7.- El Segundo Desafío, desafío de la santidad

 

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. . . .En la vida del Padre Sergio, muy temprano, cerca de los 8 a 10 años, surgió el concepto de ser santo, que los cristianos estábamos llamados a ser santos en nuestra conducta para poder ir al cielo. Esto lo vivenció en la persona de un tío que alcanzó niveles de santidad en su entrega, el tío Samuel González Cerda, sacerdote diocesano, que vivió y murió en un clima de santidad, a lo que se le decía en esa época, morir en olor de santidad. La revista católica de principios del siglo XX, publicó una pequeña biografía de él. Después, nuestro fundador tuvo una fuerte vivencia respecto a la santidad desde su toma de contacto con Schoenstatt. Se trataba de alcanzar la santidad, buscar una conducta de vida santa, que está al alcance nuestro con la ayuda de la gracia. Se decía, citando a León Bloy, que la única locura que podría cometer un cristiano era no llegar a ser santo.

. . . .Cuando fundamos el Oratorio Mariano en 1971, estaba claro el ideal de formar grupos marianos de autoeducación como condicionantes para que hubiera un movimiento del Oratorio. Pero estaba aún trunco; faltaba algo muy importante: la santidad. Si el ideal de ser santos en nuestro movimiento no estuviera vigente, el Oratorio no pasaría de ser un grupo mariano momentáneo, que brindaría tan solo un alimento espiritual de acogida y contacto, pero no llegaría a formar profundamente a sus miembros y nuestro deber estaría en convidar a nuestros integrantes a que buscaran alimentación espiritual en otros movimientos, porque en el Oratorio no estaría completo.

. . . .Sabíamos que lo esencial de la santidad es la heroica conformidad de la propia voluntad con la voluntad de Dios. Se trataba por lo tanto de dar la llave, entregarla incondicionalmente, sin elástico que pueda revertir la situación.

. . . .Ahora estaba naciendo un Oratorio maduro, que se atrevía a edificar sobre el sólido fundamento de los apóstoles. Eso ocurrió exactamente hace 30 años atrás, el 3 de noviembre de 2002. Se hizo un desafío: el día en que no hubiera nadie que buscara la santidad, que se fuera la Madre del Oratorio. La Madre no se hizo esperar y ha llamado y formado personas en quienes se ve indicios de vida cristiana ejemplar.

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