. . . . 3.- Pequeña celebración del 3 de noviembre

. . . . El Domingo 3 de noviembre en el Oratorio Central se llevó a efecto una pequeña celebración de los treinta años del segundo desafío. Participó bastante gente aunque no estaban totalmente llenas las bancas del Oratorio. Sí había varias corridas de personas atrás hasta el porche de entrada del Oratorio Central.

. . . . La Santa Misa fue concelebrada por el Padre Sergio y el Padre Martín, Padre José Miguel y Padre Iván, miembros de la Asociación Pública de Fieles con sede en la Región Metropolitana. En la prédica, el padre Sergio insistió en la pregunta "Y yo ¿Quiero ser santo?", que el remarcó con unos silencios muy contundentes en medio de la misma predica, lo que en él es completamente inusual usar ese recurso homilético.

. . . . Días después algunas personas recordaban bien ese momento y dijeron que había surgido en ese intervalo, de modo muy firme, un deseo de hacerse santos(as).

. . . . La santidad es posible; Dios la ha preparado para cada persona en forma única, personal e intransferible. La santidad de un vecino mío no me puede santificar a mí, es que Dios mismo no me da a mí esa forma de santidad. En ese sentido es que las vírgenes prudentes de la parábola de San Mateo, no podían dar su aceite a sus compañeras poco previsoras, es que las santidad se puede compartir por ejemplo en algunos aspectos solamente como la oración y el sacrificio, ofrecido por amor, ser víctimas unos por otros, pero no se puede compartir en la realidad misma de estar cerca o lejos de Dios; esencia misma de la santidad que está en uno o no está en uno.

La gracia santificante es una gracia única y original en cada persona, es como las huellas digitales que no se repiten. La gracia santificante no tiene nada de postizo, es lo más auténtico que existe; así como el agua toma la forma del recipiente, figura, volumen, colores y otras notas, con más razón la santidad se hace única en cada persona. Es una aventura dramática, llena de suspensos y paciencia inaudita de Dios para obtener la respuesta tímida y asustada del hombre, remolón y terrestre respecto a las cosas que realmente valen.

 

 

Toda Santa eres oh María