6.- Aventuras de un punk

 

. . . . Hace años vimos en la revistas que traían reportajes de la juventud de Alemania y de Europa, que jóvenes se vestían y teñían el pelo de una manera muy estrafalaria, como la de los mohicanos, pero claro está, sin ser indios mohicanos. Ni menos que ellos hubieran usado las cadenas rarísimas que arrastraban pesadamente, esos muchachos del siglo XX.

. . . . Andaban con estas cadenas arrastrando por el suelo, para declarar su estado de presos o encarcelados por la vida de la sociedad en que han tenido que nacer, sin que nadie les haya consultado antes si querían vivir en este mundo donde son de los de abajo, es decir marginados, encadenados porque no pueden participar en este mundo así como está.

. . . . No son presos en la realidad jurídica social, pero ellos se sienten prisioneros, que no pueden tener toda su libertad que deberían tener. Se llaman a sí mismos punk, que se traduce en castellano por basura.

Alguien comentó: menos mal que a Chile no llega ese tipo de moda tan extraña. Y reflexioné "Quizás", está por verse a qué grado de masificación puede llegar algunos chilenos. Han pasado los años. Un caballero me cuenta la historia de un punk. Quedé paralogizado: También a Chile llegaron los punk, tardó pero llegaron. El papá de dos hermanos tenía un criterio modernista y socialista de ver la vida.

. . . . Cuando el hijo mayor cursaba la quinta básica le dijo al papá que no quería estudiar más, que lo dejara vivir su libertad. El papá no tuvo más remedio que dejar al hijo hacer lo que quería. No hacer nada salvo jugar cuando se le ocurría. Fueron pasando los años y en esa ciudad de la V Región, también había otros jóvenes ociosos, hijitos de su papá y su mamá, que no hacían nada bueno... se juntaron los muchachos que no hacían nada salvo beber y drogarse.

. . . . El hijo mayor de esta historia se puso en contacto con ellos y como dice el dicho "Dime con quien andas y te diré quien eres", empezó a vestirse estrafalariamente como ellos, se teñían el pelo de rojo y amarillo y otros colores "vistosos" andaba con gruesas cadenas para significar que ellos eran prisioneros y esclavos de una sociedad que los tenía oprimidos.

. . . . El hijo mayor no le trabajaba un día a nadie ni se esforzaba para estudiar algo que le gustara: él era punk y eso le bastaba, ¿Para qué más? Y había tenido un par de amantes que le dieron posiblemente un par de niños, pero eso no le interesaba en lo más mínimo. Desde hacía un par de años que venía avisando en la casa que se iba a suicidar cualquier día.

. . . . Entre tanto el hijo menor también se había retirado del estudio y se había introducido en el mundo o submundo de los punk, donde encontraba su ambiente, como el pez en el agua. Ninguno de los dos se saldría de su grupo punk, ni por nada del mundo. El grupo constituía su agua vital donde podían vivir.

. . . . Un día de este mes de Noviembre el menor le dijo a la mamá que se iba a suicidar porque era lo mejor que se podía hacer en la mentalidad de su grupo. Tomó el viejo revólver de un familiar y pensando que no tenía ninguna bala en la nuez, hizo una demostración ante su mamá.

. . . . Y sin él saberlo, en ese momento sí había una bala y se disparó muriendo el aprendiz de punk y no su hermano mayor, que lo había inducido a ser punk y le había hablado tantas veces del suicidio. Locura de un punk... intitularíamos mejor este pequeño artículo que no pretende ser moralizador ni nada que se le parezca sino tan solo contar cosas que suceden en nuestro pueblo con algunos jóvenes incautos, con poca ayuda y respaldo paterno.

. . . . Nuestro Oratorio tiene que ponerse en la línea pedagó-gica de ayudar a los jóvenes a respaldar la espiritualidad paternal de los laicos.