2. La fundación de los grupos marianos: implicancias en la historia del Oratorio.

 

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. . . . Qué importante es celebrar! Recordamos la historia para celebrarla en el presente y haciéndola así presente, con ello aplicarla en forma madura en la práctica de hoy.

. . . .Un sacerdote me preguntó que es lo que me había movido a fundar los grupos marianos; me imagino que a él le habría gustado saber si esto había comenzado por una visión mística extraordinaria o algún apercibimiento de lo Alto, o por lo menos si habría sido creado por una voluntad mía de realizar algún anhelo personal de juventud o algún liderazgo sobre algún grupo de personas... yo le contesté que la fundación de los grupos marianos había ocurrido porque no me quedaba otra cosa que hacer para no pecar contra la obediencia y/o contra el amor paternal de un corazón de pastor que no puede estar tranquilo viendo a sus ovejitas extraviarse.

 

. . . .No hubo ninguna visión sino solamente el hecho objetivo que al exponerle a los jóvenes del grupo schoestattiano que yo estaba formando, por la obediencia prometida, y el sentido de disciplina apostólica debida a la parroquia en que estábamos trabajando, no podía seguir con ellos, con los que estaba introduciendo en el movimiento; la orden del equipo parroquial establecía como principio que de ahora en adelante habría que seleccionar la gente antes de invitarla al movimiento de Schoenstatt.

. . . .Ellos entraron en una explosión de rebeldía y enojo porque se repetía una y otra vez la situación existencial de su vida de marginados, de la que querían verse libres para siempre, sobre todo dentro de la misma Iglesia.

. . . .La parroquia los estaba marginando y aparentemente yo también, al estar ejecutando la orden parroquial de no permitir que entraran al movimiento gente no suficientemente seleccionada.

. . . .Para demostrarles que no era esta una decisión tomada por mi parte, les ofrecí seguir trabajando con ellos, por ejemplo con scoutismo. Ellos se negaron terminantemente. Querían un grupo de espiritualidad y no el juego scout con todo su poder atractivo del trabajo con jóvenes y niños.

. . . .Entonces cuando les dije que podríamos fundar grupos marianos de autoeducación, si querían; ahí se produjo un gran entusiasmo. El Espíritu Santo estaba actuando con ellos y conmigo. En ese momento no tenía idea qué eran los grupos marianos, sugerí tan solo que iríamos dando grados: tercero, segundo y primer grado, como los scouts tenían tercera, segunda y primera clase.

. . . .De a poco la autoeducación se iría abriendo paso en sus vidas para hacernos con Ella siempre actual la presencia de la Madre, como una piedra preciosa, como una maravillosa ágata, la Mater, en nuestras vidas. Ese sería nuestro proceso de irnos seleccionando para entrar a Schoenstatt sin que nadie tuviera nada que decir. Y cuando estuviéramos seleccionados, se suponía que podíamos entrar al movimiento de Schoenstatt.

. . . .Todos teníamos la posibilidad de vivir a la altura de esos grados en que deberían vivir los schoenstattianos; todos tendríamos la posibilidad de vivir un cristianismo en profundidad.

 

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