10.- Empezó ampliación casa hermanas apostólicas

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. . . . Es un dicho y un hecho muy verdadero que hemos comprobado repetidas veces en nuestra familia del Oratorio: "Los niños vienen con marraqueta debajo del brazo". Empezaron a llegar vocaciones de nuevas candidatas para las hermanas Apostólicas y la casa de formación resultó una caja de fósforos, que necesitaba urgentemente una ampliación, para poder tener a nuestras nuevas futuras hermanas que vienen llegando.

Y así ha sucedido que las hermanas Apostólicas consiguieron, con la ayuda de los Padres del Oratorio, que fuera financiado en parte, bastante reducida, un proyecto de ampliación. El Padre Martín le puso el hombro a esto. La Madre Santísima se lo sabrá recompensar a él y a sus bienhechores. Lo mismo hay que agradecer al Padre José Miguel que ha estado a cargo de la realización práctica, con su equipo constructor de don Julio. En esto también ha estado la labor imprescindible de don Nelson Maluenda y de su esposa la Sra. Nana Razeto, arquitectos.

No es mucha plata lo que se consiguió pero suficiente para dejar medio andada la ampliación de un par de habitaciones y un baño más, con otro que se puede terminar más adelante. ĦQué bueno es el Señor y su Santísima Madre!. Cómo resultan las cosas aunque todos saben que las hermanas Apostólicas no pueden financiarse totalmente sin algunas ayudas, menos para empezar a ampliar su casa de formación, aunque varias de ellas trabajan para mantener sus casas, lo más que pueden, pero la casa de formación da puro gasto tiene solamente la entrada de la Madre María Irma que trabaja 3 días a la semana como secretaria. Más no se puede en una casa de formación.

El Padre José Miguel les planteaba que para el próximo año había que ir pensando en conseguir un nuevo proyecto de ampliación porque igual se va a hacer demasiado chica la casa. Tenemos que agradecer un montón al Padre Martín por que haya conseguido el proyecto anterior.

. . . . Uno se pregunta cómo puede salir todo adelante cuando hay tan pocos medios. La verdad es que hasta ahora nunca ha faltado en forma de llegar a la imprudencia en la alimentación. La moraleja para ahora y siempre, y para todas las familias del Oratorio, es que hay que estar siempre con los pies bien en la tierra pero sobre todo confiar que Dios es quien hace las cosas.