Parroquia de N. Sra. de los Dolores de Carrascal.