d) Dos nuevas oraciones de la época

 

3. Madre, llena de gracia, bendita entre todas las mujeres, porque el Señor está contigo, porque sigues a Cristo siempre, como su humilde esclava, nunca andas en tinieblas, no hay mancha de pecado en ti. Seguir a Cristo Jesús es lo que tú nos mandas a hacer continuamente: es el plato fuerte, no hay mejor comida que El. Nos llamas con voz de Madre, insistente, amorosa y severa, que imitemos la vida de Jesús y sus conductas, criterios, formas de ver las cosas y estilo de vida. Entonces nuestra vida no andará en tinieblasd, sin sentido, bajoneados, propensos a la depresión y automarginamiento. Haznos pensar, leer, meditar la vida de Jesús, sobre todo mediante el Sto. Rosario. No hay nada más sublime que la revelación que el Padre ha hecho en el Hijo. Es nuestro maná escondido, que nos ayuda a ser santos.

 

4. Jesús mío, me dices que no haga la religión a mi manera: esa es una gran mentira de Satanás. ¿Cómo puedo decir con verdad, que yo soy así y lo demás no me interesa? ¿cómo puedo decir mis errores, vicios y pecados son parte de mi ser? Esa es una mentira. Dios no nos creó malos; nosotros nos hacemos malos con nuestros vicios y nuestra autojustificación mentirosa, que no nos la creó nadie, ni la señora ni los hijos ni los compañeros de trabajo. Sé hombre, sé bien mujer, nos decimos a nosotros/as mismos/as. Llama las cosas como son y no le busques la quinta pata al gato. Madre mía, me afirmas en mi camino para que sepa decir sí cuando es sí y no, bien sonoro y firme, cuando es no. Y ayúdame a correr lejos de los que me aconsejan mal, que yo sé que me apartan de la verdad, con frases ampulosas y prudenciales: "¿para qué fregarte y hacerte la vida más difícil de lo que ya es? ".