03. Editorial de Septiembre

 

. . . .Este mes viene substancioso, lleno de María Santísima. En realidad la Iglesia nos ha enseñado en su Magisterio, que no se puede hablar de la Iglesia, si no está presente María. Se trata de una presencia acogedora, maternal, cálida y transformadora, que conduce a Jesucristo, que nos incluye en la solidez de una vida auténtica, que nos motiva cariñosamente a vivir.

. . . .¿Cómo decirle que no a esta tiernísima Madre y Reina? Evocamos en primer lugar su nacimiento que nos pone en el Plan amoroso de Dios, que ha querido recapitular todas las cosas en Cristo. Esa Niñita que nació en Palestina, algunos años antes de su Hijo, estaba anticipando la plenitud de los tiempos, en que nacería el hijo de Dios vivo.

. . . .Era la primera persona humana, que nacía en el mundo, después de Adán y Eva, sin pecado original. El Señor la escondía pero el príncipe de las tinieblas, Satanás, preguntaba ¿quién era esa? y se asombraba de no poder tener acceso a Ella. Sabía que con María no tenía posibilidad; era demasiado buena y santa, estaba llena de gracia.

. . . .También evocamos en este mes de septiembre a la Madre Dolorosa. Si Jesús asumió en todo nuestro sufrimiento y hasta nuestra muerte para poder librarnos en definitivamente de todo eso, asimismo la Virgen María tuvo que asumir la realidad de los discípulos: El que quiera ser mi discípulo tome su cruz de cada día y sígame.

. . . .Ella debió seguirlo hasta la muerte, pasando por el sacrificio de una espada de dolor, que atravesaba su propia alma. Ella nos consuela, y con eso cumple particularmente con la parte del Evangelio que dice: "mi yugo es suave y mi carga es liviana"; María Santísima es la dulzura de las cruces.

 

. . . .Otras fiestas marianas de septiembre van marcando este mes de la Patria; la Virgen de la Merced y la solemnidad externa de la Virgen del Carmen son fiestas que nos muestran a la Virgen liberando a los cautivos y ayudándonos a conseguir y a afianzar la independencia de la Patria.