8.- Impetración mariana en el Oratorio

 

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. . . .El Señor dijo "pidan y recibirán". Es decir, establece un derecho que Él mismo respalda. No se trata de una justicia de tipo conmutativa, en la que se merece en forma estricta. Se merece lo que se merece en una justicia matemática. El valor aportado corresponde exactamente al valor recibido. Aporto 310 pesos chileno y subo al microbus hasta el final del recorrido, si quiero: merezco en estricta justicia que se me lleve. No me hacen un favor ni hago un favor al cancelar los 310 pesos. Se ha producido un acto de estricta justicia conmutativa. Compro en la panadería un kilo de pan, pago su importe y me lo llevo, sin haber hecho un favor ni me han hecho un favor.

. . . .Si un hijo pide a su papá que le compre un helado para calmar la sed y el calor, y el papá se lo da, hay un acto de justicia, pero no de estricta justicia conmutativa. El Padre aporta el helado y el hijo usando su derecho de hijo, sin robárselo, lo pide. El papá, tomando en cuenta el derecho del hijo, por ser hijo, le da el helado, que no le daría a un extraño. No hay una injusticia de parte del hijo por recibir el helado, pero tampoco hay un acto de estricta justicia conmutativa.

. . . .El misterio pascual aportado por Cristo, de quien somos miembros, hace con que al pedirle a nuestro Padre Celestial, unos por otros, se establezca una nueva Economía Santísima, en que en vista de los méritos de Cristo, realmente merecemos que el Señor nos escuche y nos dé, lo que hemos pedido con humildad, constancia y sobre todo cuando "suplimos en nuestra carne, lo que falta a los padecimientos de Cristo". En este sentido se interpreta la famosa frase de Bernardita Correa: "Hemos descubierto que el dolor redime".

. . . .En el Oratorio nuestra praxis de autoeducación nos lleva a acercarnos como niños pequeños delante de María Santísima, para pedirle todo, agradecerlo todo y bendecirlo todo, adorando al Señor y alabando sus misericordias infinitas, impetrar la gracia divina en el Oratorio. Esto no es otra cosa que merecerlo, pidiendo, suplicando y aportando nuestros pequeños sacrificios y libre aceptaciones de la voluntad de Dios en el cumplimiento de nuestro deber.

 

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